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201 pages, Paperback
First published July 1, 1998
"Según los auspicios de lo que usted llama moral, ¿Debo entonces seguir sacrificándome porque cometí el error de creer que amaré siempre a la persona con quien me casé?
Usted, mi señor, lo pregona a cuatro vientos: «El mundo cambia, la Europa se transforma, América también»… ¡Nosotros estamos en América! Todas estas circunstancias cambian también."
"Usted siempre ha querido la paz y esta ha tenido que escribirse con sangre y, desafortunadamente, esculpida con la piel de los que han muerto."
"Mi estimada señora, ¡Si es usted la bella dama que ha incendiado mi corazón al tocar mi pecho con su corona! Si todos mis soldados tuvieran esa puntería, yo habría ganado todas las batallas."
"Si usted me dijera venga, yo iría volando ¡así fuera al fin del mundo!"
"... no hay que huir de la felicidad cuando esta se encuentra tan cerca. Y tan sólo debemos arrepentirnos de las cosas que no hemos hecho en esta vida."
Mi corazón ve con tristeza el horrible futuro de una patria que sucumbe ante la mezquindad de los intereses personales y de partidos.
Ella abandonó su hogar para brindarnos a la causa, y a ti, querida hermana, todo lo que su genio tiene en aras del bien común. Enérgica cuando se lo requiere, se desdobla en infantil ternura cuando su noble corazón se lo pide; orgullosa, porque le viene de sangre, yo la he aceptado por la comprensión nuestra y su hábil descaro de imponerme su amor. Tú dirás que me he excedido en este retrato; pero, en honor a la verdad, no cabe más que apreciar.
Me di perfecta cuenta que en este señor hay una gran necesidad de cariño; es fuerte, pero débil en su interior de él, de su alma, donde anida un deseo incontenible de amor. S.E. trata de demostrar su ánimo siempre vivo, pero en su mirada y su rostro se adivina una tragedia. Me comentó que se sentía en el cenit de su gloria de él; pero que, en verdad (y esto lo digo muy en serio), necesitaba a alguien confidente y que le diera seguridad.