Último libro del año. Broche de oro. La invención de la ficción paralela.
Si en la primera parte, Cervantes inaugura la novela moderna y la categoría ficción, en esta segunda parte sube la apuesta y lleva la ficción a otro nivel. No solo cambia el estilo narrativo (algo más barroco en esta parte), sino las motivaciones de los personajes, e incluso su psiquis, además de la consabida quijotización de Sancho, quien toma mayor protagonismo en esta parte. Pero sobre todo cambia el escenario de la ficción: ahora el mundo no es una alucinación de Don Quijote, sino que es una puesta en escena del mundo frente a Don Quijote. La ficción se transforma en teatro. Ya no es el personaje proyectando su fantasía sobre el mundo, sino, el mundo escondiéndose tras el disfraz de la sátira.Todos, desde Sancho, engañan al caballero de la triste figura, los duques y sus odiosas farsas y burlas, el bachiller Sansón Carrasco, el Maese Pedro (antes Ginés de Pasamonte), quien indirectamente sirve para ilustrar cómo Don Quijote cree todo lo que ve a pie juntillas, con la representación en el retablo de Maese Pedro de la tragedia de Melisendra. Después también Don Antonio Moreno engañará a nuestro personaje con la cabeza encantada que adivina pasado y presente (no futuro), en una de las escenas más cómicas de Sancho (aunque hay varias). Sancho por fin gobernador de su ínsula resulta todo un Rey Salomón, imparte justicia con mucho seso, lo cual resalta una cualidad más pulida del personaje que en la primera parte, pero luego será justificada esa quijotización por el propio Quijote: ello se debe a que se ha arrimado a buen árbol (él mismo), pese a la metralleta de refranes que es.
Si bien en la primera parte el recurso novedoso de la historia dentro de la historia es inventado por Cervantes, incluso con la novelita inserta de El curioso impertinente, en esta segunda parte hay una justificación para no hacerlo del mismo modo: Cervantes analiza la recepción del público (lo dice él mismo) y decide que era mejor construir historias paralelas dentro de la misma trama, dejar que se ramifique siempre conectando las historias. Esto porque su intención inicial era la de no saturar la novela solo hablando de los mismos dos personajes. Esta vocación de abrir las ramificaciones de la historia es lo que la convierte en la primera novela total.
Ahora, el punto de quiebre y la nueva invención literaria de Cervantes, junto con su genialidad y agudeza para saber ir más allá de sí mismo, lo conforma el encuentro dentro de la propia trama de la novela con la segunda parte apócrifa de El Quijote, escrita por un tal Avellaneda, cuya identidad nunca fue revelada. Este hallazgo en la vida real cambia el curso de la novela y de la literatura: Cervantes decide que sus personajes se encuentren con el libro y así surgen tres niveles en los que realidad y ficción se tocan: la realidad (con el libro apócrifo circulando mientras Cervantes escribe su segunda parte), la ficción “real” (la de los personajes de Cervantes oyendo hablar del libro falso y encontrándose con él), y la de la falsa ficción (que es la del Quijote de Avellaneda), que ocasiona un viraje de timón en la propia trama. Cervantes decide que Don Quijote no vaya a Zaragoza, como había dejado dicho en la primera parte, y lleva a los personajes a Barcelona, donde se dará su último combate contra el Caballero de la Blanca Luna.
Momentos importantes, hilarantes y profundos, hay varios. Lo metaliterario siempre presente, por lo que esta novela es también un ensayo sobre la ficción y el oficio de escribir, ya que el sujeto mismo sobre el que gira toda la historia son los libros, siempre los libros, ya sean los de caballería en la primera parte, o todos aquellos que cita en frases y poemas, y el Quijote falso de Avellaneda en la segunda. Aquí también es muy sorprendente la inserción de un capítulo sobre una imprenta, en el que Cervantes añade un nivel más sobre esta reflexión acerca de los libros y la literatura: lo físico, lo material del libro, su proceso de construcción, además del encuentro físico con el libro del Quijote de Avellaneda. Es evidente la afectación de Cervantes por ese hecho, pero también la genialidad de transformar aquello en literatura. Aquí también se da una crítica al oficio del traductor (que no sea del latín o el griego), Don Quijote demerita las traducciones entre lenguas, ya que considera que no se deberían hacer, y quizás tuviera razón en esa época, en la que muchos traductores aumentaban y corregían a su parecer, llegando a traducir algunas veces obras diferentes a su original. Por otro lado, otro nivel ficcional más es la existencia del segundo narrador, quien cita a su vez al supuesto autor del libro, el historiador Cide Hamete Benengeli, cuyos manuscritos sobre la historia del Quijote son encontrados por este meta narrador que no sería más que el propio Cervantes (aunque nunca queda claro), por lo que lo que el historiador recoge en sus manuscritos es escrito al mismo tiempo por el narrador y sucede simultáneamente en las acciones narradas, es decir, las aventuras de Don Quijote, Sancho Panza y los demás personajes suceden al mismo tiempo de ser escritas.
Entonces, lo que Cervantes hace es crear el concepto de ficción paralela, mundos paralelos, poliedros literarios en los que las historias suceden al mismo tiempo, se ramifican en sí mismas y abren universos literarios paralelos. Pues sí, finamente, sea broma o no de uno de los últimos personajes con los que se topan Sancho y Don Quijote, hay alguien que ha conocido al Quijote y al Sancho falsos dentro de la realidad ficcional de la novela, es decir, los personajes apócrifos existen en ese universo y coexisten con los verdaderos. Y todavía nos preguntamos por qué Cervantes y esta novela fueron un antes y un después en la literatura. Cervantes inventó la novela moderna, la posmoderna y hasta la contemporánea. Esos universos paralelos literarios que se ramifican, la autoficción, la metaliteratura, el dispositivo literario de las cajas chinas, la ficción misma como base de la literatura, todo ello lo inventó Cervantes y lo vemos en cada novela posterior, siempre hay una marca, un referente, un recurso literario, una forma de narrar. Cervantes creó la literatura moderna. Y Don Quijote no ha muerto, al menos el original, que el apócrifo Cervantes se encargó de enterrarlo, pero cómo él mismo lo dice al final del libro, el tiempo se encargará de mantener lo que es bueno y borrar lo que no trasciende. Novela indispensable para entender la Literatura y el mundo. El maestro de todos los novelistas. Insuperable.
P.D. Es sumamente crucial y decidor el que Cervantes, en voz de Don Quijote, no abandone la sátira ni con su molestia por la versión apócrifa: en un gesto literario y simbólico se arroga la culpa de la existencia de esa novela.
"Iten, suplico a los dichos señores mis albaceas que si la buena suerte les trujere a conocer al autor que dicen que compuso una historia que anda por ahí con el título de Segunda parte de las hazañas de don Quijote de la Mancha, de mi parte le pidan, cuan encarecidamente ser pueda, perdone la ocasión que sin yo pensarlo le di de haber escrito tantos y tan grandes disparates como en ella escribe, porque parto de esta vida con escrúpulo de haberle dado motivo para escribirlos".