El romanticismo no fue tanto, ni solamente, el nacimiento de una nueva sensibilidad, la atención a nuevas formas de experiencia, la aceptación y difusión de una gama de sentimientos distinta de la tradicional, sino también una filosofía y, por tanto, una estética, un esfuerzo de comprensión teórica y de elaboración conceptual, y, en muchos casos, de afrontar problemas teóricos nuevos surgieron aquellos fenómenos del gusto que nos hemos habituado a relacionar con la experiencia romántica.