Flannery O’Connor es de esas escritoras que tienen un alto reconocimiento en las connotadas esferas literarias, incluso se dice que es un pilar de las letras estadounidenses, y sin embargo, es casi imperceptible tanto en la mayoría de las librerías como de las bibliotecas personales del lector promedio.
Es injusto pero suele pasar con escritores de gran talento que no logran crear esa especie de empatía con la mayoría de los lectores.
Destino, desdén de las editoriales, falta de conexión con la gente. Como sea, los textos de O’Connor, pese a ser un punto obligado de las universidades estadunidenses, son poco conocidos.
O’Connor murió joven, a punto de rozar los 40 años, y sus escritos son, en gran parte, cuentos con tan sólo dos novelas cortas.
Penguin Random House publicó en español, a través de Debolsillo, ese par de textos bajo el título Novelas.
Sangre sabia y Los violentos lo arrebatan son una advertencia de la distorsión de la fe y del grado de manipulación que puede existir en su fomento. El sur de Estados Unidos alberga un enorme caldo de cultivo para las expresiones religiosas enraizadas muchas veces en la sinrazón y el fanatismo, entorno que aprovecha O’Connor.
Predicar para un Dios a conveniencia en medio de la desolación, la autodestrucción y la simulación, el crimen y el delirio, son la base para ambas novelas y que O´Connor entreteje de forma sublime pero por momentos, perturbadora.
En estos textos, hay una ausencia/distorsión paterna que pesa tanto, que hiere tanto, que termina por destruir carácter y porvenires; hay adolescentes con mucho dolor y vacío internos y desesperanza en su entorno.
Tanta, que el lector se siente atrapado en ese tipo de sueño que bordea a la pesadilla y en esa especie de duermevela donde ni se duerme por completo pero se es imposible despertar del todo.