Una novela notable. La prosa de Sergio Bizzio es voyerista, audiovisual, directa, cruda. Debajo de la superficie de una trama que parece simple, costumbrista, naturalista, de una argentinidad coloquial llana, se perciben profundidades psicológicas, sociales, políticas y estéticas que son capaces de hipnotizarnos. Pareciera que Gregor Samsa se despertó convertido en algo peor que un insecto: un argentino de clase obrera, un hombre común, pobre, que trabaja en un barrio rico, un marginal que conoce a una empleada doméstica de la que se enamora y de golpe explota de rabia. La lucha de clases irrumpe con toda su violencia. El obrero de la construcción se vuelve asesino. Parasita en secreto la mansión en la que trabaja su novia. Y vuelve a matar. Lo consume el fuego de un resentimiento que se nos escapa, que nos deja perplejos. La tensión entre la empatía por un ser humano al que le tocó en suerte el sufrimiento y el rechazo instintivo por el mismo ser humano que no duda en matar a cualquiera que despierte su odio nos arrastra a una dialéctica desconcertante. Esta novela de Bizzio se desliza por las sombras, como su protagonista. El sufrido asesino escucha todo, calcula, piensa. Su única amistad es una rata que lo muerde y -finalmente- lo mata. Sin embargo, como ocurre en Era el Cielo, otra novela impresionante de Bizzio, hay una especie de redención final, melancólica, pero redención al fin. El asesino, en una febril iluminación comprende que está completamente solo, moribundo, con su hijo casi desconocido en brazos. La música de la prosa de Bizzio es polifónica, descompuesta, atonal. Opino que se trata de una novela de alto impacto, talentosa, aunque con algunos golpes bajos que le restan valor estético. Creo que su lectura es muy recomendable junto con otras novelas del mismo autor como Planet -desopilante- y Era el Cielo -en la misma línea que Rabia-.