Louise es una joven hipoacúsica, ya no escucha nada por su oído derecho y en el izquierdo se le dificulta. Está considerando un implante coclear, lo que significaría reaprender a escuchar. ¿Se imaginan lo difícil que puede ser eso? ¿Volver a aprender todo lo que uno ya da por sentado? Esta es una tremenda historia de autoficción de Adèle Rosenfeld, basándose en sus propias experiencias.
Creciendo con los cinco sentidos "normales", me he imaginado constantemente cómo sería perder uno de ellos, aprender nuevamente a vivir sin el sentido de la vista, o el oído, inclusive el olfato y el gusto. Por eso me sorprendió La descripción de los detalles y las situaciones, que son claramente de una experiencia real, y puestas en palabras de una forma tan clara que uno se siente en los zapatos (o los oídos) de la narradora.
Es una mujer solitaria, que se ha acostumbrado a vivir en un mundo sonoro ocultando su sordera, su discapacidad no la ha detenido. Pero, tiene unas extrañas alucinaciones, ¿o no? Para mí, fue muy confuso el origen y la aparición de un perro tuerto que la sigue, así como un soldado, que a veces parece real. Louise termina trabajando en servicio al cliente, de todos los puestos posibles. Debe registrar los nombres de recién nacidos, mientras se acostumbra a los sonidos que experimenta con su nuevo aparato. ¡Es una tortura! Su sufrimiento es palpable, hace lo que puede pero su oído no le da para más.
Pero, el libro no es tan emocionante como suena. Al menos, no lo fue para mí. Sus alucinaciones terminan agotando pronto, el concepto de su sordera es tremendo, doloroso y difícil para ella... Pero, ¿y? Yo no sentí tanto dilema en si aceptar el tratamiento del implante o no. Louise se acostumbró a su sordera y así vive, le importa poco perderse muchas cosas, no es un conflicto realmente en su vida. La discusión real se viene a ver más allá de la mitad del libro, cuando reconoce el miedo a un agente externo en su cabeza y que todo será diferente, aunque no sabe lo que eso signifique.
Sus relaciones (amistades, sentimentales y familiares) no fueron lo suficiente para mantenerme atrapado lo suficiente. Me cansé fácilmente y seguí leyendo saltado hasta encontrar el conflicto real, el de ponerse el implante, donde me volví a conectar con la historia. En el proceso, perdí el cariño por la protagonista y su situación, porque si ni a ella le importa, ¿por qué debería importarme a mí?
Sin embargo, la historia recupera su interés. Además, es un gran mérito narrativo, pues nos ofrece una visión diferente de la sordera desde una primera persona que lo ha vivido. Quizás, para ella son más importantes otras cosas diferentes a la sordera, y tiene todo el sentido, se acostumbró a vivir de esa manera y no le ve lo extraordinario que los demás sí podrían encontrarle. Creo que con unas cuantas hojas menos, el libro funcionaría perfecto.