La capacidad psicologica y el juego sutil han sido considerados como la aportacion mas notable del autor a la literatura dramatica. En especial, los personajes femeninos se mueven en este teatro vivaz de fraudes, disfraces y fingimientos con una desenvoltura natural, impensable en su tiempo.(Letras Hispanicas)
Sus padres eran humildes sirvientes del Conde de Molina de Herrera. Luis Vázquez, en su «Gabriel Téllez nació en 1579. Nuevos hallazgos documentales», en Homenaje a Tirso, L. Vázquez, ed., Madrid: Revista Estudios, 1981, pp. 19–36, documenta que nació en 1579. Blanca de los Ríos sostuvo que Gabriel fue hijo natural del Duque de Osuna, alegando una partida de nacimiento prácticamente ilegible y hace nacer a Tirso en 1584. Pero esa tesis carece de fundamento y hoy está completamente desacreditada, ya que de ser cierta Tirso habría necesitado dispensa papal para entrar en la Orden de la Merced. Además, el Duque de Osuna era entonces muy viejo y se encontraba acreditado en Nápoles. Por otra parte, ninguno de sus enemigos contemporáneos le achacó jamás ese origen.
Tirso de Molina fue un discípulo ferviente de Lope de Vega, a quien conoció como estudiante en Alcalá de Henares; toda su vida defenderá la concepción lopista del teatro. El 4 de noviembre de 1600 ingresó en la Orden de la Merced y tras pasar favorablemente el noviciado tomó los hábitos el 21 de enero de 1601 en el monasterio de San Antolín de Guadalajara. Se ordenó sacerdote en 1606 en Toledo, donde estudió Artes y Teología y empezó a escribir; ésta fue la ciudad donde vivió más tiempo, y desde ella hizo viajes a Galicia (en 1610 ó 1611), a Salamanca (en 1619) y a Lisboa.
En 1612 vendió un lote de tres comedias, y se cree que ya había escrito antes una primera versión de El vergonzoso en Palacio; de 1611 es La villana de La Sagra; de hacia 1613, El castigo del penseque y la trilogía de La santa Juana, y de 1615 data Don Gil de las calzas verdes; todavía este año estrenó en el Corpus toledano el auto Los hermanos parecidos. Ya por entonces, si bien cultivaba también temas religiosos, sus sátiras y comedias le habían granjeado problemas con las autoridades religiosas, lo que lo llevó a retirarse entre 1614 y 1615 al monasterio de Estercuel, en Aragón. Quizá por ello apenas figura en el Viaje del Parnaso de Cervantes.
Entre 1616 y 1618 estuvo en Santo Domingo, en cuya universidad fue profesor de teología durante tres años y donde además intervino en asuntos de su Orden. Esto le permitió conocer numerosas historias de la Conquista que usaría más tarde en sus obras. De vuelta ya en 1618, se instaló en Madrid, donde entre 1624 y 1633 aparecieron las cinco Partes de sus comedias; estas «profanas comedias» causaron un gran escándalo, de forma que el 6 de marzo de 1625 se reunió una de las Juntas con que el Conde-Duque de Olivares pretendía reformar las costumbres con el siguiente orden del día:
El escándalo que causa un frayle merçenario que se llama el Maestro Téllez, por otro nombre Tirso, con Comedias que haçe profanas y de malos incentivos y exemplos. Y por ser caso notorio se acordó que se consulte a S. M. de que el Confessor diga al Nuncio le eche de aquí a uno de los monasterios más remotos de su Religión y le imponga excomunión mayor latæ sententiæ para que no haga comedias ni otro género de versos profanos. Y esto se haga luego. Así que se tomó la resolución de desterrarlo a Sevilla, donde residió en el Convento de la Merced, edificio que actualmente ocupa el Museo de Bellas Artes de la ciudad. En la dedicatoria de la Tercera parte alude a esta persecución, que no logró desalentar su vocación poética:
Gusano es su autor de seda: de su misma sustancia ha labrado las numerosas telas con que cuatrocientas y más comedias vistieron por veinte años a sus profesores, sin desnudar, corneja, ajenos asuntos, ni disfrazar pensamientos adoptivos. Tempestades y persecuciones invidiosas procuraron malograr los honestos recreos de sus ocios... En 1622 participó en el certamen poético con motivo de la canonización de San Isidro, pero en 1625 la Junta de Reformación creada a instancias del Conde-Duque de Olivares le castigó con reclusión en el monasterio de Cuenca por escribir comedias profanas «y de malos incentivos y ejemplos», y pidió su des
Une comédie de cape et d'épée à la fois spirituelle, légère, drôle et brillante par l'un des plus grands auteurs du Siècle d'Or espagnol. Un coup de coeur.
This is a charming although very typical comedia nueva, but it is enlivened by some wonderful female characters, the clever Doña Magdalena, who talks in her sleep in order to seduce her tutor, the completely narcissistic Doña Serafina, who dresses as a man not to follow love but just to perform and to show everyone how cool she is (!), and the scheming Doña Juana who is very obviously in love with Serafina herself.
The eponymous bashful man is very sweet, but mostly a non-entity among this palacio of women.
Una historia que no trasciende mucho. Y aunque se escribió en una época con unos roles de género y pensamiento diferentes, tiene un par de comentarios sobre las mujeres bastante fuera de lugar: uno, al querer justificar una violación por el hecho de que la mujer no supo (o quiso, según el personaje que lo dice) defenderse y, dos, al obligar el duque a su primogénita a casarse con el hombre que la ha engañado para pasar la noche con ella (lo que ella dice al enterarse del engaño es "matadle" y el padre hace caso nulo).
Dentro del periodo de los Siglos de Oro hay obras mucho mejores que esta. La parte positiva que le pongo es la diferencia notoria en el habla de los personajes: un castellano más rural en los villanos y uno más trabajo en los nobles.
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Estaba un poco reticente a empezar este libro, al ser mi primer acercamiento a la comedia del Siglo de Oro, pero debo decir que después de leerlo lo considero el mejor tipo de inciación que uno podría esperar. Totalmente disfrutable, y que incluso mueva a la risa. ¡Cinco estrellas! La comedia con Tirso empieza a tomar un cariz más complejo, con personajes graves que uno podría esperar más en una tragedia. El final es feliz y divertido, pero no se siente forzado, más bien natural. Mucho realismo en los personajes, que Tirso dota de una autenticidad inigualable.