Las historias de Toño Malpica tienen ese “no sé qué” que logran quedarse impresas en la memoria y en el corazón. “Ver pasar los patos” es una novela en la que viajamos al pasado, a la época de la Revolución. Pero ese levantamiento armado no es aquí lo relevante, lo verdaderamente importante aquí son las aventuras de Pepino y su grupo de amigos, que juegan, hacen travesuras, sueñan, se enamoran, se meten en problemas, deben de tomar su emulsión de Scott, persiguen a una banda de ladrones y le huyen a la bruja del pueblo que, si quiere, los puede convertir en perros. ¡Qué miedo! Mejor nos mantenemos alejados. Pero quien sabe, quizá esa bruja no sea tan mala y sólo quiera advertirnos de la linda vida que tenemos por delante.
A pesar de que Pepino y sus amigos viven congelados en el tiempo en una época lejana a la nuestra, eso no quiere decir que no nos sintamos identificados. La historia sucede en un pueblo de México, un pueblo como cualquier otro en nuestro País, en el que se escucha acerca del General Villa, los niños leen historietas y hacen gestos de asco cuando se les acerca la cucharada de la emulsión de aceite de hígado de bacalao que deben tomar para crecer sanos y fuertes.
El final de esta historia es emotivo y emocionante. Abrimos con Pepino un baúl y nos enteramos de que ha tenido una buena vida. No nos queda más que emocionarnos y exclamar que esta historia está: ¡de mofletes!