Un volumen que reúne toda la obra poética de uno de los mejores poetas de nuestro tiempo y que incluye un bellísimo prólogo de Julio Cortázar escrito en 1981, y un texto de Pere Gimferrer escrito expresamente para este volumen. Una obra que muestra una trayectoria que se caracteriza por la enorme variedad de registros de un poeta múltiple, una auténtica revolución permanente del lenguaje, reflejo de su intención de transformar el dolor en amor, la muerte en vida, el horror en esperanza.
Juan Gelman is one of the most read and influential poets in the Spanish language. He has published more than twenty books of poetry since 1956 and has been translated into fourteen languages. A political activist and critical journalist since his youth, Gelman has not only been a literary paradigm but also a moral one, within and outside of Argentina. Among his most recent awards are the National Poetry Prize (Argentina, 1997), the Juan Rulfo Prize in Latin American and Caribbean Literature (Mexico, 2000), the Pablo Neruda Prize (Chile, 2005), the Queen Sofia Prize in Ibero-American Poetry (Spain, 2005), and the Cervantes Prize (the most important award given to a Hispanic writer, Spain, 2007).
Long biographical note
Juan Gelman is the most significant, contemporary Argentine intellectual figure and one of the most read and influential poets in the Spanish language. Son of a family of Jewish immigrants from the Ukraine, he grew up like any other porteño, among soccer and tango, in the populous neighborhood of Villa Crespo. At 11, he published his first poem in the magazine Rojo y negro, and in the 1950s formed part of the group of rebel writers, El Pan Duro. He was discovered by Raúl González Túñón, among the most relevant voices of the southern country’s poetic avant-garde, who saw in the young man’s verses “a rich and vivacious lyricism and a principally social content […] that does not elude the richness of fantasy.”
Gelman has published, from his initial Violín y otras cuestiones (1956) to his most recent Mundar (2008), more than twenty books of poetry. These works, as Mario Benedetti asserted early on, constitute “the most coherent, and also the most daring, participatory repertoire (in spite of its inevitable wells of solitude), and ultimately the one most suited to its environment, that Argentine poetry has today”, and Hispanic poetry in general, as the profusion of re-editions of his books and numerous anthologies proves. Gelman’s poetry has achieved international recognition, with translations into fourteen languages, including English. Among his awards are the National Poetry Prize (Argentina, 1997), the Juan Rulfo Prize in Latin American and Caribbean Literature (Mexico, 2000), the Pablo Neruda Prize (Chile, 2005), the Queen Sofia Prize in Ibero-American Poetry (Spain, 2005), and the Cervantes Prize (Spain, 2007), the most important award in Hispanic Letters. No one should be surprised to see him the winner of the Nobel Prize in Literature one day.
It would be relevant to note that Juan Gelman has not only been a literary paradigm but also a moral one, within and outside of Argentina. A political activist and critical journalist since his youth, he was forced into an exile of thirteen years because of the military dictatorship that ravaged his country from 1976 to 1983, and the weak governments that followed. In 1976 the ultra-right kidnapped his children, Nora Eva, 19, and Marcelo Ariel, 20, along with his son’s wife, María Claudia Iruretagoyena, 19, who was 7 months pregnant. Nora Eva would later return, unlike his son and daughter-in-law, who were killed; their child born in a concentration camp. The vehement search for the truth about the fate of these family members, which culminated in finding his granddaughter in Uruguay in 2000, has made the poet a symbol of the struggle for respect for human rights.
Like other poets from his time and space, Juan Gelman creates his work starting from a critique of the so-called post-avante-garde poetry, which surges in the Hispanic world in the 1940s and breaks with the powerful avante-garde. He is a poet who denies the labors of the Mexican Octavio Paz, the Cuban José Lezama Lima, the Argentine Alberto Girri, among others, to reaffirm it in his own way. It is a poetry that goes against the current, transgresses the established social and cultural order, challenges the individualism intrinsic to modernity and the neo-colonial condition. A poetry that renounc
El dolor ve de lejos su animal, clava su ciencia insegura en el muro donde nadie hace sombra. Me buscan los que no niegan su cosecha de espina. Nada pesa tanto como su antes en la falta de sueño del suelo. Escriben con un lápiz sin puna en los bordes ilesos. (981)
"¡Cómo decir las cosas más simples de la vida! Este pan, ese pájaro, la noche. ¡Cómo decir un hombre claramente!"
"ahora me callo apoliner ya la injusticia institucionalizada bastaba para engordar la muerte que se daba sin revolver"
"y hemos hecho el amor como bestias y delicados como bestias y tristes como bestias?"
"en realidad huyo de ellas como de las ciudades antiguamente malditas asoladas por las enfermedades las catástrofes los reyes extranjeros y magníficos más malas que el dolor son estas ruinas que levanté viviendo dejando de vivir"
"ah desdichada ah vieja vieja como el mundo y como él tierna a pedazos piadosa bella incluso todos los que murieron sirviéndola a usted hierven en el infierno"
"¿adónde van ladrones desuella-caras malos cristianos robando todo el mundo?"
"un infierno que procuró desalojar volviendo a entrar una y otra vez sacando cambiando monstruos"
"o furia humana oh su ave suave quería que no se sueñe más nocturnamente o que se sueñe de día y se haga noche el día y se haga realidad el sueño o sueño toda realidad y cada hombre se cosiera ya dulcemente sus mitades"
"¿cuál es la relación entre esa realidad exterior y esta irrealidad interior? o ¿cuál es la relación entre esa irrealidad exterior y esta realidad interior? no lo sé la línea gris del río se parece al cuchillo con que cortaron el cielo"
"muertos que digo/aire que son/huesito o patria/resplandor/"
"que mis más cercanos yacen muertos/vivo rodeado de fantasmas/¿o los fantasmas se mueven por mí?"
"¿qué estoy haciendo con los miles yo de compañeros muertos? ¿me estoy enmuerteando yo?"
"¿eh compañeros?/ empezamos temprano a criticar los e/horrores"
"así/viajamos del pecho al seco sol que dora la maravilla/o existir"
"¿te descriaturás como paloma que busca un ojo ciego para ver?"
"¿desalmándome llegue a tu almitar?"
"para que todo se aconseje como respiración de pie sin respirar" "burros violetas"
"llegó el día con su recordación de muerte/llegó la noche con su recordación de muerte llegó la muerte con su recordación/ nosotros vamos a empezar otra vez/ otra vez vamos a empezar/"
"como miles de bestias que pisan el arrabal del alma/"
"¿pajarito que sólo anida en su volar/como fuego que surca el aire o luz o fiera que roe la tristeza como un hueso?/¿justicia que pone paz en la memoria?/¿merced como un otoño donde caen las almitas como hojas de vos?/"
"como fantasmas o criaturas que sólo viven muertamente/ así me sos/como pedazo de fuego en cada hueso mío donde conozco y te conozco/"
"nos vamos con la derrota a otra parte/ con este animal a otra parte/ los muertos a otra parte/ que no hagan ruido/callados como están/ni se oiga el silencio de sus huesos/ sus huesos son animalitos de ojos azules/ se sientan mansos a la mesa/"
Durante los últimos años, en la crítica literaria hispanoamericana se ha asentado la categoría de la literatura de los hijos para hablar de escritores latinoamericanos que, habiendo vivido períodos dictatoriales desde su infancia, han utilizado la escritura para rememorar y ficcionalizar lo vivido. Considerando este bagaje, leo a Juan Gelman quien, en múltiples de sus poemas, apela precisamente a la imagen del hijo para hablar de la pérdida y la pesadumbre del arrebato:
¿estás vivo?/¿estás muerto?/¿hijo? ¿vivimorís otra vez/otro día/como moriviviste estos tres años / en un campo de concentración? (Gelman 596).
Movido por la curiosidad y por el compromiso político que las voces poéticas de Gelman manifiestan –por ejemplo, mediante la mención explícita de símbolos ideológico-políticos como la Revolución, la lucha de clases y el capitalismo–, me pregunto si es posible establecer un vínculo entre este hijo perdido y la dictadura que asedió a la nación argentina durante casi ocho años. Avanzando mi lectura, hallo un fatídico dato que dará luces a mis preguntas: escribe Gelman que “el 24 de agosto de 1976 / mi hijo marcelo ariel y / su mujer claudia, encinta, / fueron secuestrados en buenos aires por un / comando militar (…) hasta que no vea sus cadáveres / o a sus asesinos, nunca los / daré por muertos” (638). Por supuesto, esta cita desmiente mi inicial tentativa que vinculaba a Gelman con la literatura de los hijos –sabía que la cronología no cuadraba, pero cuando leo tiendo a ignorar ese tipo de cosas a ratos– y lo erige como una literatura de los padres.
De esta manera, concluyo que la potencia de la poesía de Gelman reside en dos matrices textuales esenciales: (1) el ambiguo límite entre realidad y ficción que atraviesa a su poética y que se demuestra en apariciones como esta; y (2) la sinceridad de una voz lírica que decide poetizar para llorar lo despojado.
El rasgo número uno nos permite pensarlo como un escritor de la modernidad poética, pero el rasgo número dos nos invita a reflexionar sobre el rol de la poesía para calmar las angustias inquebrantables de quien pierde a su hijo con toda la violencia que puede ejercer el aparato estatal. Surge, entonces, una pregunta incómoda: ¿puede la poesía cambiar algo en un escenario tan terrible como aquel? Me parece que el mismo Gelman, en un ejercicio metapoético precioso, ofrece una humilde respuesta a esta pregunta:
“este hecho explica que ningún endecasílabo derribó hasta ahora a ningún dictador o burócrata (…) y también explica que un verso puede nacer del encuentro entre una piedra y un fulgor de otoño” (548-549).
Me gusta Juan Gelman porque escribe con tantos encabalgamientos que parece que se tropieza con su propia experiencia pero luego pienso que quién no lo hace? Me inspira a la hora de escribir, como que no hay esquemas. hay barras en poemas en verso que asemejan una prosa. Todo se corta, hasta la misma palabra. Hay otros, sin embargo, que no me gustan tanto.