Qué lectura más intensa, esto es más que un libro que habla de libros, esto fue una biblioteca andante, que se paseó por mi mente.
Que tesoro de lectura, párrafos, párrafos y más párrafos que son verdaderos joyas, regalos en forma de libros, frases, pensamientos, emociones.
Esta novela comienza con Agnès Desarthe de niña recalcando que no la gusta leer, aunque lo hacía a escondidas de sí misma.
Agnès Desarthe nos va recitando su niñez, su juventud, su presente, todos los recuerdos que evoca del pasado están fusionados con historias que nos cuentan los libros.
Mi mente fue conquistada como por una especie de mariposas con títulos de libros, escritores, frases, emociones.
Pero lo sorprendente de esta lectura es que está relatado con una prosa majestuosa, elegante, brillante, absolutamente atrapante, que te impide dejar de leer, no es una lista de libros, es una inmensa novela repleta de historias de novelas.
Puedes estar de acuerdo o no con lo opina de las lecturas que ella menciona, eso es lo de menos, lo importante es el método de describirlas, la manera con la que siente sus lecturas.
Por los capítulos finales nos delineara como disfruta trabajando también de traductora, sus trucos, su forma de hacerlo, la pasión que pone.
No pondré ningún título, ni ningún escritor de los que menciona, la lista sería infinita.
Fue una de estas lecturas que te llevan a infinidad de ellas, tu lista de libros para leer incrementará notablemente después de su fin.
Una lectura con banda sonora del silencio de la biblioteca, ese silencio que indica que cada cual está absorto en una historia, en una aventura, todos en el mismo lugar, pero cada uno en un mundo distinto.
Una lectura con añoranza al olor del papel de los libros.
Unas joyas de páginas escritas con el alma, unas páginas que te hará sentir salvajemente el placer de la lectura.
Posdata: Pero nunca olvidéis que la historia que cuenta un libro no siempre es igual.
Infinidad de subrayados los cuales no expondré o me denunciaran por plagio de reseña, solo dejare unos pellizcos.
Extractos del libro:
Leer no sirve para nada. Yo lo que quiero es escribir. Aún ignoro que existe un vínculo necesario entre ambas actividades.
Si pasa en un cuento, puede ocurrir. No establezco diferencia alguna entre ficción y realidad ni implanto jerarquía. Tengo lo que se llama una imaginación desbordante.
Mejor lo verdadero falso que lo falso verdadero.
Es como si viviera en un mundo al revés; creo en las princesas, en las hadas, en los espejos mágicos, en los genios, en los magos, pero me niego a conceder el menor crédito a lo que la mayoría de la gente parece considerar como «normal».
¿Por qué después de una cierta edad ya uno nunca se sienta en el suelo con las piernas cruzadas?
Escribir no es una elección, es una necesidad.
La traducción me ha enseñado a leer las diferentes escrituras.
El traductor no está ahí para corregir las negligencias, los olvidos ni los errores.
Aprendo a leer sin darme cuenta. Es lógico, es sonido, música.
No tengo ningún problema con la lectura. Tengo un problema con los libros.
La literatura no solo anula las fronteras, sino que además ayuda a franquearlas.
Poco importa la calidad de la obra, lo que yo busco es la escena: un dedo que sigue una serie de letras y consigue, por primera vez, desentrañar su sonoridad, descifrar su sentido.