La principal diferencia que podemos encontrar entre Past Life y el ya reseñado Dying Inside es el equilibrio. Mientras que Dying Inside era completamente irregular en todo, Past Life logra encontrar el camino correcto, porque no solo tiene una buena narrativa y un gran apartado visual, sino que atrapa y entretiene, se siente como algo salido del universo de Silent Hill.
Aunque no sean dos subgéneros que se mezclen demasiado, desgraciadamente, siempre me genera mucha intriga esta unión entre viejo oeste y terror. Ese esfuerzo del cine por romantizar aquel periodo de los Estados Unidos, llegando a fines del 1800, me compró desde muy pequeño y películas como Dead Birds de Alex Turner, Bone Tomahawk de S. Craig Zahler, o The Burrowers de J.T. Petty, entre otras, son producciones que me vuelan la cabeza primordialmente por su tono y sus ambientes.
Silent Hill: Past Life tiene todo eso que me gusta. Tiene una historia muy bien contada, que te deja conocer a los personajes, genera el contexto necesario para que todo se desarrolle y se siente muy fluido el in crescendo de la narrativa, que te va dejando también entrever de a poco lo que va pasando, de una forma sutil en la que vez venir el final pero, aun así, termina siendo impactante. Lo mejor de todo, es el ambiente que genera, esos climas que uno crea en la cabeza teniendo en cuenta la época, el contexto de la historia, las situaciones y personajes.
Dicho esto, queda claro que lo que hace Tom Waltz como guionista es muy bueno y, como dije antes, se siente una historia que podría ser parte del Silent Hill que al menos yo tengo en la cabeza. Pero el trabajo del artista Menton3 es sublime. Intenta seguir ese estilo muy libre y de trazos desprolijos que propone Ben Templesmith, pero a mi entender, con una superioridad visual destacable, ya que la estructura de los trazos, los diseños de los personajes y los entornos son soberbios, y el toque desprolijo lleno de texturas y detalles más dignos del diseño gráfico los maneja con una maestría de esas que te hacen alucinar.
La conjunción de ambos artistas termina dando una serie (la quinta de todas las que salieron) de cuatro entregas que, como dije antes, resulta ser para mí completamente superior a Dying Inside y, sobre todo, se siente muy propia del universo Silent Hill. Incluso me trajo algunos recuerdos del Silent Hill: Downpour. Tiene los diálogos justos, las pausas justas, cada viñeta es un mundo necesario para contar la historia y todo fluye de principio a fin de una forma tan armoniosa que disfruté leer cada pagina de cada tomo, alimentando esa esperanza de que quizás, algún día, Konami nos regale una nueva y magnífica entrega de esta, mi saga preferida de videojuegos.