3.5/5 Estrellas
¿Recordáis esa expresión que se comentaba en España hace unos años, cuando cosechábamos éxitos rotundos en numerosos deportes: "soy español ¿A qué quieres que te gane?" Mucho orgullo y poca humildad. Luego más dura es la caída, cuando se vuelve a perder.
Pues bien, perdonadme por el símil, pero en los primeros años de la guerra de los 100 años, los ingleses y los contingentes de los territorios continentales que estaban en su poder (gascones, bretones, normandos), no hicieron más que dar una paliza tras otra a los "pobres" franceses, sumiendo el territorio en la ruina, el caos, la violencia y el miedo.
En 1356 el príncipe Eduardo, conocido como el príncipe negro, hijo de Eduardo III de Inglaterra, lleva dos años devastando el sur y el oeste de Francia, llegando incluso a las costas mediterráneas.
El pusilánime Juan II, 2º rey de la dinastía Valois, se cagaba en el jubón sólo de pensar en enfrentarse a los miles de arqueros ingleses, por lo que remolonea y abandona a su suerte a sus súbditos. Finalmente en verano de 1356, se decide a avanzar, y con un ejército muy superior al inglés, consigue arrinconarlo en una colina cerca de Poitiers. Los ingleses sorprendentemente se dejan acorralar cuando, ahítos de botín, están a un paso de sus bases en Gascuña. Se encuentran sin víveres, sin agua e inferiores en número. Piensan en rendirse. Pero los confiados franceses, atacan.
En la batalla de Potiers, los arqueros no fueron decisivos, porque los franceses, hartos de ver sus cargas de caballería convertidas en una carnicería y a sus nobleza convertida en picadillo, decidieron atacar a pie. Esta fue su única decisión acertada, todo lo demás fue un desastre, y terminó con el Rey y uno de sus hijos prisioneros y con lo más granado de la nobleza muertos o hechos también prisioneros, Este terrible desastre enriqueció inmensamente a Inglaterra y a su nobleza (gracias a los rescates, aunque el rey francés acabó muriendo en Londres) y llevó a lo que quedaba del reino de Francia a la ruina y a la anarquía más absoluta.
El tratado de Bretigny, firmado en 1360, permitió establecer el rescate del rey Juan (no se pagó en su totalidad y acabó muriendo en Londres, como ya he comentado), y una tregua de 9 años, que a cambio de la cesión de grandes territorios a Inglaterra, permitió recuperar un poco el aliento a la exhausta Francia.
Lo peor, como siempre en esta saga, son las aventuras y desventuras que nuestro arquero Thomas de Hookton (ahora sir), sufre en pos de una nueva reliquia, "la malice", la espada que san Pedro esgrimió para cortar una oreja a un levita cuando intentaban detener a Jesús en el huerto de Getsemaní. Aquel que posea esta espada, tendrá un poder tal que le permitirá imponerse en cualquier batalla. Y aquí tenemos al bueno de Thomas (al mando de una fuerte compañía de soldados y arqueros y de una fortaleza en el corazón del territorio de francés), peleando con unos y otros (la Iglesia no falta, no temáis) y envuelto en todo tipo de escaramuzas y peleas para conseguir su objetivo. Aventuras que lo acaban llevando al escenario bélico de Poitiers.
El tercio final del libro narra con maestría los prolegómenos, el transcurso y el desenlace de la batalla. Magistral, como siempre. Solamente esta descripción, para mi, justifica la lectura del libro.
El relleno, es un libro de aventuras, muy entretenidas, no dejan lugar al aburrimiento, pero no es para darle las 5 estrellas. Eso si, otra gran batalla disfrutada. A continuación habrá que viajar a Agincourt, aunque para eso faltan 60 años. Tengo que buscar alguna lectura que narre estos años intermedios.
Ya veremos lo que encuentro....o igual me vuelvo antes a Uhtred, que lo tengo abandonado.
Ufff esta noche voy a soñar con el lucero del alba, pero no me refiero a venus precisamente.