Visita guiada a la niñez de una de las figuras más misteriosas y fascinantes de la literatura argentina.
Autobiografía en verso libre, única en la literatura argentina, Invenciones del recuerdo es una de las mayores sorpresas que depararon las tareas de clasificación de los manuscritos inéditos de Silvina Ocampo. Sus páginas reconstruyen, con irreverencia y elegancia, pero también con una dolorosa fidelidad al pasado, el microcosmos doméstico de un hogar patricio a comienzos del siglo XX visto a través de los ojos de una niña que desdeñaba los privilegios de su clase para buscar la compañía de sirvientes y de mendigos. Escrito intermitentemente entre 1960 y 1987, es también un testimonio de la formación de la mente de una poeta, con sus deslumbramientos inaugurales y sus desengaños prematuros. Como todo lo que escribió Silvina Ocampo, este largo poema narrativo desafía convenciones y géneros literarios, pero puede definírselo como una visita guiada por la infancia de la autora más misteriosa y elusiva de nuestras letras.
«Silvina era inevitablemente original.» Adolfo Bioy Casares
Silvina Ocampo Aguirre was a poet and short-fiction writer.
Ocampo was the youngest of the six children of Manuel Ocampo and Ramona Aguirre. One of her sisters was Victoria Ocampo, the publisher of the literarily important Argentine magazine Sur.
Silvina was educated at home by tutors, and later studied drawing in Paris under Giorgio de Chirico. She was married to Adolfo Bioy Casares, whose lover she became (1933) when Bioy was 19. They were married in 1940. In 1954 she adopted Bioy’s daughter with another woman, Marta Bioy Ocampo (1954-94) who was killed in an automobile accident just three weeks after Silvina Ocampo’s death.
Primera lectura de Silvina Ocampo, aunque creo que no es la mejor introducción. Me atrajo por tratarse de una especie de autobiografía de la infancia, contada en verso libre. Tiene algunas imágenes súper lindas y musicales (hay algo en "los enemigos de los mendigos" que me parece casi un rap) y momentos muy lindos, esto de la culpa que tiene al descubrir la sexualidad, su familia, la muerte de su hermano, la leche con nata, la culpa, y no se diga Buenos Aires. Solo creo que se trata de una obra completamente distinta a lo que solía hacer. Me gusta el subtítulo además "invenciones del recuerdo"
Igual leeré sus cuentos, que sí me dan ganas de conocer más de su trabajo.
“Nuestra infancia es ciertamente nuestra amiga, pero nosotros no fuimos amigos de nuestra infancia porque entonces no existíamos como somos ahora. Aquel ser desvalido que fuimos a veces nos conmueve porque nadie pudo comprenderlo del todo, salvo nosotros… que todavía no estábamos a su lado”.
Invenciones del recuerdo me parece un título muy acertado. La memoria es difusa y compleja, ¿qué tanto de lo que recordamos es efectivamente un recuerdo y no una invención de la mente para llenar vacíos? O recuerdo de recuerdos, las versiones originales perdidas con el paso del tiempo. En lo personal, la infancia siempre me pareció algo ajeno, extraño, borroso. No me acuerdo de mucho, pero siempre pienso que, si pudiera viajar en el tiempo, una de las cosas que me gustaría hacer es ir a ver a mi yo pequeña. La razón quizás está en eso que dice Silvina: para poder verla y comprenderla de la forma en que antes no pude. ¿Habrá sido este su intento -desde la adultez- de comprender y acompañar a la Silvina pequeña?
Es el primer libro que leo de la autora y creo que empecé por uno de los más íntimos. En verso libre, narra varios episodios de los primeros años de su vida como si fueran los de otra persona. Incluso, por la imprecisión de las descripciones y la falta de referencias temporales, varias veces sentí como si estuviera leyendo un cuento. Todos los poemas son hermosos y tristes y desbastadores y horribles al mismo tiempo. Hay partes que me desesperaban (como cada vez que expresaba su admiración hacia la pobreza) y otras que no hacían más que despertarme ternura por esa niña un poco olvidada entre tantas hermanas.
Quería citar alguna partecita acá pero tengo casi todas las páginas del libro marcadas así que elegí esta al azar <3
“Y el amor, el amor que es tan diverso, tan ardiente y tan puro, tan impuro, vagando por los jardines y por las casas, trenzándose en el agua de las fuentes, descalzo, pordiosero muchas veces, con un prestigio de sabiduría que conocen los niños solamente, la persiguió.”
Que fuerte es el olvido. En un principio me costó empatizar con la autora porque tenemos realidades muy distintas, pero luego, me llegó su relato libre de una infancia olvidada y difusa. Su forma de transmitir afectos, desde una memoria poco clara, narrado en tercera persona tocó muchas fibras sensibles. "Se ama a una persona que uno no recuerda, más que a una persona que uno recuerda"
"El frío de las baldosas que le subía por las rodillas hasta las entrañas le hizo pensar que, contrariamente a la enseñanza de la Iglesia, el infierno era de hielo y no de fuego, porque el fuego contenía aquel fulgor de felicidad que contenían las fogatas, el sol, la taza hirviente de café con leche, el brasero en que se cocinaba el dulce de leche o la ambrosía y el frío ese mortal desamparo en que la dejaba la enseñanza religiosa, en el interior helado de una iglesia, dónde todo era de mármol, la bolsa de hielo sobre la frente afiebrada, la conciencia con escalofríos, los peces de fuente que alguien le traía del río, que al día siguiente estaban perforados por un enemigo maligno, muertos de una muerte fría en mano. <> se le antojaba que oraba, <o que me quemen como a los santos, pues no hay peor frio que ese frío del infierno que yo sola conozco>>"
Me parece increíble como ese extracto condensa toda la pena que puede sentir alguien ante una situación como la que le tocó pasar. Me encantó como lo escribió, y me dolió leerlo, leer como una niña puede cargar con tanta culpa que no merece. Me encantaría leer el resto de sus obras y volver nuevamente a este libro. Por ahora, para mí es un 4/5 y las ganas de poder abrazar a esa niña.
Reminiscencias de una niñez envuelta en curiosidades, así es como sentí a esta obra. Un libro escrito en verso en el que Silvina Ocampo nos comparte destellos de su pasado más tierno pero cargado de revelaciones algunas más intrigantes que otras. Me encontré por ciertos pasajes un tanto perdida… sintiendo que la autora escribía como en una suerte de clave, en la que solo ella podría reconocerse o quizás, con simbolismos que me resultaron difíciles de atrapar y poder desmenuzar.
Realmente me llevo una lectura preciosa, que me encandiló desde el momento uno, que me regaló más de un momento de diversión pero que también me dejó con un sabor amargo, por lo que puedo intuir, le sucedió a Silvina.
Sin dudas una artista con todas las letras! Y cuya obra espero seguir degustando!!!
3.5/5 estoy en mi silvina ocampo era. también estoy leyendo sus cuentos completos y me esta gustando ese libro un poco más que invenciones del recuerdo, pero igualmente me fascina como explora la manera en que nos acordamos y comprendemos nuestra infancia. no hace falta ni mencionar que además escribe muy bien
La crudeza de Silvina a veces se deshoja y deja entrever tanta ternura.. Me encanta imaginarla, ajena, subida a un árbol, mirando todo desde arriba. La trama del vestido violeta me genera mucha tristeza, tan sola, al punto de pegarse, amarrarse, a un pedazo de tela.
Destaco tres sensaciones: asombro, soledad, risa. El asombro con el que Silvina escribe desde los ojos de una nena ese mundo, poniéndolo sutilmente en ridículo. La soledad de su mirada y de la forma de relacionarse con él, metiendo la nariz en el borde que separa a esa familia con las personas que viven en el margen opuesto. La risa que me provocó más de una vez describiendo dichos, gestos y detalles de los personajes.
Aún sigo leyendo este libro después de dos meses de arrancarlo. Para ser verso libre puede ver cómo me está costando, como su hubiese cierto muro que no me deja entrar del todo. Hace años que escribo en verso libre sobre mi infancia, recuerdos que aparecen en mi cabeza y líricamente intento anotarlos, textos que amo releer con el paso de cierto tiempo porque puedo sentir y literalmente ver mis propias anotaciones como imñagenes, traer al presente cierto pasado adornado con aromas melancólicos. Leyendo Invenciones del recuerdo sucede que me veo espiando la infancia de otra persona, muy alejada a mí: tal vez, haber leído solo dos libros de ella no me alcazaría para entrar en su universo.
La infancia es gran parte de la vida (y no sólo hablo de cronología); lo que queda de ella es mayormente recordar; recordar es enumerar, cazar al vuelo imágenes que nunca serán claras. Vivimos inmersos en una atmósfera de listas, de conjunciones. Silvina hace de ello un viaje -porque la vida, así como la literatura, es un viaje- sereno y de ópalo. Invenciones del recuerdo es el fin de una mirada al espejo que duró décadas, en el que se conjuran la ingenuidad de una niña, la culpa de una vida repleta de inmolaciones, de renuncias: la pureza de una persona etcétera, el testimonio de una mujer siempre escrita en los márgenes.