La obra de Don Chautard nace de su espiritualidad monástica, de su contacto con el mundo y de su predicación. El autor nos presenta una obra de espiritualidad, fruto de una vida de contemplación, de acción y seguimiento en la persona de Jesús. Esta obra desarrolla en cinco partes, la relación entre las obras de apostolado y la vida interior, los medios que ofrece Dios para reafirmar nuestra fe y confianza en él. La necesidad de santificar nuestra vida a través de buenas accionas, y cómo por medio de éstas acciones transformar este mundo en uno más humano. Además, nos advierte de los peligros del activismo cuando no incorporamos a Dios en nuestro itinerario de vida y del sin sentido que nos agobia, cuando nos buscamos a nosotros mismos en cada obra que realizamos. Paralelamente, se indican algunos principios y avisos para la vida espiritual, inculcando fuertemente la liturgia como fuente de animación y de fecundidad apostólica. El autor enfatiza que nuestras acciones se verán potenciadas si no olvidamos esa luz de Dios en lo que hacemos y proyectamos. Hoy, más que nunca, el hombre quiere creer en algo o Alguien, pero no sabe cómo. Es necesario que su vida sea estimulada para que se arraigue en Dios, quien es fuente de fecundidad que puede colmar toda insatisfacción del alma.
El Apostolado es la superabundancia de vida interior.
Es fácil entender que es un clásico, con un espíritu más parecido a los religiosos que a los laicos, pero aporta muchas lecciones. En ocasiones es fácil entender cómo se entrelaza la propia oración del autor con su lección.
Conviene tomar lo que nos funciona como seglares y aprovecharlo.