Siempre es una ventaja usar silenciadores - Catalina Creel
La gran tradición latinoamericana es la cursilería y su manifestación definitiva es la telenovela, ese enorme aporte de nuestro continente para la cultura mundial. Hay libros que buscan diseccionar la naturaleza humana, otros que dan cuenta de las épocas tormentosas que han cifrado los grandes momentos de la humanidad, algunos se adentran en el día a día para entender cómo se gesta y se desarrolla la individualidad, y otros que parodian y ridiculizan la realidad. En ese sentido no es raro que novelas como "Óscar y las mujeres" de Santiago Roncagliolo, decididamente cómicas y sin mayores pretensiones, sean de esa clase de obras incómodas para el público exquisito. Son presencias incómodas en los anales de la intelectualidad. Y por eso son vitales.
Moralmente emparentada con "El canalla sentimental", la mejor novela de Jaime Bayly, otro peruano que con dicho título hizo pedazos el mundo de la televisión a través de la mirada de un autor patético, "Óscar y las mujeres" es un libro brillante y tremendamente divertido, y es en ese punto donde radica su genialidad. Del escritor latinoamericano muchos exigirían una dura crítica a la telenovela, ese diabólico engendro del patriarcado capitalista occidental hecho para dominar al tercer mundo (o cualquier otra ocurrencia en la mente de nuestra muy progre y muy bobalicona intelligentsia), y lo que nos entrega Roncagliolo es una parodia que se parodia a sí misma.
No solo hay una burla hacia el género, representado la telenovela que escribe Óscar, ese adorable protagonista sarcástico e hipocondriaco, sino en la misma estructura de la novela y en los tropos de los que deliberadamente Roncagliolo echa mano para llevarnos hacia una delirante espiral de absurdos. La cursilería de la historia de los personajes es un mecanismo narrativo brillante, porque de otra forma la obra no funcionaría. No hay necesidad de grandes contrapuntos dramáticos que reflejen la realidad de la decadencia de un hombre preso de la irrealidad.
De otra manera, ¿cómo podríamos parodiar y celebrar al mismo tiempo un género tan vital, tan cursi, tan patético y al mismo tiempo trascendente como el melodrama televisado? Roncagliolo, que no oculta su pasado oscuro como escritor de telenovelas, acertó con esta novela delirante. Cuando uno lee este libro, hay que tener presente que si "Óscar y las mujeres" funciona y es brillante es porque porque no se toma muy en serio a sí misma, y esa es su mayor virtud.