La publicación de este volumen inédito de relatos coincide con el décimo aniversario del fallecimiento de Javier Tomeo, autor aragonés al que la crítica definió como «una inesperada colisión entre Buñuel y Kafka». Sus relatos y las novelas siempre escuetas y concisas demuestran una inusual maestría en las distancias sus ficciones son como un reloj de precisión, donde no falta ni sobra nada. Toda la obra de Tomeo está poblada, de forma literal o metafórica, por sus queridos monstruos, a través de los cuales se presenta un universo tamizado por el absurdo y el humor negro, donde habitan lo distinto y lo asimétrico, y donde reina una profunda sensación de soledad que caracteriza el mundo contemporáneo. Los monstruos, a los que Tomeo se refirió en reiteradas ocasiones como «difíciles ejercicios de amor», se encarnan en estas páginas en vampiros cuya identidad es a veces puesta en duda por sus semejantes, o en extraterrestres que, o bien están preparando en secreto una tercera guerra mundial, o bien presagian una segunda edad de oro, si es que hubo una primera. Al contrario de lo que podría suponerse por el título, estos relatos no se inscriben ni en la categoría de la ciencia-ficción ni en la del terror, sino que el autor aborda la subversión hilarante de algunos de los clichés de estos géneros para ahondar en las patologías propias de la condición humana, reducida a una suerte de teatro de lo burlesco.
Javier Tomeo estudió derecho y criminología en la Universidad de Barcelona. En los años cincuenta escribió literatura popular (novelas del oeste, de terror, etc..) bajo el pseudónimo «Frantz Keller» para la Editorial Bruguera. En 1963 editó, junto a Juan María Estadella, La brujería y la superstición en Cataluña. Pero no fue hasta unos años después, en el 1967, cuando se publicó su primera novela "seria". Su novela 'El Unicornio', aparecida en 1971, le hizo ganar el premio de novela corta Ciudad de Barbastro. En esa década aparecieron algunos de sus títulos más significativos como ahora "El castillo de la carta cifrada".
En la década de los ochenta se confirmó como uno de los mejores y más personales narradores españoles contemporáneos. En la producción de esos años destaca 'Diálogo en re mayor' y 'Amado monstruo', acaso sus obras más exitosas.
Su universo literario creció en los noventa con la publicación de numerosos libros: El gallitigre (1990), El crimen del cine Oriente (1995), Los misterios de la ópera (1997), Napoleón VII (1999) o Cuentos perversos (2002), entre otros.
En los últimos meses de su vida tuvo múltiples complicaciones de su diabetes y falleció a los 80 años por una grave infección en el Hospital Sagrado Corazón de Barcelona.
El 26 de junio de 2013 se celebró en Barcelona un funeral laico. El 27 de junio fue enterrado en el cementerio de Quicena.
Me puse el gorro de detective para averiguar las entregas de Javier Tomeo que aparecerán en los próximos años. Diez años del fallecimiento del particular autor aragonés de los que rinde cuenta el artículo.
Primera lectura de Javier Tomeo. Perplejidad, sorpresa, algunas risas –que no carcajadas como con el Ignatius de Kennedy Toole- y la sensación de que ha servido para liberar ciertos corsés que en ocasiones tenemos como lectores. No es para todos los públicos, eso está claro. Y sin ser, creo, el tipo de persona que más podía apreciar esta colección de pequeñas locuras en forma de relatos, me ha gustado.
Difícil de clasificar. Hay que establecer en primer lugar un estado de complicidad con el autor para poder valorarlo en su justa medida. En esta fase se caerán la gran mayoría de lectores que no sepan a qué tipo de relatos se están enfrentando. “Vampiros y alienígenas” recorre con humor el imaginario y los tópicos clásicos de estas temáticas adaptándolas a contextos actuales o atemporales, pero con un cariz altamente surrealista. Poco más puedo decir para que alguien se haga una idea. Un soplo de aire fresco en ocasiones necesario.
Descubrí a Javier Tomeo un verano caminando por calles nunca antes transitadas cerca de mi casa. Llegué a un inmenso parque con lago y entre unos árboles de magnitud centenaria encontré una biblioteca que llevaba su nombre y a la que se accedía por un angosto pasadizo. Entrar se convirtió en una rareza excitante. Dentro, en un espacio muy pequeño, dividido en salas contiguas y rodeado de libros por todas partes, di con un mueble librería protegido por vitrinas de cristal, que a modo de colección, reunía todas las obras de Javier Tomeo. Había dedicado su vida entera a la literatura. Era aragonés y yo no había sabido nada de él hasta ese día. Elegí una novela. Noté que se trataba de un estilo kafkiano. Kafkiano aragonés. Salí del edificio por el mismo pasadizo estrecho, largo y oscuro que me devolvía a El Rabal. Ahora todo era diferente, incluso extravagante, portaba en mis manos la obra de un escritor peculiar, original, interesado en una realidad limítrofe, onírica, que alcanzó su grandeza a partir de la indigencia moral del hombre moderno. Este prisma hizo de mi regreso a casa otra aventura más hiperrealista, por las mismas calles que fueron de búsqueda, fui acompañado del recuerdo de Buñuel, Samuel Beckett y del teatro del absurdo, sensible a un mundo de surrealismo, atravesando el barrio de la margen izquierda del Ebro. Todo ganaba intensidad y más profundidad. El monstruo podía ser amado.
Vampiros y alienígenas es un conjunto de veinte relatos, escritos hacia el final de su vida, en el tercer piso de una pensión del balneario de Panticosa, entre las montañas mágicas del Pirineo. Este año 2023 han sido rescatados y publicados en el décimo aniversario de su muerte para que sus lectores sigan disfrutando de los inesperados paraísos verbales de un escritor esencial e internacional, a través de estos Seres de Ultratumba de mirada desesperada, con aspecto distinguido y modales refinados, dedicados al rito sagrado de la sangre y al éxtasis de la crueldad como otra forma de amor; marcianos camuflados entre la población, como, tal vez, el joven cura del pueblo, con su infinita maldad por invadir el planeta o Edelmiro K. el quintacolumnista; y un hombre lobo, hospedado en una pensión. Todos cargados de humor y afilados. Un trabajo excelente en la cima de su oficio.