José de San Martín, héroe de la independencia americana, soldado e intelectual a la vez, es una figura enigmática y atractiva. Tras veintidós años en el ejército español, pasó en 1812 a Argentina, desde donde cruzó los Andes en durísimas condiciones para liberar Chile y Perú. Carente de ambiciones personales, cedió la iniciativa a un Bolívar ansioso de gloria y, decepcionado ante la política de los nuevos países, embarcó para Europa, para dedicarse ante todo a la educación de su hija. Tras su magistral biografía de Bolívar, John Lynch nos ofrece ahora el retrato humano de un personaje singular e ilumina con este libro el complejo contexto de las revoluciones hispanoamericanas.
Librarian Note: There is more than one author by this name in the Goodreads data base.
John Lynch is Emeritus Professor of Latin American History at the University of London. He spent most of his academic career at University College, and then from 1974 to 1987 as Director of the Institute of Latin American Studies. The main focus of his work has been Spanish America in the period 1750–1850. [wikipedia]
Todos los grandes personajes históricos se nos presentan en forma de enigma, una pregunta a la que seguimos tratando de darle respuesta. E intuimos que esa respuesta nos diría algo sobre nosotros mismos. ¿Qué fue San Martín? ¿Un patriota bienintencionado? ¿Un agente inglés? ¿Un mero líder militar, un idealista, o un visionario con un auténtico programa político para Argentina y Latinoamérica? ¿Merece el título de “padre de la patria”, o tal consideración es el resultado de la propaganda mitrista?
John Lynch, autor de este breve libro, confirma la dificultad del personaje. La biografía de San Martín es tan lacónica como lo fue él mismo. Contrasta, como en muchas otras cosas, con el otro gran Libertador de Sudamérica. Lynch, que también escribió sobre él, nos dice que el biógrafo de Bolívar debe andarse con cuidado. Si no, Bolívar escribirá su propia biografía por él. Lo que quiere decir es que el venezolano anheló siempre los protagónicos, mientras que a San Martín le faltaron la decisión y la maldad necesarias para ocupar los roles que a lo mejor la historia le exigía. Fue el hombre del paso al costado.
El juego de reflejos y contrastes entre los dos libertadores podría ser el tema de una novela épica, pero por el momento quedémonos con San Martín. Nunca antes había leído una biografía suya, a lo mejor porque los hechos centrales de su vida son tan de común conocimiento, que no sentí que hiciera falta. Es objetivamente poco lo que aprendí directamente de este libro, que por momentos es repetitivo incluso pese a su brevedad; Lynch no parece, en ciertos pasajes, demasiado entusiasmado con su objeto de estudio. Sin embargo, en esta oportunidad ha contado con la ventaja de tener un lector argentino, y esta condición por sí sola multiplica mi interés por el escrito. Incluso mejor que el autor sea británico, porque eso también ofrece otro tipo de lectura, más neutra, más desinteresada, de San Martín.
A la pregunta de qué fue este hombre había que contestar en tres partes. Las dos primeras corresponden a los misterios centrales de su vida: por qué dejó España para servir en América, y por qué dejo América definitivamente. Estas dos estructuran su biografía: San Martín nació en Yapeyú en 1778; a los tres años su familia se trasladó a Europa. De los trece a los treinta y tres, sirvió en el ejército español, y regresó a su patria a los treinta y cuatro. Apenas doce años más tarde, dejó Argentina y retornó a Europa; y en 1850, a los setenta y dos, murió en Bulogne-sur-Mer. Poco más de una década de actividad en tres países americanos bastó para el vilipendio y para la exaltación.
No sé por qué San Martín volvió a Argentina, y eso no lo sabe nadie, como ni siquiera debe haberlo sabido él. Lynch sigue la documentación para repetir la versión más oficial de todas, y probablemente la más correcta: San Martín era un idealista, decepcionado por el camino que estaba tomando la Europa postnapoleónica. No fue el único, porque las guerras de independencia americanas estuvieron colmadas de europeos o cuasi europeos: Thomas Paine y el marqués de Lafayette en EEUU; Cochrane, Brown y Bouchard en Sudamérica.
En el caso de San Martín se sumaba, no menor, su fantasmagórica identidad americana. El solo hecho de haber nacido en las colonias, aunque no tuviera casi nada que ver con ellas, lo hacía un ciudadano de segunda en Europa (aunque él mismo reconocería que en el ejército, institución si se quiere más democrática, no había tenido problemas para ascender). Es normal que esa identidad se le apareciera cada vez que Europa lo decepcionaba. Todo parecía estar ocurriendo en América, en ese momento, y las guerras de independencia fueron como un imán para atraer idealistas, guerreros y mercenarios de toda clase.
Preguntarnos si San Martín era, en realidad, argentino, no tiene sentido. Primero, porque en esa época no existía aun algo así como ser argentino, sino que era un acto volitivo, una declaración de intenciones más que una pertenencia, un acto de identificación más que una identidad. A fin de cuentas, ¿qué es ser argentino, en cualquier época, si no eso? San Martín, como héroe nacional, ni siquiera se condice con las características que normalmente atribuimos a nuestro carácter. Pero Borges decía que el escritor que una nación elige como su autor nacional muchas veces es el menos representativo de esa nación (un juicio que, sospecho, deseaba aplicarse a él mismo), y algo así quizás pase con los héroes; quizás los elegimos para redimirnos de esas cualidades indeseables, no necesariamente para encarnarlas. San Martín era lo que no volvimos a ver en nuestra clase política -y ni que hablar en nuestra clase militar-: al mismo tiempo, eficiente y honesto. Y, además, imaginativo: fue el único que en ese momento se atrevió a soñar en grande, más allá de las fronteras coloniales, y que como si eso fuera poco, llevó ese sueño a cabo, y lo hizo con un éxito considerable.
Agrego, aunque esto no sea más que una elegancia, que San Martín, como padre de la patria, no puede ser anterior a ella; este título nos indica que, en gran medida, fue su inventor o su artífice. Y agrego algo más: incluso en el peor de los casos, San Martín fue un inmigrante, como todos nosotros, y que llegó también al Río de la Plata con las manos prácticamente vacías. Another immigrant, coming up from the bottom, en las palabras del Bardo de Washington Heights. Casi podría decirse que la falta de argentinidad es la más más argentina de las cualidades.
En cuanto a las acusaciones de ser un agente inglés, no tienen tampoco demasiada importancia. Son pocas las guerras revolucionarias que se llevaron a cabo sin el apoyo de una potencia extranjera. ¿Fue Washington un agente francés? ¿O Mao un agente ruso? ¿O Fidel Castro un agente estadounidense? El hecho de que las revoluciones hispanoamericanas se hayan en parte gestado y financiado en Londres no significa que sean menos auténticas, sino que fueron lo que ya sabemos que fueron: acontecimientos políticos, impuros, complejas redes de tensiones y actores e intereses. Por lo demás, la presunta lealtad británica de San Martín, aun de confirmarse irrefutablemente, no le sumaría gran cosa a su historia, que debe ser en todo caso evaluada en sí misma.
Tres versiones de San Martín
Vayamos a la historia, entonces. ¿Qué fue lo que hizo San Martín? Siguiendo la biografía de Lynch, que a fin de cuentas es lo que estoy reseñando, más bien poco. En Argentina, apenas alguna maniobra política, la organización de los Granaderos y el combate de San Lorenzo. La gobernación de Cuyo, que fue, para los estándares de la época, y más aún para los de nuestra época, ejemplar. Después el gran logro militar, político y personal de su vida, o sea el Plan Continental, el cruce de los Andes y la Conquista de Lima. Por último, su presidencia (o “protectorado”) en el Perú, que para Lynch, y aparentemente también para San Martín, fue un fracaso. Guayaquil fue el resultado y el remate de ese fracaso.
Con este historial, ¿qué convierte a San Martín en un héroe, o en nuestro gran héroe? ¿Por qué él y no a Belgrano, o a Moreno, o a Saavedra, o a Güemes? Sé que la pregunta hay que hacérsela mejor a Mitre y a Rojas, los dos principales responsables de su canonización. Pero tocando de oído, y a la luz de lo que emana su biografía, ¿por qué sería San Martín merecedor de ese lugar especial en nuestro parnaso? Tengo varias lecturas, y por suerte no hace falta que me decida por una en particular.
Está lo que ya dije sobre las cualidades heroicas del héroe. San Martín sostiene su vigencia en tanto resulta un modelo inalcanzable. No es el único caso en que el heroísmo se construye de esta manera, a contramano de los vicios nacionales. Por ejemplo, el Cid fue elevado a la categoría de héroe nacional de España en un momento en que a los españoles cristianos les faltaban la valentía y el empuje para pelear contra los moros. Este es el comienzo, pero no es todo. Belgrano, si se quiere, es una figura equivalente y hasta más perfectamente trágica que la de San Martín.
Tenemos, más interesante, lo poco que tuvo que ver San Martín con Argentina. Y ya no me refiero a cuestiones abstractas de identidad, sino a los hechos concretos. Apenas un combate menor en el suelo patrio, el gobierno de una provincia subalterna, y que eligió simplemente porque convenía a sus planes, y una serie continua de desinteligencias con Buenos Aires. Las verdaderas luces de su carrera ocurrieron a escala continental. En Chile, en Perú, en Argentina considerada como parte de un todo más grande. También esta es una cualidad contradictoria. Por una parte, el vicio nacional -ya patente en esa época- de separar a Argentina de los otros países latinoamericanos. Para el gobierno de Buenos Aires la idea de conquistar Lima era un despropósito, pero San Martín la consideraba -acertadamente- clave para ganar la guerra en el Alto Perú. Por otro lado, hay algo irresistible en esa idea de que nuestro San Martín “liberó tres países”. Es lo que podríamos llamar el -frustrado- imperialismo argentino. Hasta hoy, se la sigue usando para “ganar” discusiones en los comentarios de Youtube. El famoso “callate, chileno, que a vos te liberamos nosotros”.
A todo esto, se suman las pocas consecuencias del heroísmo sanmartiniano. Como actuó tan poco en Argentina, es una figura política bien neutra, y capaz de ser abrazada por cualquiera de los bandos que desde entonces se repartieron nuestro espíritu sectario. Ni siquiera en Perú significó demasiado, aunque fue la única oportunidad que San Martín tuvo de poner en práctica su ideario político. Este, como Lynch deja claro, existía y estaba muy bien definido. San Martín sostenía las ideas liberales de su época, aunque como buen militar también sentía cierto desprecio por el “populacho”. Para él, la forma de gobierno ideal era una monarquía constitucional. O, al menos, lo que serviría en el caso de América Latina. Perú, donde la tradición borbónica había calado bien hondo, parecía el escenario perfecto para aplicar esas ideas.
¿Se equivocaba? Su monarquismo también me escandalizó en su momento, pero ahora tiendo a coincidir con él, al menos en los fundamentos de esta visión. Está claro que América Latina no estaba lista para el republicanismo. Quizás nunca lo esté. La historia, hasta el presente, nos muestra que lo que necesitan nuestros países son gobiernos fuertes. Nunca nos hemos repuesto de nuestra tradición monárquica y autocrática, y los gobiernos que surgieron de forma más o menos espontánea en América Latina son muestra de ello. San Martín, que parece haber sido un realista político (por ejemplo, rechazaba, y rechazó al escribir la constitución de Perú, las declaraciones abstractas de derechos) advirtió este hecho y dio cuenta de él, aunque al mismo tiempo, paradójicamente, no supo aplicarlo a su actividad política. En Perú, donde asumió como Protector, con poderes más o menos absolutos, parece haber cometido algún exceso (la deportación de todos los ciudadanos españoles, que algunos atribuyen más bien a su ministro Monteagudo), pero en términos generales fue demasiado blando al momento de evitar que el país cayera en la anarquía. Pesaba su doble condición de extranjero, además de que, cuando abogaba por una monarquía, muchos sospechaban que soñaba con coronarse él mismo. Pero la falta de decisión (“debería haber usado más el palo, pero el palo se me cayó de las manos por no saber usarlo”) dinamitó sus chances. Hasta Bolívar lo citaba como un “terrible ejemplo” por su poca vocación dictatorial.
Ahora tenemos muy claro que sus ambiciones fueron siempre moderadas, y en ningún caso napoleónicas: durante su gobierno, envió emisarios para buscar príncipes en las principales casas reales de Europa, favoreciendo a las inglesas. Quizás una monarquía constitucional habría sido la respuesta, asegurándose cierto equilibrio entre el conservadurismo y el liberalismo, la legitimidad institucional en la continuidad con la tradición colonial, además del apoyo de Inglaterra, la mayor potencia marítima de la época. El caso de México, el único país de Hispanoamérica donde un proyecto semejante se realizó, parece indicarnos lo contrario. Pero en todo caso, lo que quería San Martín para Perú y para el Río de la Plata, nunca se concretó, y eso lo salva de censuras a posteriori. Es una cualidad invalorable para construir un héroe. Porque, como nos enseñó The Dark Knight, “you either live a hero, or you live long enough to see yourself become a villain”. ¿Es casualidad que todos los grandes héroes de nuestra independencia hayan muerto en el exilio o en la ignominia, o como mínimo en los albores de la revolución? Tenemos a San Martín y Belgrano, a O’Higgins en Chile, a Artigas en Uruguay, a Bolívar en la mitad de los países hispanos, a Bolognesi en Perú, a Rocafuerte en Ecuador. No es casualidad, pero queda la pregunta -símil dilema de Eutifrón-: ¿eran héroes porque murieron en la ignominia o murieron en la ignominia porque eran héroes?
Siguiente versión de San Martín, esta abiertamente polémica. Su rasgo más puramente argentino era el de considerarse por encima del gobierno. Son sabidas y conocidas sus rencillas con los mediocres que gobernaban en Buenos Aires, y después con los mediocres chilenos y peruanos. Cuando, después del Cruce de los Andes, le llegó la orden de volver con el ejército a la capital argentina, San Martín la rechazó y, perdida la legitimidad de su nombramiento como comandante en jefe, recurrió a un subterfugio: se hizo nombrar comandante por sus propios oficiales, en lo que se conoce como el Acta de Rancagua. Esta jugada, tan necesaria como después dificultosa (dado que lo hacía depender en buena parte de sus subalternos, y esto terminó siendo su perdición) sentó un precedente bastante terrible para nuestra historia. A saber, la idea de que los militares podían saltearse las órdenes de un gobierno democrático si era por una causa justa, y la idea también de que su administración podía ser más eficiente que la civil.
Se me acabaron los caracteres así que tendré que terminar esta review en otro lugar y momento.
John Lynch has written two excellent biographies of the liberators of South America from Spanish rule. Earlier, I had read his Simon Bolivar: A Life. Now I have finished San Martín: Argentine Soldier, American Hero. I had always been curious about San Martin after seeing his tomb guarded by Argentine soldiers at a side altar of the Metropolitan Cathedral in Buenos Aires.
Between the two, Bolivar was the more decisive, even dictatorial. San Martin took a lot of heat for withdrawing into exile in Europe after an unsatisfactory meeting with Bolivar at Guayaquil. San Martin was a brilliant strategist, but he was not able to unify the diversely stratified society of Peru by his mild rule. When he left, Bolivar came in and knocked a few heads together -- well, actually more than a few.
The nature of South America's divisiveness in those early years -- and perhaps even continuing today to some extent -- meant that San Martin was sniped at from all sides. It is actually surprising that that the Argentinians brought his body back for burial in Buenos Aires after the attacks by Alvear, Rivadavia, and others. Everyone needs heroes, even when they aren't appreciated while still alive.
Tenía tiempo buscando este libro después de haber leído la biografía de Bolívar del mismo autor. La biografía de Bolívar me pareció adecuada pero no brillante, pero quizás es por mi condición de venezolano con curiosidad en el tema. En cambio, tenía una deuda con San Martín, pues apenas conocía que había sido clave en la independencia de Chile tras la epopeya de cruzar los Andes y me imaginaba que había tenido importantes méritos en la lucha por la Independencia argentina. Su papel en la independencia peruana me resultaba mucho más oscura -sabía que había llegado antes que Bolívar, que promovía una solución monárquica y siempre me llamó la atención y mistificaba la reunión entre los dos Libertadores en Guayaquil. ¿Qué pasó en Guayaquil, por qué se retiró después San Martín de Perú y la gesta independendista?
Quizás esa ignorancia tan latinoamericana, tan acomtumbrada a tanta declaración de hermandad y tan pocos conocimientos uno del otro, es lo que me llevó a sentirme deslumbrado por este libro, al ir Lynch desvelando la biografía y pensamiento de este procer, pero también al aclararme muchas piezas de la guerra de independencia española frente a la invasión napoleónica, en la que San Martín también participó. Me asombró conocer que San Martín apenas pasó seis años de su niñez en Argentina y diez años en la gesta independentista, habiendo vivido pues la mayor parte de sus más de setenta años de vida en Europa.
Es verdad que las repúblicas hispanoaméricanas tienen un fuerte aire de familia, producto de una historia paralela e intrincada de conquista, colonia, gesta independentista y caudillismo rampante post-independentista, prácticamente sincronizados, si lo vemos en función de tiempos históricos. Pero también es verdad que saltan a la vista muchas diferencias al acercarse un poco más. El confuso período bonairense de gobiernos que no se sostienen en el período 1810-1830 no se ven en la historia venezolana, quizás porque la primera república venezolana sucumbió tan catastróficamente. Quizás porque a partir de la liberación de Guayana, Bolívar logra destacarse tan claramente por encima de las demás figuras de la época, incluyendo los Libertadores de Oriente. La comparación entre Bolívar y San Martín es fascinante porque sus personalidades son justamente tan diferentes. La minuciosidad logística de San Martín no tiene equivalente alguna en Bolívar, para ello se requiere comparar a San Martín con la llave que formaron Bolívar y Santander, pero es una comparación muy debatible. Dejo para otro momento cualquier intento de contrastar San Martín con Miranda, dos militares de carrera que, habiendo pasado la mayor parte de sus vidas fuera de sus lugares de origen, ofrecen sus talentos a revoluciones hispanoamericanas...
Lo interesante de la vida de San Martín también radica en la manera tan diferente de relacionarse con Belgrano y con O'Higgins comparado con Bolívar respectoa , digamos Miranda y Santander. Tanto Bolívar como San Martín fueron capaces de inspirar la más profunda lealtad en algunos de sus oficiales subalternos y curiosamente ambos formaron lazos de amistad con oficiales británicos. La rivalidad, entre San Martín y Cochrane por un lado y Bolívar y Piar también fueron y terminaron de manera muy diferente.
La biografía de Lynch presta particular atención al Protectorado que ejerció San Martín en el Perú, cosa que agradezco pues me aclara enormemente tanto el rol de San Martín en la independencia peruana como la famosa entrevista en Guayaquil entre el Libertador del Sur y el Libertador del Norte -la posición de Lynch arroja muchas luces en un marco pleno de plausibilidad.
Algunos capítulos son más pesados de leer que otros, justamente los que tratan de las ideas de San Martín, pero los reconozco como necesarios.
Definitivamente un libro muy recomendado para quien le interese el período independentista hispanoamericano y busque introducirse a la dimensión y realidad de las contribuciones de San Martín y el Ejército de los Andes.
Desde hace mucho tenía interés de saber cómo así se constituyó la corriente libertadora del sur y en sí, cómo y quién fue José de San Martín. Este libro ofrece una visión completa desde la biografía de San Martín. He terminado el libro y si bien siento que sé mucho más del tema, aún me quedo con grandes preguntas sobre la personalidad y los motivos de San Martín.
Un tipo, que nace en Argentina, de padres españoles y que viaja a España a los 6 años y participa de manera ejemplar del ejercito español, en campañas contra Francia, en Marruecos, en Argelia, y luego, a las 34 años (que en esa época es más que un adulto) cuando los franceses empezaron a amenazar España él empieza a sentir que tiene que volver a “su tierra Argentina” a liberar la de España.
Llega a Argentina, todos desconfían de él porque es un oficial del ejército español, lógico. A los pocos meses se casa (y nunca antes se le conoció compromiso alguno), un matrimonio que finalmente fue de pintura ya que apenas sale de Buenos Aires deja a su esposa ahí, mientras era gobernador de Mendoza, preparaba su ejército, liberaba Chile, luego Perú, luego fue el Protector de Perú y luego vuelve a Mendoza, y días antes que se está muriendo su esposa, llega.
En sí las ideas de San Martín, eran del despotismo ilustrado que pensaba que en el Perú el sistema de gobierno debería ser monárquico y debería ser regido por un príncipe español, o francés, o inglés o incluso ruso.
San Martín tuvo muchos problemas en el Perú. El Perú no estaba listo para una independencia, las clases sociales estaban sumamente claras y las clases aristócratas no querían romper esa dinámica social. Hubo muchas trabas... Por otro lado, Cochrane, el inglés contratado para ser el almirante de la flota independentista era un capo en el mar pero tenía ideas muy diferentes a San Martín en la estrategia militar.... San Martín, demoró mucho en inacciones de su ejército para poder conseguir la independencia plena del Perú y así botar a todos los Españoles, no se pudo conseguir. Principalmente porque no tenía los recursos...
Eso hizo que vaya a ver a Bolivar. Un encuentro malo donde San Martín no consiguió el apoyo militar. Más bien se dió con la sorpresa que Bolivar “liberó” Guayaquil y la anexó a Colombia, siendo territorio de Perú. La situación era complicada pero San Martín tenía la idea de liberar totalmente al Perú y eso incluso hizo que ofreciera a Bolivar a luchar bajo su mando! Pero Bolivar no le creyó.
Finalmente San Martín tuvo que dejar el Perú con el proyecto inconcluso, porque en el Perú no iban a caber dos libertadores. Bolivar no quería compartir la gloria. Y en los dos años de San Martín como Protector, se ganó muchos enemigos y su popularidad y apoyo bajaron notablemente. Tuvo que dar un paso al costado.
Su última parte de la vida la pasó en Europa siguiendo de lejos la trayectoria y destino de los países liberados.
All the great historical figures appear to us in the form of an enigma, a question that we keep trying to answer. And we intuit that this answer would tell us something about ourselves. What was San Martín? A well-meaning patriot? An English agent? A mere military leader, an idealist, or a visionary with a genuine political program for Argentina and Latin America? Does he deserve the title of "Father of the Nation", or is such consideration the result of mitrist propaganda?
John Lynch, author of this short book, confirms the difficulty of the character. San Martín's biography is as laconic as he himself was. He contrasts, as in many other things, with the other great Liberator of South America. Lynch, who also wrote about him, tells us that Bolívar's biographer must tread carefully. If not, Bolívar will write his own biography for him. What he means is that the Venezuelan always longed for the leading roles, while San Martín lacked the decision and the cruelty necessary to occupy the roles that perhaps history demanded of him. He was the man that stepped aside. The game of reflections and contrasts between the two liberators could be the subject of an epic novel, but for now let's stay with San Martín. I had never read a biography of him before, perhaps because the central facts of his life are so common knowledge that I didn't feel it was necessary. It is objectively little that I learned directly from this book, which at times is repetitive even despite its brevity; Lynch does not seem, in certain passages, too enthusiastic about his object of study. However, on this occasion, he has had the advantage of having an Argentine reader, and this condition alone multiplies my interest in his writing. Even better that the author is British, because that also offers another type of reading, more neutral, more disinterested, of San Martín.
The question of what this man was had to be answered in three parts. The first two correspond to the central mysteries of his life: why he left Spain to serve in America, and why he left America for good. These two structure his biography: San Martín was born in Yapeyú in 1778; at the age of three, his family moved to Europe. From thirteen to thirty-three, he served in the Spanish army, and returned to his homeland at thirty-four. Barely twelve years later, he left Argentina and returned to Europe; and in 1850, at seventy-two, he died at Bulogne-sur-Mer. Little more than a decade of activity in three American countries was enough for vilification and exaltation. (By the way, by “America”, I refer to the continent of that name).
I don't know why San Martín returned to Argentina, and no one knows that, as probably not even San Martín knew entirely why. Lynch follows the documentation to repeat the most official version of all, and probably the most correct: San Martín was an idealist, disappointed by the path that post-Napoleonic Europe was taking. He was not the only one, because the American wars of independence were full of Europeans or quasi-Europeans: Thomas Paine and the Marquis de Lafayette in the US; Cochrane, Brown and Bouchard in South America.
In the case of San Martín, his ghostly American identity was added, not least. The mere fact of being born in the colonies, even though he had almost nothing to do with them, made him a second-class citizen in Europe (although he himself would admit that he had no problem to climb up in the army, a more democratic institution if you like). It is normal that his identity appeared to him every time Europe disappointed him. Everything seemed to be happening in America at that time, and the wars of independence were like a magnet to attract idealists, warriors, and mercenaries of all kinds.
Asking ourselves if San Martín was, in reality, Argentine, does not make sense. First, because at that time there was not yet something like being Argentine, but rather it was an act of volition, a declaration of intentions more than a belonging, an act of identification more than an identity. After all, what is it to be Argentine, at any time, if not that? San Martín, as a national hero, does not even match the characteristics that we normally attribute to our character. But Borges said that the writer that a nation chooses as its national author is often the least representative of that nation (an observation that, I suspect, he wanted to apply to himself), and something like that might happen with heroes; perhaps we choose them to redeem ourselves from those undesirable qualities, not necessarily to embody them. San Martín was what we did not see again in our political class -and not to mention in our military class-: at the same time, efficient and honest. And, furthermore, imaginative: he was the only one who at that time dared to dream big, beyond the colonial borders, and as if that were not enough, he carried out that dream, and did so with considerable success.
I add, although this is only an elegance, that San Martín, as Fathe of the Nation, cannot be prior to it; this title tells us that, to a large extent, he was its inventor or its creator. And I add something else: even in the worst case, San Martín was an immigrant, like all of us, and he also arrived at the Río de la Plata with practically empty hands. Another immigrant, coming up from the bottom, in the words of the Bard of Washington Heights. It could almost be said that the lack of Argentine identity is the most Argentine of qualities.
As for the accusations of being an English agent, they are not very important either. Few revolutionary wars were carried out without the support of a foreign power. Was Washington a French agent? Or Mao a Russian agent? Or Fidel Castro an American agent? The fact that the Spanish-American revolutions were partly gestated and financed in London does not mean that they are less authentic, but that they were what we already know they were: impure political events, complex networks of tensions and actors and interests. For the rest, the alleged British loyalty of San Martín, even if irrefutably confirmed, would not add much to his story, which must in any case be evaluated on its own.
Three versions of San Martín
Let's get to the story, then. What did San Martin do? Following Lynch's biography, which is the excuse for this review, rather little. In Argentina, hardly any political maneuver, the creation of the granaderos a caballo and the combat of San Lorenzo. His administration of Cuyo, which was, by the standards of the time, and even more so by those of our time, exemplary. Then the great military, political and personal achievement of his life, that is, the Continental Plan, the crossing of the Andes and the Conquest of Lima. Lastly, his presidency (or "protectorate") in Peru, which for Lynch, and apparently also for San Martín, was a failure. Guayaquil was the result of that failure.
With this record, what makes San Martín a hero, or our great hero? Why him and not Belgrano, or Moreno, or Saavedra, or Güemes? I know that the question must be asked to Mitre and Rojas, but that would be a matter of other reviews. In light of what his biography emanates, why would San Martín deserve that special place on our Parnassus? I have several readings, and luckily it is not necessary for me to decide on one in particular.
There is what I already said about the heroic qualities. San Martín is valid as long as he is an unattainable model. It is not the only case in which heroism is built in this way, contrary to national vices. For example, El Cid was elevated to the status of a national hero of Spain at a time when Christian Spaniards lacked the courage and drive to fight the Moors. This is the beginning, but it is not all. Belgrano, if you will, is an equivalent figure and even more perfectly tragic than San Martín.
We have, more interestingly, the little that San Martín had to do with Argentina. And I am no longer referring to abstract questions of identity, but to concrete facts. Just a minor battle on Argentinian soil, the government of a subordinate province, and that he chose simply because it suited his plans, and a continuous series of misunderstandings with Buenos Aires. The true highlights of his career occurred on a continental scale. In Chile, in Peru, in Argentina considered as part of a larger whole. This too is a contradictory quality. On the one hand, the national vice -already evident at that time- of separating Argentina from the other Latin American countries. For the government of Buenos Aires, the idea of conquering Lima was nonsense, but San Martín considered it -accurately- the key to winning the war in Upper Peru. On the other hand, there is something irresistible in this idea that our Saint Martin “liberated three countries”. It is what we could call the -frustrated- Argentine imperialism. Until today, it is still used to "win" discussions in Youtube. The famous “shut up, Chilean, we freed you”.
Added to all this are the few consequences of San Martin's heroism. Since he acted so little in Argentina, he is a very neutral political figure, and capable of being embraced by any of the factions that have shared our sectarian spirit ever since. Even in Peru he did not mean much, although it was the only opportunity that San Martín had to put his political ideas into practice. Ideas that, as Lynch makes clear, existed and were very well defined. San Martín supported the liberal concepts of his time, although as a good soldier he also felt a certain contempt for the "populace". For him, the ideal form of government was a constitutional monarchy. Or, at least, what would work in the case of Latin America. Peru, where the Bourbon tradition had penetrated deeply, seemed the perfect setting to apply those ideas.
Was he wrong? His monarchism also shocked me at the time, but now I tend to agree with him, at least on the foundations of this vision. It is clear that Latin America was not ready for republicanism. Maybe it will never be. History, up to the present, shows us that what our countries need are strong governments. We have never recovered from our monarchical and autocratic tradition, and the governments that arose more or less spontaneously in Latin America are proof of this. San Martín, who seems to have been a political realist (for example, he rejected, and did reject when writing the Peruvian constitution, abstract declarations of rights) noticed this fact and gave an account of it, although at the same time, paradoxically, he did not know how to apply it. to his political activity. In Peru, where he took office as Protector, with more or less absolute powers, he seems to have committed some excess (the deportation of all Spanish citizens, which some attribute rather to his minister Monteagudo), but in general terms he was too soft and couldn’t prevent the country from falling into anarchy. It had to do with his status as a foreigner, in addition to the fact that, when he advocated for a monarchy, many suspected that he dreamed of crowning himself. But the lack of decision (“I should have used the club more, but the club fell out of my hands because I didn't know how to use it”) dynamited his chances. Even Bolívar cited him as a "terrible example" for his little dictatorial vocation.
Now it is very clear that his ambitions were always moderate, and in no case Napoleonic: during his government, he sent emissaries to look for princes in the main royal houses of Europe, favoring the English ones. Perhaps a constitutional monarchy would have been the answer, ensuring a certain balance between conservatism and liberalism, institutional legitimacy in continuity with the colonial tradition, in addition to the support of England, the greatest maritime power of the time. The case of Mexico, the only country in Latin America where a similar project was carried out, seems to indicate the opposite. But in any case, what San Martín wanted for Peru and for the Río de la Plata never came to fruition, and that saves him from censorship after the fact. It is an invaluable quality to build a hero. Because, as The Dark Knight taught us, “you either live a hero, or you live long enough to see yourself become a villain”. Is it a coincidence that all the great heroes of our independence have died in exile or in ignominy, or at least at the dawn of the revolution? We have San Martín and Belgrano, O'Higgins in Chile, Artigas in Uruguay, Bolívar in half of the Hispanic countries, Bolognesi in Peru, and Rocafuerte in Ecuador. It is no coincidence, but the question remains -similar to Euthyphro's dilemma-: were they heroes because they died in ignominy or did they die in ignominy because they were heroes?
The following version of San Martín is openly controversial. The most purely Argentine trait of him was to consider himself above the government. His quarrels with the mediocre rulers of Buenos Aires, and later with the mediocre Chileans and Peruvians, are well known. When, after crossing the Andes, he received the order to return with the army to the Argentine capital, San Martín rejected it and, having lost the legitimacy of his appointment as commander-in-chief, he resorted to a subterfuge: he had himself appointed commander by their own officers, in what is known as the Rancagua Act. This move, as necessary as it was later difficult (since it made him depend to a large extent on his subordinates, and this ended up being his downfall) set a rather terrible precedent for our history. Namely, the idea that the military could circumvent the orders of a democratic government if it was for a just cause, and also the idea that its administration could be more efficient than the civilian one.
I ran out of characters so I'll have to finish this review at another place and time.
Coincidiendo con el 170 aniversario de su muerte, terminé de leer 'San Martin' de John Lynch. Unas 378 páginas muy bien estructuradas. El estilo de Lynch es el ensayo histórico-biografico, que, al ser británico, tiene la ventaja de no estar atado a los compromisos nacionales que construyen los mitos.
Sobre el biografiado, tiene el lastre de que su vida sea mal leída en equivalencia a Bolívar, ya sea para detectarlo o para exaltarlo. Su vida debe ser contemplada en su contexto apropiado, tratando de entender de manera crítica la sucesión de hechos que construyen al personaje. San Martín fue uno de los grandes personajes del siglo XIX, metódico, estricto, prudente, visionario, estratega, desprendido, asceta, de carácter, pero tambien solitario, enigmático y poco comprendido.
La lectura de Lych nos lleva a conocer la gran vida del hombre que intervino en las principales guerras de su siglo, con cuatro banderas distintas: España, Rio de la Plata, Chile y Perú. Desde España, la hispano-marroquí en Orán, la franco-española en Rosellón y los Pirineos, la anglo-española en el Cabo de San Vicente y el Mediterráneo, las guerras napoleónicas de independencia española en Bailén y La Almuara. En América, la campaña auxiliar del Norte al Alto Perú, la campaña de los Andes de liberación de Chile y la campaña de liberación del Perú. Mi respeto al libertador del sur.
John Lynch's 'San Martin: Argentine Soldier, American Hero' is one of surprisingly few English books that recount the life and exploits of South America's lesser known Libertador. The author's accessible, if slightly dated, writing style and demonstrated understanding of San Martin helps the book stay interesting, but I do feel like it could be more intimate in places.
It would be going too far to say this biography turns primary sources and previous historians' work into an engrossing act-by-act storyline that makes San Martin feel like an old friend. As one might expect depending on the type of biographies they read, the author is more focused on historical contexts then gripping narratives and the layout of the book reflects that. Almost every chapter steps back from San Martin to examine the history, sociology, economics, politics, policies and logistics he was adjacent to. I found all of that incredibly interesting, but it can sometimes feel like the author is pushing you away from the man as you start getting closer to him - a problem exaggerated by San Martin's seeming apathy (and I want to emphasise 'seeming') in certain periods. Although the author does include quotes from San Martin, I would have appreciated more from his many letters, especially on areas the author doesn't cover extensively (account of battles, for instance).
However, in exchange for a more personal understanding of San Martin you get a fascinating character study that spells out the contradictions and hard truths raised by his involvement in South America's revolutions. I suspect this is a significant part of why John Lynch wrote the book; he clearly has respect for the book's subject but seems more interested in the arguments for or against San Martin's many controversies than the 'lesser' Liberator's actual life. And speaking of lesser Liberators...
The book would not be fit for purpose if it omitted engaging with the 'greater' Liberator, Simon Bolivar. Bolivar's shadow lingers over this book from the moment San Martin arrives back in Buenos Aires (perhaps this is more to do with my mind than the book?). I found myself counting down the pages before the meeting. Ultimately that meeting comes, passes with fitting brevity and then kick-starts a new part of San Martin's life and the book. I feel like there could be more said about this part of San Martin's life but I thought that about many parts.
By the end of the book I was feeling torn. I wanted to give it a higher rating but I also wanted more from it - more detail, more emotion and more effort made to portray his life as it was, not as the awkward historical contradiction it is remembered as.
Put simply it is a good history book that could do with another hundred pages.
This book was fairly onerous for me, the print is very small and though the pagination is deceptively slim it was a chore to get through.
Part of this is because I had hoped there would be more focus on the military aspects of San Martin's career, but Lynch does not go into any great detail regarding the tactics used, the composition of armies, the organisation, the officers, the weapons, etc.
This biography focusses overwhelmingly on the political, and the core of the book revolves around San Martin's tenure as Protector of Peru.
This was very interesting and informative, and the author makes a solid defence of San Martin's seemingly strange conduct in failing to establish a dictatorship, failing to definitively end the Royalists, and then ultimately withdrawing from Peru (and South America as a whole) to allow Bolivar to finish the work for him.
San Martin emerges from these pages as a very honourable and commendable figure. He is described as laconic, forthright, honest, loyal, and simple in his habits and desires. He did not seek power or luxury, he deplored venality and corruption.
Yet he was suspicious of democracy and hoped to establish constitutional monarchy in Latin America along the British model that was so attractive to liberal intellectuals of the era. In this he obviously failed, and to remove himself from the scene he chose voluntary exile in Europe.
San Martin easily ranks among the greatest of the Liberators, and this is a very strong portrait of his political ideals and of his personality, but I found it very lacking in its descriptions of his military campaigns. Those looking for the latter are warned to search elsewhere.
I picked this up because I vacationed in Argentina this year, and he is such a prominent figure, I wanted to know more about him. The book is comprehensive, a lot more colorful than some other biographies I have read, and it is certainly thorough. If I have a complaint, it is only that a little too much attention is paid to his life as a soldier and not quite enough on the rest of the man. That is, however, a small complaint, and to anyone interested in Jose de San Martin's life, I highly recommend!
Un libro muy interesante. Para mi es la clase de libro que tengo que leer cuando tengo otras cosas mas frívolas para leer al mismo tiempo. Lamentablemente quedó en Argentina cuando me mudé, así que seguiré leyendo cuando vaya de visita y me lo traiga. Basándome en lo que leí hasta ahora, si están interesados en historia argentina y latinoamericana, se los recomiendo. Es uno de los libros que me costé dejar en la mudanza, pero que quedó con los que vendrán en el próximo viaje.