"Narra seca y concisamente los hechos, establece las fechas, determina las distancias, describe lo que ve como lo comprende, sin ornamento de estilo ni divagaciones, y sólo de vez en cuando formula un juicio, hace una reflexión o consigna datos etnográficos, geográficos, estadísticos, astronómicos o de historia natural, que en breves rasgos nos dan un retrato, bosquejan una comarca, describen un animal o una planta, señalan un punto en el espacio o dan ideas de razas y costumbres perdidas, suministrando a la vez elementos preciosos para la cronología y para la historia de la colonización inicial del Río de la Plata por la raza europea." Bartolomé Mitre
Ulrico Schmidl o Schmidel o Schmidt, (1510-1579/1580/1581), fue un soldado lansquenete, viajero y cronista de origen alemán, famoso por la publicación en 1567 de su Verídica descripción.
Sus testimonios adquieren particular valor por provenir de un conquistador no español (que a su vez publica fuera de España) y en especial, por ser una de las primeras crónicas de los habitantes y territorios que él recorrió por muchos años; y que luego compondrían los actuales países de Argentina y el Paraguay.
Una crónica esencial y horrenda. Esencial, porque es necesaria para empezar a comprender lo que significó la llegada de los europeos al Río de la Plata, ávidos de oro, plata, riqueza fácil, dominio, conquista y poder, en un relato narrado en primera persona por uno de los perpetradores de la invasión, el alemán Ulrico Schmidl, que no tiene tapujos ni reservas a la hora de explicitar la matanza, la dominación y la esclavitud de los pueblos indígenas. El cronista no se anda con vueltas ni interpretaciones, lo que le brinda al texto un carácter llano y simple, de registro de fechas, episodios, características de las tribus indígenas (con el ojo codicioso del europeo puesto en los recursos naturales) y números de asesinados por sus cañones y arcabuces. Y es horrenda, realmente espantosa, porque a su paso los europeos van masacrando y exterminando poblaciones indígenas enteras, con sus hombres, mujeres y niños, como si no fueran más que insectos, muchas veces por puro odio o porque los indígenas se negaban a entregarles todos sus alimentos y recursos. Las cifras de muertos revelan, además, la saña y la intención de exterminio, el asesinato indiscriminado: si en los “enfrentamientos” caen diez europeos y unos pocos resultan heridos, en el bando de los indígenas los muertos se cuentan de a miles y el destino de los sobrevivientes no es otro que la tortura, el sometimiento y la esclavitud.
Por ejemplo, al comienzo del relato, los querandíes brindan alimentos a los europeos (catorce barcos llenos de hombres) durante quince días; luego, con sus recursos agotados, se niegan a seguir alimentándolos; ahí Mendoza da la orden, y cito, “de tomar presos o matar a todos estos indios Carendíes y de apoderarnos de su pueblo”; el resultado de ese ataque son mil indios muertos y el pueblo saqueado e incendiado. Otro ejemplo: en un momento pasan navegando cerca de un poblado y son expulsados, no se les permite acercarse; más adelante someten a otro pueblo “más dócil” y les toman 8.000 indios para volver hacia atrás y juntos destrozar a los que los habían rechazado; cito: “Los encontramos en el mismo lugar en que los dejamos, y los sorprendimos, sin que nos sintiesen, en sus casas, porque aún dormían, entre las 3 y 4 de la mañana; allí matamos chicos y grandes dando muerte a todos”. En definitiva, es una crónica de esencial lectura, a pesar del horror que causa, para conocer el nivel de bestialidad y salvajismo de los europeos que llegaron a estas tierras habitadas desde hace 12.000 años por pueblos originarios, que desde entonces, y hasta la fecha, no han dejado de sufrir las consecuencias.
“Allí levantamos una ciudad que se llamó Buenos Aires: esto quiere decir buen viento” explica Ulrich, testigo privilegiado y protagonista de los orígenes de mi ciudad. Es fascinante leer en primera persona esos episodios que leímos en textos escolares de indios que ubicamos en el mapas (querandíes, charrúas, guaraníes), de colonizadores de los cuales sólo nos acordamos de Alvar Nuñez Cabeza de Vaca por lo pintoresco del nombre.
“Con su estrellita roja para marcar el sitio / en que ayunó Juan Díaz y los indios comieron” dicen el poema Fundación Mítica de Buenos Aires de Borges. Ulrich llega a Río de Janeiro y luego al Río de la Plata. Relata el apuñalamiento de Juan Osorio por sublevación, un primer encuentro con los querandíes y sobre la codicia que llevó a Pedro de Mendoza a pagarles su hospitalidad atacándolos por un solo día que no recibió su pescado y carne. A los tres que en la desesperación por el hambre se robaron un caballo ordenó matarlos; luego fue el cuerpo de ellos el devorado a escondidas -incluso por el hermano de uno de ellos-. Ese tramo del viaje termina con los conquistadores abandonando el fuerte y refugiándose en los buques por el asedio de los enfurecidos querandíes: un inicio nada glamoroso por algún motivo fue celebrado cuatrocientos años después erigiendo el Obelisco.
El resto del libro son aventuras que parecen sacadas de un libro para adolescente por lo pintorescas y entretenidas, en las que los capitanes se van sucediendo con mayor o menor fortuna. Tras la muerte de Don Pedro de Mendoza en el barco de regreso a España lo suceden Juan Ayolas, Domingo Martinez Irala y Alvar Nuñez Cabeza de Vaca, a quien terminan apresando durante un año y mandándolo de regreso a España.
Luego de veinte años de aventuras Ulrich pide regresar a España y su vuelta es también una odisea. Tras cuatro meses para cruzar el océano, pierde el barco del último tramo por culpa de una borrachera de un Capitán y tiene que tomar otro barco. En un giro cinematográfico, el primer barco termina hundiéndose por lo que ese percance terminó siendo una fortuna que salvó su vida.
Antes se creía este libro obra de fantasía pero hoy se considera verdadero. Seguramente haya cierta invención en las cantidades (habla de dos mil, cuatro mil, veinte mil indios) y otros detalles. Creo que lo más valioso es que quizá al no ser español no tiene un interés en el asunto. Habla de muertes, de asesinatos, de ahogados, de venganzas y de traiciones en un tono de crónica como si no fuese él quien lo está viviendo en ese lugar, en ese momento. Lo hace desde un segundo plano que todo lo ve y que pareciera no afectar la escena. Pero eso no le quita intensidad y cercanía a su estilo oral, que parece relatado alrededor de una fogata o en una tienda de campaña a un confidente. Describe cómo se organizaban los indios (qué hacían los hombres y las mujeres), de qué manera vestían (si se cubrían sus partes pudendas o no), qué comían y así aporta datos valiosos para entender culturas que luego serían arrasadas.
Según Martín Prieto, es uno de los más antiguos documentos literarios producido en lo que posteriormente sería Argentina. Como si se tratase de notas de campo, el soldado Schmidl dejó un testimonio rudimentario pero invaluable de una travesía delirante: la conquista que llevaría a la primera fundación de Buenos Aires y a la definitiva de Asunción. Docuementa en primera persona los encantos civilizatorios de la expedición española en el sur de América: saqueos, canibalismo, matanzas, desmembramientos y violaciones, entre otros sucesos aborrecibles y, por tanto, dignos de servir como fuente para la próxima serie de Netflix.
en general las crónicas de la conquista siempre son interesantes pero al momento de leerlos tienen esos agujeros repetitivos infumables, esta no es la excepción. de todos los textos de la conquista del río de la plata que tuve que leer lo sentí el menos interesante literariamente¿ puede ser en parte por haber sido el único que tuve que leer completo pero el resto parecen tener una intención mas clara, un estilo mas marcado y una narración mas "lineal" ponele