El día 10 de septiembre de 2001, Brandon Moy se encontró en Nueva York con un antiguo amigo que le hizo recordar todos aquellos sueños que habían compartido en la juventud y que él nunca había cumplido. Moy tenía una esposa a la que amaba, un hijo ejemplar, un apartamento envidiable en Manhattan y un trabajo de éxito, pero al recordar todo lo que había querido hacer en la vida sintió que había fracasado. A la mañana siguiente de ese encuentro, mientras él iba camino de su trabajo en las Torres Gemelas, los aviones de Al Qaeda las derribaron. Brandon Moy creyó que el destino le ofrecía una segunda oportunidad.
La misma ciudad es la historia de esa segunda oportunidad. La historia de Brandon Moy en busca de sí mismo a lo largo de una geografía a veces tenebrosa. Un viaje a través de lo ilusorio de los sueños y del valor de la aventura como fuente de riqueza existencial. La misma ciudad, con un protagonista de muchas caras, es una novela brutal y refinada al mismo tiempo, que reúne la quintaesencia del mundo narrativo de Luisgé Martín.
Luis García Martín, conocido como Luisgé Martín es un escritor español, Premio Ramón Gómez de la Serna, Premio del Tren "Antonio Machado" de Cuento y Premio Vargas Llosa NH de relatos.
“La misma ciudad” es un relato convertido en novela que cuenta las andanzas de un ejecutivo neoyorkino que aprovecha los atentados de las Torres Gemelas para hacerse pasar por muerto y empezar una vida nueva desde cero. La historia se centra en la picaresca del protagonista y en cómo va sobreviviendo a las andanzas y cumpliendo algunos sueños salvajes de juventud que se quedaron en el tintero. Es un ejercicio literario interesante que responde a una pregunta que revolotea a veces por las mentes de algunas personas: ¿qué pasaría si lo abandono todo y desaparezco sin dar ninguna explicación?
"Cuando vivimos de un modo estamos dejando de vivir de otros modos diferentes; cuando elegimos un lugar no somos capaces de imaginar lo que podría habernos ocurrido en otro lugar distinto. (...) Tal vez cada uno de nosotros tenga una encrucijada en la que le sea posible apartarse imperiosamente de todo lo que posee. Incluso de sus recuerdos." ¿Qué pasaría si la vida pone frente a ti la oportunidad de vivir "otra vida"? Esa "otra vida" a la que renunciaste cuando te decidiste por la actual, la que tienes hoy. Si tomas esta otra vida vas a poder: retomar sueños a los que renunciaste, las mujeres/hombres con los que no te relacionaste, la aventuras que no viviste, los planes que no se pudieron lograr, los lugares que tal vez en esta vida no pudiste conocer o hasta las actividades económicas que alguna vez cruzaron por tu cabeza -¿quién no dijo en algún momento de su vida: seré astronauta, bailarina, mesero, locutor, tatuador, Director, ejecutivo, Presidente, y mil etcéteras?-. Claro que siempre hay un precio y para tener esta "Otra vida" tendrías que renunciar por completo a "Esta vida" ¿tendrías el valor de dejar tu casa, tus seres queridos, tus amigos, tu trabajo, tus cosas? O mejor aún ¿qué sería lo que más extrañarías de "Esta vida": Tus libros, tu auto, tu club, tu familia, tu pareja? "Desaparecer" de esta vida para empezar una nueva siempre me ha parecido un tema fascinante. Es más, siempre he querido escribir una historia -¿cuentos, novela? sobre el tema y es por eso me llevé este libro cuando se cruzó por mi camino en la pasada FIL y aunque no me decepcionó, en ocasiones la historia parece un poco floja y algunos temas repetitivos. Lo que me gustó fue que me hizo enojarme, me dieron ganas de golpear al protagonista, al que odié a ratos, pero aun no sé si es porque lo consideré una de las personas más egoístas del mundo o porque se llega a envidiar y a cuestionar su "valor".
No me lo compro, y no me refiero únicamente a la inverosimilitud y excentricidad de los escasos episodios que llevan el personaje a llegar a una conclusión demasiado obvia. A los interesados en el tema, mi recomendación: Años luz, de James Salter.
Una oportunidad fortuita para dar un giro a su vida, hacia dónde? Ese será el recorrido al que nos llevará el autor a través de un abogado neoyorquino llamado Brandon Moy quien hasta entonces todos sus cuestionamientos solo ocurrían hacia su interior. Pensaste alguna vez en desaparecer, dejar todo lo conocido, incluso tu familia y redescubrirte en otro cuerpo? Algo de eso sucede aquí, de manera cruda, de momentos de profunda insensibilidad y egoísmo, de momento de dolor y extasis. Sentimientos que fluctúan, sueños que se evaporan en el espacio de los deseos y la autosatisfacción. Y quizá un descubrimiento o un interrogante: seremos felices alguna vez. Esta parábola de emociones es excelentemente llevada por el autor, provocando la necesidad de conocer, no el final, sino el principio de todo.
"Esta ciudad irá donde tú vayas. / Recorrerás las mismas calles siempre." Kavafis, el poeta griego, dará un nuevo sentido al protagonista. Le hizo darse cuenta que no se puede huir de uno mismo. Vayas donde vayas allí estarán tus calles, tu infancia, tu ciudad; la única que existe para ti. Y tu mujer e hijos. El querer desaparecer para ser otro, no para vivir otra vida siendo el mismo. Para ser otra persona, alguien nuevo y así poner punto final al que fuiste. La casualidad le da esa oportunidad a Brandon Moy y se convierte en Albert Tracy. ¿Y? Pues que siempre es la misma ciudad. Esa vida que admiramos en los demás cuando la hacemos nuestra es una vida como todas.
¿Quién no ha pensado alguna vez en qué pasaría si desapareciera? Así, fingir tu muerte y desaparecer para hacer con tu vida algo completamente diferente. Pues eso es lo que hace el personaje de Luisgé Martín, aprovechando el atentado contra las Torres Gemelas, abandona a su mujer y su hijo pequeño y desaparece sin dejar rastro. La novela es el devenir de Brandon Moy (así se llama el personaje) de ciudad en ciudad, de mujer en mujer, de experiencia en experiencia. La historia, además de responder a ese "y si..." que muchos nos hacemos, es muy entretenida y se hace mucho más breve de lo que ya es, y deja al lector con preguntas para reflexionar. Literatura de la buena, vamos.
La misma ciudad, retrata la aventura que un hombre decidí vivir, al tener cambiar repentinamente su vida por completo, un mundo lleno de nuevas posibilidades, de todo lo que siempre quiso hacer y ser, pero al final, el camino no parece ser muy satisfatorio, una reflexión sobre nuestras espectativas y neuras sobre nuestras vidas. Me recordó un poco al buen Siddhartha. 🤔
Quienes iban a una oficina cada día, eran fieles a su esposa, veían la televisión por las noches y veraneaban siempre en el mismo lugar, reposadamente, eran seres oscuros e inexistentes. Espectros que no dejan ninguna huella en lo que tocan. Ésa era la ley, el mandamiento: había que buscar la temeridad, pues el orden y la quietud sólo conducen a la muerte.
Extremadamente entretenida y veloz, esta novela corta nos plantea la pregunta: “¿y si simplemente desaparezco?”. Un abogado neoyorquino finge su muerte en el WTC tras los atentados de Al Qaeda y busca la felicidad en periplos inimaginables. Escrito en forma de crónica, se parece mucho a “El Adversario” de Carrère.
La felicidad no es un destino, creo que sería un comentario general que se podría hacer acerca de esta novela. Brandon Moy o Albert Tracy experimenta toda clase de vivencias extremistas por idealizar la vida de un antiguo amigo que se topó por casualidad y que intercambiaron unas pocas palabras. Me gusta lo de Luisgé Martín.
me gusta la premisa que tiene, me parece tétrica a la vez que curiosa, pero debo decir que el final no me convence (aunque puedo lograr entender la decisión del protagonista). me quedo con las siguientes frases de sus últimas páginas: "No soy feliz, pero ahora al menos sé que no podré serlo [...]. No hay incertidumbre, y eso, a mi juicio, es una forma de felicidad".
An easy read that offers up philosophical thoughts on what makes life meaningful; reflections on how chasing dreams comes with much fraughtness, fleeting satisfaction & enduring heart ache. I wonder how this short translated novella hasn't (so far) received more praise and attention.
Una idea original, escrita de forma sencilla y a ratos divertida. La premisa está clara: nada te sorprende, pero tampoco te deja indiferente. Todos hemos sentido un poco el deseo de Brandon de cambiar de vida si pudiéramos, aunque todo nazca de una tragedia.
Un libro que empieza de manera muy atractiva pero que en un momento clave usa un deux ex machina con el que hace un híper salto y nos evita tal vez la que sería la parte más interesante de la historia: el inicio de su nueva vida.
Es ligero y fácil de leer. Plantea algunas cosas muy interesantes, y el rollo meta a lo "falso documental" le sienta genial, pero el apego por la vida heteropatriarcal me aburre en última instancia
Gran pequeña novela. Atrapa desde el primer párrafo. A pesar de ser difícil de creer uno se deja llevar por la historia tan bien narrada por Luisge Martín
Empieza esta apasionante novela con un tema subyugante (subyugar: avasallar, dominar poderosa o violentamente): “todas las escuelas psicológicas lo estudian, desde el psicoanálisis clásico hasta la psicoterapia Gestalt, ese estado de ánimo que suele manifestarse hacia la mitad de la vida de las personas y que acostumbramos a llamar «crisis de los cuarenta», edad en que los seres humanos echan la vista a atrás, recuerdan los sueños que tuvieron cuando eran jóvenes y hacen luego recuento de los logros obtenidos, de las posibilidades que aún les quedan: el resultado es siempre desolador”. Así empieza «La misma ciudad», de Luisgé Martín, y con ese mismo interés subyugante con el que lees el primer párrafo, continúas uno tras otro, sin moverte de donde estás, hasta que terminas de un único tirón sus ciento treinta páginas. No hay ningún doble espacio entre los párrafos, todos son seguidos, porque la historia es tan compacta, es tan sólida, está tan medida, es tan madura y está tan bien escrita, que no lo precisa. Su personaje Brandon Moy, “también había sentido el deseo de cambiar de vida por completo, de abandonar su ciudad para marcharse a una ciudad distinta, de buscar un trabajo nuevo, de separarse de esos amigos queridos que le encadenaban a costumbres ya encenagadas y fastidiosas.” Brandon Moy es de los que piensan que cualquier ciudad, incluido Nueva York, puede ser una Ciudad de las miradas. Y así transcurre esta novela de la que no voy a contar más, tan sólo a decir que su desarrollo es exquisito, que la precisión de los sentimientos que va experimentando el protagonista son tan realistas y maduros que es imposible no sentirse afectado, y que por más que he estado pensando, no encuentro otra manera mejor de empezar este nuevo año (escribo un tres de enero todavía propicio a balances y propósitos) que leyendo una novela tan reflexiva, quizás tan necesaria, como «La misma ciudad», de Luisgé Martín.
Un planteamiento que podría haber sido ingenioso pero que se queda en algo oportunista sin ser oportuno, con un nudo un tanto inverosímil y un desenlace enroscado. No obstante, el tema, la crisis de los cuarenta, está bien planteado, aunque le falta caída libre.
Un hombre que se hace pasar por huerto para vivir las vivencias que no le han permitido su vida... la ilusión de la vida doble, de vivir al otro, de una segunda oportunidad... Me quedo con Wakefield, de Hawthorne, por supuesto, ya que este cuento largo es bastante irregular en su desarrollo. Fracasa cuando quiere ser novela reflexión, cuando intenta introducir al narrador y su entorno en la novela como una segunda mirada que, sinceramente, no interesa, o cuando quiere buscar originalidad en un tema ya muy explorado... Pero recupera a mitad de narración, en el recuento cronológico y metódicos e la vida imposible el protagonista, mucho de lo estimable de Los Oscuros, el primer libro de Luisge, con todo su aliento de recuerdo a Borges y a, sobre todo, Marcel Schwob.
Nuestra eterna insatisfacción y nuestra infausta búsqueda de la dicha son el argumento base de esta novela, partiendo de la famosa crisis de los cuarenta. Atrae, pero muchas situaciones son muy inverosímiles. Para los existencialistas.