La publicación en 2006 de “Miserias de la guerra”, novela inédita de Pío Baroja finalizada en 1951, fue celebrada como un acontecimiento literario, pues daba por fin a luz una obra cuya existencia se conocía. Con ella, el lector tiene en las manos la novela de Baroja acerca de un episodio tan señalado en nuestra historia como es la Guerra Civil española. Con todo, es inútil buscar en estas páginas una novela rigurosamente histórica. Escrita desde el escepticismo de la edad y la convicción de que España no tiene remedio, “Miserias de la guerra” no expone la vivencia real que el autor tuvo de la contienda, sino la vivencia fabulada a través de sus personajes, si bien late en ella, como no puede ser de otro modo, la de los años previos al conflicto armado –estos sí vividos de primera mano– desde una neutralidad defendida a ultranza.
En la novela encontrará el lector los rasgos del mejor Baroja (1872-1956), como son la agilidad y el nervio en la escritura, así como la personal reflexión manifestada a través de las caracterizaciones y de los diálogos.
Pío Baroja y Nessi (1872-1956) nació en San Sebastián y vivió durante casi toda su vida en Madrid, donde estudió Medicina. Su ejercicio como médico fue breve, en Cestona. Volvió a Madrid, donde entró en contacto con Azorín y Maeztu, que le llevaron a entregarse a la literatura, su gran vocación. Publicó sus primeros libros en 1900 tras una serie de colaboraciones en diarios y revistas. Siguió una etapa de intensa labor que conjugó con viajes por España y Europa. En 1911 publicó El árbol de la ciencia. Hasta entonces había publicado ya, además de cuentos, artículos y ensayos, diecisiete novelas que constituyen lo más importante de su producción. Su fama se consolidó y su vida se consagró a escribir, volviéndose cada vez más sedentaria. En 1935 ingresó en la Real Academia. Durante la Guerra Civil pasó a Francia, pero en 1940 se instaló de nuevo en Madrid. Murió en 1956. Pío Baroja fue el más importante novelista contemporáneo por sus extraordinarias dotes de narrador. Su influencia posterior ha sido enorme y los novelistas de la posguerra siempre le reconocieron como su maestro. Fue un escritor fecundísimo. Sus novelas son más de sesenta. Él mismo agrupó muchas de sus novelas en trilogías (34), pero estas clasificaciones, con alguna excepción, frecuentemente carecen de relación entre las obras que las integran. Hay que destacar las distintas trilogías:
- «Tierra vasca», formada por La casa de Aizgorri (1900), El nayorazgo de Labraz (1903) y Zalacaín, el aventurero (1909). Esta última es un ejemplo de la novela de acción de Baroja. Narra, animada y ágilmente, la vida del vasco Martín Zalacaín: su infancia y aprendizaje para la vida, las trepidantes aventuras de contrabandista, su antagonismo con Carlos Ohando, el amor y la muerte trágica, todavía joven, y el halo de héroe popular creado en torno suyo. - «La lucha por la vida»: La busca (1904), Mala hierba (1904) y Aurora roja (1905). La primera es para muchos la obra más intensa del autor: cuenta la historia de un muchacho, Manuel, que, venido de un pueblo a Madrid, va pasando por diversos ambientes y oficios hasta terminar en los suburbios de la ciudad, entre mendigos, golfos y vagos, al borde de la delincuencia. Baroja, con intención social testimonial, pinta descarnada y sombríamente, las clases medias bajas y, particularmente, los estratos más miserables de la sociedad madrileña de finales y comienzos de siglo: cuadros de ambiente, tipos de toda calaña —pícaros, prostitutas, criminales, proletarios— , la mendicidad y la miseria; y en medio, Manuel, que por su falta de voluntad y por la total desorganización social, se va degradando cada vez más, aunque no definitivamente, en la difícil lucha por la vida. - «La raza», a la que pertenecen El árbol de la ciencia, La dama errante y La ciudad de la niebla. El árbol de la ciencia es una novela típicamente noventayochista, en cuanto que refleja la crisis existencialista vital del inadaptado protagonista, Andrés Hurtado, sus disquisiciones pesimistas, las dolorosas experiencias que le conducen al suicidio, le dan pie a Baroja para realizar una feroz crítica de la sociedad española de su tiempo. En esta novela hay abundantes aspectos de la vida del propio Baroja.
Además escribió cuentos, novelas cortas, libros de viajes, biografías, ensayos… Resultan también destacables sus memorias, tituladas Desde la última vuelta del camino, siete volúmenes que constituyen un importante testimonio de la personalidad del autor y un excepcional panorama de toda una época.
Novela de don Pío Baroja, encuadrada en la República y la guerra incivil. En cuanto a lenguaje, estilo: Baroja no se preocupa de las comas, del leísmo, de las mayúsculas, pero en cuatro frases te pone delante un personaje y hace que lo ames o lo odies. Baroja es impresionista en cuanto a estilo, da pinceladas que se funden en el ojo del lector y crean el conjunto, la impresión de la vida. Uno de los personajes dice en la novela, bien es verdad que en otro contexto: “hay que ver la realidad de la vida, y no ocuparse de las fórmulas”.
Ahora, en cuanto a los personajes, Baroja levanta unos seres poderosos, en el sentido de reales, y que no voy a desvelar para no spoilear, unas mujeres poderosas y enteras, y sobre todo, Hipólito, que se va levantando en la novela como uno de los grandes héroes barojianos: idealista, íntegro, incapaz de traicionarse a sí mismo, con sus luces y sombras.
Un factor a tener en cuenta es la descripción del terror “rojo”, y no del blanco, se podría decir que Baroja disculpa más a los blancos que a los rojos. También está el antisemitismo barojiano, y cierta homofobia en un par de frases. Pero aún sabiendo como es, no vamos a cancelar a Baroja.
La novela va levantando el vuelo, Baroja no defrauda y nos lleva a un final tremendo. Creo que Kafka decía que la literatura si no era un puñetazo en el estómago, no era nada, y el final de Miserias de la guerra pega fuerte. Quizá A sangre y fuego, de Chaves Nogales, es un fresco más logrado de la guerra incivil, pero eso no desmerece a este. Y el final de Miserias de la guerra es mejor. Le pongo un 8,7, y me dan ganas de subir al 9.
Una frase: “La civilización es algo sin consistencia que se resquebraja fácilmente. No han influido en la vida, suavizándola, ni la religión ni la cultura. El hombre en la guerra es tan salvaje como lo era en la Edad de Piedra.” PURO BAROJA.
Buena novela pero no me ha apasionado. Habla de la vida cotidiana madrileña durante la guerra civil mediante epístolas de un diplomático inglés y su entorno. Sorprende la dureza con la que trata a los dirigentes republicanos y la ausencia de referencias al otro bando.
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