“Cada vez que veo a un adulto en bicicleta dejo de desesperarme por el futuro de la raza humana” Herbert George Wells
A más de cien años de su muerte aparece la silueta de Alfred Jarry, ávido de ejercicio físico y de nuevas sensaciones. La bicicleta, así como la absenta o el revolver, es una continuación natural de la máscara de Ubú que Jarry llevó toda su vida.
¿Acaso no dormía junto a su esqueleto externo, la Clement Luxe 96, mítica bicicleta que nunca llegó a pagar?
Ubú en bicicleta recoge los escritos velocípedos de Jarry, veremos a Jesús en derrapada en el Gólgota, Ixión atado a su rueda por la eternidad, el acróbata de la Vuelta de la Muerte, una quíntupla lanzada detrás de un tren de Paris a la Siberia, unos ciclistas borrachos y dopados con el Perpetuetal Food…
Alfred Jarry was a French writer born in Laval, Mayenne, France, not far from the border of Brittany; he was of Breton descent on his mother's side. Best known for his play Ubu Roi (1896), which is often cited as a forerunner to the surrealist theatre of the 1920s and 1930s, Jarry wrote in a variety of genres and styles. He wrote plays, novels, poetry, essays and speculative journalism. His texts present some pioneering work in the field of absurdist literature. Sometimes grotesque or misunderstood (i.e. the opening line in his play Ubu Roi, "Merdre!", has been translated into English as "Pshit!", "Shitteth!", "Shittr!", "Shikt!", "Shrit!" and "Pschitt!"), he invented a pseudoscience called 'Pataphysics.
Puessss salvo la definición de bicicleta que me ha encantado!!! :) En general, me ha parecido un poco aburrido, la verdad. Sé que es un clásico, pero a mi, me ha resultado bastante pesado, y poco fluido. La crítica no es muy constructiva pero es que hasta eso me da pereza del libro.
«"Nada roto", dijo él con frialdad, "sólo el pedal izquierdo", pues no distinguía en absoluto entre su máquina y él mismo». 21
«Máquina de descerebrar por estar encerrada en un tiempo cíclico indefinidamente repetido, la bicicleta es también el medio de romper el movimiento perpetuo y escapar hacia otras dimensiones del tiempo.» 29
«Aunque a este turismo de paisajes y monumentos preferimos, sin duda, la emoción estética de la velocidad al sol y la luz, con impresiones visuales que se suceden con rapidez suficiente como para no poder sino la resultante, y sobretodo para vivir y no pensar, (...).» 34
«(...) El peatón corre menos riesgos que el ciclista o el conductor; se expone a una simple caída desde su altura y no a una proyección fuera de un aparato de velocidad, ni al destrozo del preciado aparato; por tanto, hasta el día en que no cese esta locura que consiste en dejar que la gente circule a pie, sin previa autorización, matrícula, freno, timbre, bocina ni faros, tendremos que vérnoslas con ese peligro público: el peatón temerario.» 47