En un futuro distópico, en la CIudad Andina, bajo una gran cúpula viven los afiliados, ciudadanos que han aceptado entrar a la ciudad en la que pueden tener todos los beneficios que quieran, pero este contrato expira con una llamada y es ahí cuando un Imenez entra a hacer su trabajo. Un tipo sin sentimientos que literalmente cocina a los afiliados cuyos contratos han acabado. Afuera de la Cúpula de ciudad Andina viven los marginales, un mundo en el que las ratas han acabado con casi todos los otros animales.
"Al final, decidí que la verdad no suele ser la respuesta correcta".
No sé ni cómo empezar... Ya hace tiempo debería haberme dado cuenta de que las novelas de ciencia ficción que apenas llegan a las 200 páginas no son de fiar. Díganme loca, pero es lo que pienso. La ciencia ficción es un género que, al igual que la fantasía o las distopías, requiere de una construcción compleja del mundo, de un desarrollo exhaustivo de motivos y personajes... e Iménez no lo tiene.
Nos encontramos aquí con un mundo futurista bastante confuso en el que a duras penas entendemos que hay un un adentro y un afuera. Hay gente dentro de una Cúpula y hay gente fuera. ¿Cómo se creó la Cúpula? ¿Por qué la gente teme vivir en el exterior? Poca es la explicación que se da más allá de una mención a ratas. En fin, que luego nos enteramos que la gente firma contratos para vivir dentro de la Cúpula, pero por un número limitado de años, para luego ser asesinados por agentes especiales. Y el protagonista es uno de ellos, un tipo bastante apático y del que nunca sabemos mucho.
Y así va el libro... descripciones aburridas, situaciones confusas, diálogos anodinos y, sobre todo, muchas preguntas sin responder. Creo que este libro habría sido mucho mejor (pues la idea base es realmente interesante) si el autor hubiera desarrollado mucho más el contexto, las situaciones, los personajes y, en general, el alma de su sociedad futurista distópica.
En la contraportada del libro alguien dice que Iménez es la mejor novela de ciencia ficción latinoamericana que ha leído, lo que me deja pensando... Si Iménez es lo mejor, ¿cómo de malo será el resto?
Aunque, claro, no puedo juzgar a toda la ciencia ficción latinoamericana sin haberla leído y guiándome solo por el desacertado comentario de alguien en una contraportada.
Iménez es un libro corto que nos narra un futuro distópico que se desarrolla en Bogotá, si bien la historia no profundiza en la construcción de este mundo, me parece que la información que recibe el lector es la suficiente para hacerse una idea del entorno, además para esta historia en particular la construcción del mundo no aportaría en los sucesos y por tanto no creo que sea necesaria.
Este mundo nos presenta a Ciudad Andina, una cúpula en la que viven los residentes y afiliados. Los residentes son quienes tienen todos los privilegios y controlan el gobierno (en pocas palabras hacen las reglas, tienen el dinero y por ende no deben preocuparse por mayor cosa). Los afiliados son personas del exterior del que aspiran a una mejor vida y que firman un contrato para vivir en la cúpula pero son esterilizados y con una fecha de caducidad que se traduce en su muerte.
Es un libro narrado en primera persona, con un lenguaje sencillo y narrado en la voz de Iménez, que es una especie de ejecutor de afiliados en la Cúpula de Ciudad Andina. Los afiliados firman un contrato para obtener los privilegios que otorga vivir en este lugar y a los 45 años sino tienen prorroga son visitados por los ejecutores para generar vacantes, algunas veces son los propios afiliados quienes llaman para que los ejecutores los visiten.
El inicio puede ser lento porque se nos narra la labor de los ejecutores y algunas experiencias vividas por el protagonista y narrador, pero poco a poco se nos presenta una trama interesante en la que vemos una lucha entre las diferentes clases sociales de ese mundo. Imenéz sin proponerselo se ve inmiscuido en un conflicto de intereses, una especie de trama policíaca (no me parece increíble pero me gustó).
Lo más gracioso es que al leer pensaba en que ya estaba en este futuro distópico, viajando en transmilenio con el aire viciado y deseando una careta para poder respirar, los largos trayectos que realizan personas desde el sur hasta el norte para realizar su trabajo con un sistema colapsado y siendo perseguidos por las ratas mutantes. La idea de alcanzar un estilo de vida que se ha idealizado y la realidad latente de los sacrificios que se realizan y que luego aunque vivas en determinado lugar siempre serás un forastero porque no eres de allí o no posees cierta ascendencia. Creo que el autor con esta novela realiza una fuerte crítica a esta lucha de clases y los privilegios que unos pocos tienen y no desean compartir y que todos quieren alcanzar de una u otra manera.
Resultó refrescante leer una *buena* novela de ciencia ficción escrita por un colombiano. Me encantó el mundo de Ciudad Andina; es una distopía latinoamericana que a veces parece animada por un nihilismo venenoso, pero por momentos también la atraviesan relámpagos de humor y de belleza. Y no sólo está muy bien imaginado, sino también, para quien pasó su juventud en Bogotá, hay muchos detalles sugerentes y chistes internos bien logrados (Chicó Oriental, guiño guiño). El único problema para este lector un tanto distraído fue que el argumento a veces se me hizo difícil de seguir, sobre todo cuando la conspiración de los "topos" llegó a su punto de quiebre. Acaso parte de la razón fue que los personajes de los ejecutores, incluido Iménez, me resultaron antipáticos y difíciles de distinguir uno de otro. Eso sí, el profesor Groot me pareció genial. Y también los gatos.
206 páginas y 5 días después. El primer libro que leo del autor, de la serie que compré en mi último viaje a Colombia. Esta también fue una recomendación de la librería.
Me costó muchísimo conectar, ya que desde el principio no se explica mucho (creo que en la ciencia ficción me gusta que todo sea explicado o al menos más estructurado). Más que ciencia ficción me recordó a esas películas de sci fi dónde alguien va a matarte por cualquiera motivo (tus órganos, porque eres un clon o un robot). Así que eso no me pareció innovador... Tal vez sea de las mejores novelas de ciencia ficción latinoaméricana, pero me costó comprender todo y ambientarme. Y yo quería que me gustase.
Entiendo la importancia que tiene en el mundo actual, pero no la recomendaría tan fácil.
Bueno hablemos de Iménez y como mis esperanzas con el libro murieron poco a poco...
¿Qué fue tan grave para valer una estrella? La construcción. Iménez presenta una premisa principal maravillosa, a la cual a mi parecer le falto desarrollo. Tenemos una sociedad en decadencia. La sociedad que conocemos ha muerto, por lo cual ahora la vida se debate entre aquellos que viven en La cúpula y aquellos que deben vivir en sus exteriores enfrentando peligros a diario. Pero la vida en La cúpula no es seguridad de nada, pues vivir en ella tiene un límite de tiempo, los cuarenta y cinco años. Si el tiempo se cumple y no tienes prorroga, la muerte vendrá a por ti, ya sea porque hagas la llamada o lleguen a buscarte por el vencimiento de tiempo pero siempre el ejecutor te encontrará. Persona que se encargará de cremar tu cuerpo posteriormente, y dejar tu residencia lista para un nuevo habitante.
¿Fabuloso, no lo creen? Pero pues hasta ahí llega toda nuestra construcción de mundo. Aún cuando el libro se centra en contarte toda la vida alrededor de nuestro protagonista y a través de sus ojos conocer los dilemas de la vida de un ejecutor, no tenemos un verdadero hilo conductor que nos enseñé como la sociedad pudo llegar a este punto. Fácilmente podría (y lo hice) imaginarme una Bogotá fuera de control, llevada a un punto de explotación masivo que simplemente desencadeno en el mundo que aquí nos describe el autor, pero no tengo verdadero conocimiento del porque. Por ejemplo, en reiteradas ocasiones el autor hace alusión al uso de una máscara en el medio de transporte que une a La cúpula con el exterior, pero realmente no sabemos la razón. Obviamente el aire debe estar de alguna forma viciado, pero luego el mismo Iménez hace alusión a que la máscara ni si quiera es necesaria. Jamás menciona las repercusiones del no uso de la misma, o desde cuando el aire en ciertas zonas fue insalubre, porque en el exterior como en La cúpula anda muy bien sin ella. Así mismo hay un tema que me genera aún más discordia, las ratas...
En este libro las ratas tienen una peculiaridad y además inundan todo el exterior, se podría deducir e incluso nuestro protagonista lo dice, el único beneficio de vivir en La cúpula es que no habitan ratas. Al ser una plaga y una de las características principales de la sociedad que esta describiendo el libro, no es nada constante en el desarrollo. Iménez realmente se enfrenta a este peligro solamente una vez en todo el libro, de resto se mueve con cierta tranquilidad, eliminando a la amenaza por el poder de la pluma.
Hay muchos otros detalles como el sistema teológico que se menciona algunas veces y parecieran emular a los pilares religiosos de nuestra realidad. Dichas religiones rayan en el extremismo, pero jamás se nos explican sus fundamentos o sus contras hacia el sistema, lo sé, es un sistema del asco, pero me encantaría saber en que se fundamentan estos grupos que menciona. Venir acompañados del nombre de Jesús puede darme una idea de que deseas criticar al cristianismo, pero cuando me mencionas a la iglesia Protocolombina y no me explicas de que rayos va, siento que me cuentas detalles pero no me narras realmente un mundo.
Y así puedo repetir varias situaciones, que al final dejaron en mi un amargo sabor.
Hay además un factor especial, jamás logre darle realmente un rostro a Iménez. Si bien las descripciones físicas en extremo son molestas, también lo es no lograr ubicar jamás corporalmente a un personaje. Venga que emocionalmente llegamos a conocerle bastante bien (algo de alabar por cierto), pero el autor jamás se encarga en darte una idea propia de como es su personaje. Puede ser cualquiera, puede incluso que con esto el autor quisiera que te identificarás a ti mismo como su personaje, pero es un detalle que a modo personal me queda faltando. Ni si quiera sabemos sí Iménez es de estatura promedio, pero si me quedo más que claro que Isabel tenía las piernas largas porque lo repite cada vez que la ve prácticamente.
Sin embargo, así como exaltamos lo malo, hay que exaltar lo bueno. En su libro Luis imparte duras críticas a los sistemas de gobierno, resaltando el daño que se hace al ciudadano promedio y a la banalidad con la que podemos llegar a vivir nuestras vidas. Tener a un narrador en primera persona te ayuda a que el personaje generé empatía con el lector mucho más fácil, por eso aún a pesar de todo el personaje de Iménez me gusto. El libro esta plagado de humor negro, detalle que disfruto mucho y además, al relatarse cronológicamente se siguen los sucesos con mucha mayor facilidad. El final es lindo, aún después de que la trama en un punto da un giro de 180° y decepciona un poco.
Tristemente quería encontrar mucho más en este libro, quería ver el porque era tan alabado pero termine desencantada. Luis Noriega tuvo una idea inicial maravillosa pero le falto explotarla más. El género de ciencia ficción te permite ir más allá de los límites y esto fue lo que le falto a Iménez.
Una maravillosa novela de ciencia ficción colombiana. Ciudad Andina se parece mucho a Los Angeles distópica de Blade Runner. Ojalá el escritor Luis Noriega volviera a escribir Sci Fi. Los lectores lo agradeceríamos mucho.
Es un libro de 200 páginas, pero, según la descripción, es una novela "distópica", de "ciencia ficción", un "thriller", "policial" y una "crítica social". Creería que acertaría en decir que, para ser de todos los géneros mencionados, es cómo necesario empezar a construir el mundo el que habita la figura principal, un señor llamado Iménez que trabaja básicamente cómo un Blade Runner bogotano que tiene un gato cómo el protagonista del Quinto Elemento o la doctora de Hombres de Negro o la Capitana Márvel de los comics. Estoy casi seguro que el escritor vio la película de Ridley Scott y se dijo: "¡Hey!, creo que puedo hacer eso, pero sin menos color, sin mencionar cómo o por qué el sistema funciona cómo funciona en mi novela y mucho, mucho más aburrida, sin mencionar que no explicaré el lore o la historia que nos trajo a este punto distópico de la historia". Creería que el escritor recurrió a uno que otro cliché del género distópico: Contaminación abrumadora, de esa que te hace usar máscara de gas en el transporte público; deslizadores cómo en Star Wars u otras franquicias más creativas; expresiones propias de ese contexto cultural cómo el "siete infiernos" de Juego de Tronos. Debo dejar claro que no soy experto en ciencia ficción, mucho menos en ciencia ficción latinoamericana. El escritor tiene, eso sí, un amplio campo lexical y sabe usar bien la sintaxis del idioma, pero se queda corto al dibujar el mundo en dónde se desarrolla la historia.
Este es uno de esos libros ingeniosos que, a la par de un par de risas, le devuelven a uno la ciudad en la que vive revestida bajo el halo de la lejanía literaria, de esa imaginación que excede la monotonía y nos permite recrear aquellos paisajes que, aunque siempre vemos, ahora vivimos de otra manera. Aquí, en este relato de sci-fi noir, vemos a Iménez, un burócrata que deambula asesinando gente en una Bogotá futurista. Pero no, él no comete delitos (al menos no esos que quedan consignados en un código penal); él es sólo un pusilánime.
Él es, tan sólo, otro pendejo más que gana un salario sin que nada pase. Porque el mundo es así, y así somos muchos. Y nada, la cosa se pone interesante cuando, en medio de las labores, una intriga surge. No sé, no veo mucho más. La premisa de la novela (con su cúpula y sus ciudadanos elegidos para vivir por x tiempo, en fin) es interesante, pero llega un punto en que todo lo sentí forzado y el mundo allí reflejado lo sentí plástico, anodino, demasiado parecido a este para querer parecerse a otra cosa. Y esto puede ser muy bueno, o muy malo, y de ahí que la novela me parezca interesante. Eso sí, no creo que vuelva a echarle el diente a algo del escritor (al menos no en este onda sci-fi policiaca).
Cuando supe de que iba este libro distopico sabia que tenia que darle una oportunidad y estoy agradecido con mi yo del pasado por tomar esa decision ya que podriamso decir que es una gran mezcla entre una distopia indirectas y puras que le dan un gran balance a esta obra.
Dentro de este libro podemos ver primero como se recibe a la muerte o algo bastante cercano a su personificacion de la misma cuando ya no puedes escapar de esta. Ademas esto no queda aqui se va llevando en gran forma a Imenez ya que logras odiara su forma de ser pero a la vez lo puedes comprender en otras partes llegandole a dar esa vida que lo hace poder ser el tipo junto a ti en el Bus o colectivo que tomas a diario.
Sin dudas un libro al que todo amante de las distopias debe darle una oportunidad ya que trae ese sabor de las viejas distopias en que el mundo esta pintado de un gris tan intenso que va tirando a negro donde todos parecen ser malos y no tenemos un solo heroe de la forma hollybudence
Pues a mí me encantó. Tiene un aire tan urbano, tan Blade Runner latinoamericano, que me embrujó desde la primera página. Los personajes son oscuros, los lugares lúgubres, la vida es más difícil de lo que uno se puede imaginar en cualquier futuro distópico, entre Ciudad Andina, la Cúpula, los "cocineros" y las ratas hay una gran riqueza imaginativa. Es claro que Noriega tiene talento para escribir, y para ser una novela de ciencia ficción tiene mucha claridad y potencial. Creo que todo lo que necesita ser respondido encuentra, de alguna manera, su explicación más adelante. Lo que no, hace parte del género y del estilo. No es el primero, y afortunadamente no será el último en hacerlo.
"Él lo había visto en mis ojos. El odio. La locura. Ya no era solo un ejecutor, era, de verdad, un verdugo. Había dejado que el sistema ganara: era lo que el sistema había hecho de mí."
Alguna vez leí que Borges desafió a Álvaro Mutis a escribir una novela de terror en el trópico; de allí salió La mansión de Araucaima. No sé si alguien hizo lo mismo con Luis Noriega: retarlo a crear una obra de ciencia ficción colombiana de altura. En todo caso, logró crear un mundo distópico que merece todos los elogios subrepticios y el culto que la celebran. Pulgares arriba para el coprometabolizador y las cenas de gatos.
Imenez lo leí en mi adolescencia su mundo me pareció increíble pero siento que un desarrollo más profundo del mismo no aportaría nada a la trama, no es un libro perfecto pero es bastante bueno una trama que te hace preguntar muchas cosas como ¿Qué estás dispuesto a sacrificar por vivir bien?
Esta novela de ciencia ficción es una distopía cargada de ironía y humor negro. Es un reflejo de una sociedad en la que las clases superiores compran un seguro para acabar con sus vidas a los 45 años de edad, una sociedad enferma mentalmente. Aquí abundan las ratas pero escasean los gatos, un manjar al que muy pocos tienen acceso, una mascota que alimentan para convertirla en una cena que se debe celebrar con orgullo. ¡Cómo será de horrible la cosa!
Una sociedad con muy pocos privilegiados, pero con un sistema social corrupto. Un sistema que esteriliza a las mujeres y castra cualquier posibilidad de nuevas vidas.
La obra tiene 20 capítulos cortos, uno para cada día en la vida de Iménez, el protagonista, un empleado encargado de ejecutar a los privilegiados de la sociedad. Los personajes están muy bien construidos; los ejecutores son personas a las que no les duele su función, son frías y no muestran ningún remordimiento por su oficio, pero son también personas soñadoras y amorosas con sus amigos y familiares.
Es fácil para un lector que conozca o viva en la capital relacionar los lugares a los que hace referencia la obra; Garcés Navas, Ciudad Andina o Chicó Oriental, barrios de Bogotá, la ciudad que nunca se nombra, pero que se intuye por estos nombres adaptados de la realidad.
Cuarta lectura del año. Quería darle una segunda oportunidad al libro y releerlo , pero la triste realidad es que me pareció aburrido. Se le abona al autor la confección de la idea, pero la creación de esta Bogotá distópica del futuro esta hecha de trazos casi invisibles, imperceptibles, confusos. Otro aspecto en la novela es ese toque Dicksiano a la narrativa y la construcción de la voz del narrador protagonista. Pero dónde Dick es más fuerte, Noriega falla irremediablemente.
Tuve que leer este libro dos veces para entenderlo. De esta forma pude comprender el funcionamiento de la sociedad, los residentes, los afiliados, los marginales, los contratos de afiliación, el control de natalidad, el por qué de ese sistema. Todo muy claro. La historia de Iménez es entretenida y sus personajes atractivos. Un excelente libro.