Proclamado poeta maldito por Baudelaire e ingeniero de las letras por Paul Valéry, inmerso en una leyenda negra de alcohol, opio y demencia, Edgar Allan Poe tuvo en verdad una única locura: las letras. Para Poe la palabra poeta significaba: el hombre que descifra. Es cierto que toda indagación acerca de Poe, contemporáneo de los buscadores de oro de California, choca con la realidad de una vida espantosa. Huérfano de dos actores famélicos a los pocos años de edad, criado como pequeño aristócrata por un negociante en tabaco de la Virginia esclavista, a los dieciocho años escapa para enrolarse en el ejército, después en el periodismo. Durante veinte años Poe es mercenario de la pluma, inventor incansable en todos los géneros, desde los cuentos que ponen los pelos de punta al relato policiaco, de la ficción científica al poema cósmico, crítico incorruptible aunque mixtificador impenitente, tres veces redactor jefe… y condenado, pese al momento de gloria, al desprecio, el insulto y la miseria. Emborrachado por unos agentes electorales, el caballero virginiano agoniza en una acera de Baltimore a los cuarenta años de edad. La vida de este genio fundador de la literatura moderna constituye de por sí una trama narrativa de primer orden. Georges Walter, el gran novelista francés de origen húngaro, ha sabido tomar lo esencial para tejer, con el rigor del historiador y el talento del narrador, una obra apasionante y esclarecedora. Cruzando los Estados Unidos del siglo pasado, por donde el ferrocarril y la prensa van barriendo a los cheyennes y los bisontes, e introduciéndose en las ciudades hoy marcadas por su paso, Georges Walter sigue la pista de este indio sin tribu que quiso vivir hasta el fin de la noche su sueño lúcido y secreto y a quien sus libros le representaron en total, a lo largo de toda su vida, 300 dólares. El futuro nunca terminará de pagarle la deuda. (Texto de contracubierta)