Jump to ratings and reviews
Rate this book

Emociones e inteligencia social

Rate this book
Las emociones y los sentimientos constituyen una parte esencial de la vida. Este libro explica con brillantez qué son, cómo aparecieron y cómo se generan, así como por qué tienen tanta fuerza y son tan difíciles de controlar.
¿Son compatibles la razón y los sentimientos? ¿Cuál de los dos vence cuando se enfrentan? ¿Es posible lograr un equilibrio entre ambos? ¿Somos seres racionales o sentimentales? ¿Por qué cuesta tanto controlar las emociones?

192 pages, Paperback

First published January 1, 2010

4 people are currently reading
40 people want to read

About the author

Ignacio Morgado Bernal

12 books11 followers
Ignacio Morgado es catedrático de psicobiología en el Instituto de Neurociencias y en la Facultad de Psicología de la Universidad Autónoma de Barcelona. Reconocido como uno de los neurocientíficos más prestigiosos de España, ha sido merecedor de varios premios académicos y de divulgación. Entre sus obras destacan Emociones e inteligencia social, Aprender, recordar y olvidar, Emociones corrosivas, La fábrica de las ilusiones, Deseo y placer y Los sentidos, todas publicadas por Ariel.

Ratings & Reviews

What do you think?
Rate this book

Friends & Following

Create a free account to discover what your friends think of this book!

Community Reviews

5 stars
7 (24%)
4 stars
9 (31%)
3 stars
11 (37%)
2 stars
2 (6%)
1 star
0 (0%)
Displaying 1 of 1 review
15 reviews3 followers
August 10, 2022
"Nada nos hace sentir tan humanos como las emociones. Tan humanos y tan dependientes. Cuando un sentimiento poderoso nos invade ocupa casi todo el espacio de nuestra mente y consume buena parte de nuestro tiempo."

Mis notas, paragrafeadas, de este fantástico libro que nos ayuda a comprendernos, como individuos, especie y sociedad:

Las emociones son respuestas fisiológicas y conductuales múltiples y coordinadas de un mismo organismo, algunas de la cuales visibles a un observador externo, y otras, no. Son cambios objetivos en el cuerpo, cambios que podemos registrar, medir y estudiar científicamente.

La razón sirve sobre todo para generar nuevas emociones que puedan suplantar los sentimientos indeseables o, para potenciarlos al evocar viejas memorias relacionadas o suscitar argumentos añadidos en una espiral creciente de autoafirmación emocional.


I.

Las emociones primitivas fueron conductas inconscientes de carácter instintivo. La aparición de la consciencia supuso dejar de ser autómatas para convertirse en seres reflexivos con conductas adaptables. La posibilidad de ser consciente facilita el saber catalogar y evaluar las situaciones, el ser capaces de regular nuestra conducta y de planificar y ensayar nuestras pretensiones. Afortunadamente, la aparición de la consciencia no arrastró a las emociones, que siguieron siendo respuestas reflejas y automáticas, algo necesario para seguir garantizando su eficacia, pues el razonamiento consciente es un proceso sujeto a errores y relativamente lento que podría ordenar las respuestas emocionales cuando ya es tarde para un determinado logro.

El fenómeno de la consciencia permitió a los animales darse cuenta también de lo que ocurría en su interior. En el ser consciente, el cerebro percibe lo que constituyen las respuestas emocionales y lo hace de una manera muy especial, que no consiste en darse cuenta simplemente de cada uno de los cambios fisiológicos que están ocurriendo en el cuerpo, sino en una percepción global, integrada y específica que invade la mente, en algo muy genuino que es lo que llamamos sentimiento. QAsí pues, los sentimientos son experiencias mentales que el cerebro genera, basadas en la percepción consciente de los cambios fisiológicos que se están produciendo en el cuerpo cuando estamos emocionados.

La evolución del cerebro y de la mente no se detuvo en el mero desarrollo de la consciencia. Los humanos somos también seres autoconscientes. Ello quiere decir que somos capaces de darnos cuenta de que nos damos cuenta, de pensar que pensamos y reflexionar sobre nuestros propios pensamientos. Y, no menos importante, puedo pensar también en mis propios sentimientos, puedo sentir que siento. Los sentimientos van también más allá de la mera percepción de lo que pasa en el cuerpo, son una construcción activa del cerebro y la mente humana que puede amplificarlos.

Cuando el desarrollo del cerebro hizo a los humanos conscientes de su propia existencia y, en particular, de la existencia de su propia mente, se estableció la condición necesaria para hacer también posible el conocimiento de la existencia de las mentes ajenas. Entender, representar las mentes ajenas e interactuar con ellas ha sido uno de los motores de la evolución humana. Esto abre las puertas a la empatía y está a su vez a las emociones sociales. Cuando somos capaces de entender los sentimientos ajenos y de preocuparnos por ellos aparecen en nuestra mente nuevas emociones (Por ejemplo, creer en la maldad del otro nos induce al odio)

Las reacciones emocionales y sus sentimientos correspondientes se adquieren por imitación o por asociación (acondicionamiento clásico), si algo que ya provoca una emoción se presenta junto a algo que no la provoca, esto último adquiere la capacidad de provocar la misma emoción. Un modo de potenciar las emociones que ya tenemos es el llamado acondicionamiento instrumental, que consiste en el aumento o disminución de la probabilidad de que una conducta se repita cuando es recompensada o castigada. Los estímulos que suscitan las emociones sociales suelen ser complejos y su evaluación requiere razonamientos conscientes sobre las situaciones personales y el contexto de los individuos implicados. Para esos casos el cerebro humano tiene una forma avanzada de aprendizaje, llamado aprendizaje relacional, que permite establecer asociaciones conscientes entre la memoria y las múltiples y variadas informaciones implicadas en una determinada situación. Las diferentes formas de aprendizaje del cerebro humano permiten generar reacciones emocionales nuevas y diversas. Su combinación puede ser especialmente eficaz para originar sentimientos poderosos. El resultado del análisis mental de circunstancias personales y sociales complejas (aprendizaje relacional) puede asociarse a sentimientos negativos ya existentes (condicionamiento clásico) y potenciarse cuando la expresión de esos sentimientos sea socialmente gratificada (condicionamiento instrumental). De ese modo, emociones sociales negativas, como el odio o la envidia, pueden dejar de ser pasajeros y acabar convirtiéndose en prejuicios duraderos.


II.

El cerebro emocional va más rápido que el racional y por eso muchas veces nos precipitamos en dar respuestas emocionales innecesarias o inconvenientes de las que más tarde tenemos que arrepentirnos.

La emoción dirige la atención, asigna valor a las cosas y graba memorias. De todo aquello en lo que pensamos, lo emo cionante se lleva siempre la mayor y mejor parte. En esa función directiva, las emociones negativas tienen una especial capacidad para concentrar y retener la atención en lo que nos preocupa. Cuanto estamos disgustados nos ensimismamos; por el contrario, las emociones y los sentimientos positivos son más expansivos, pues además de dirigir la atención hacia lo que nos causa placer, mejoran también el humor haciendo que nos interesemos por muchas más cosas del entorno.


III.

Aunque la deliberación consciente resulta adecuada para situaciones simples, no parece favorecer demasiado la toma de decisiones en situaciones complejas. No podemos barajar muchas opciones al mismo tiempo, pues eso crea mucha confusión emocional.

IV.

Podemos utilizar la razón para cambiar la expresión de las emociones, es decir, para evitar respuestas inconvenientes que puedan perjudicarnos; para cambiar los sentimientos reinterpretando sus causas. para generar nuevas y más poderosas emociones que destierren a las indeseables y para generar empatía, para ayudarnos a comprender a los demás y hacernos sentir sus emociones como las propias, lo que constituye un poderoso mecanismo cognitivo que crea vínculos interpersonales.

Los sentimientos no dependen tanto de lo que en realidad pasa como de lo que nuestro cerebro y nuestra mente creen que pasa. El cerebro y la mente humana tienen siempre capacidad para reinterpretar las situaciones, para ver las cosas de otra manera. No rehuyamos el pensamiento sobre lo que nos emociona, sino todo lo contrario, centrémonos en ello y tratemos de analizarlo minuciosamente. ¿Qué es exactamente lo que me preocupa? ¿Por qué? ¿qué pasó en otras ocasiones que sentí lo mismo?, etc. Se trata de tasar y juzgar la emoción que tenemos, en lugar de vivirla pasivamente.

V.

Una persona con inteligencia emocional es aquella que tiene capacidad para reconocer, expresar, regular, controlar y utilizar las emociones propias y ajenas para adaptarse a las situaciones, conseguir propósitos, tener éxito y/o en contrarse bien.


E.

" La educación es el más poderoso instrumento que poseemos para cambiar el comportamiento de las personas. Su poder radica en su capacidad para cambiar la morfología y el funcionamiento del cerebro. [...]
La educación emocional debería ayudarnos a proceder de manera conveniente para saber superar sentimientos negativos, como el racismo, utilizando la plasticidad del cerebro para cambiar el rechazo ante lo ajeno por apreciación de la belleza y el valor de lo diferente. Puede hacerlo, sobre todo, induciendo tempranamente valores universales, como la responsabilidad y el respeto, la tolerancia y la solidaridad."
This entire review has been hidden because of spoilers.
Displaying 1 of 1 review

Can't find what you're looking for?

Get help and learn more about the design.