Turquía. Postrimerías del pasado siglo XX. Nora es una joven impulsiva, idealista y perspicaz, aunque poseedora de una madurez impropia de su edad, judía y española. Sus ideas y su condición le llevan a aceptar sin conocimiento de causa «una tarea muy sencilla», de iniciación como simple correo, para El Instituto, más conocido como Mossad, en territorio turco. Pablo es un agente del gobierno español que trabaja a caballo entre Asuntos Exteriores y Defensa; un agente un tanto sui generis, metódico, reflexivo, escéptico y muy eficaz, pero con sorprendentes lagunas en la apreciación de sus alrededores afectivos. Un día se le encarga realizar en Turquía «una tarea muy sencilla» al decir de sus superiores: cerrar una negociación entre los gobiernos turco y español sobre una importante venta de armamento del segundo al primero, encargándose de recopilar la información sobre el asunto. Llegados ambos a Estambul al mismo tiempo, el azar juega a atar sus destinos. Y la torpe confusión de un tercero cuyo papel habría de ser insignificante confunde sus cometidos y los enreda de una manera tan absurda como peligrosa, y ambos acaban envueltos en una contienda entre grupos terroristas y los servicios de inteligencia de varios países. Elementos del PKK, del Mossad, del servicio de espionaje turco, del CESID español, entre otras organizaciones, también se ven confundidos y provocan la huida de Nora y Pablo por medio país, de una ciudad a otra. Una huida salpicada de dudas, sobresaltos y problemas, pero también de sentimientos que nacen y crecen. Las confidencias, la amistad o la se mezclan con un tiroteo en Esmirna, un bomba que explota en un mercado estambulí o una persecución delirante por las calles de Ankara. Una huida en la que, además de esas instituciones de poco fiar hay otras personas implicadas; personas que regresan del pasado para cambiar el presente y quizás el futuro... ¿Qué resultará de esa colisión de tantos intereses y vidas?
Janeite. Sapiosexual. Escribo historias que intentan superar la chabacanería de lo cotidiano. Nací en un lugar rodeado de fábricas, gente muy trabajadora y calles sin asfaltar. Estaba destinado a ser uno más de los seres mimetizados con el gris de las fachadas de edificios y los nubarrones constantes en el cielo, pero tuve la suerte de encontrar un portal interdimensional: los libros. Un mundo en el que me sentía cómodo como en ninguna otra parte e infinitamente más agradable que ése tan vulgar en el que había dado en nacer. Aunque nadie a mi alrededor poseía el hábito de la lectura, descubrí que las historias que salían de aquellas páginas me sorbían el ánimo y el seso; vivía las aventuras que se narraban, compartía los sentimientos de los personajes, sentía una complicidad con quienes escribían esos hechizos mágicos. Así, varias décadas de lectura incansable produjeron en mi espíritu un efecto irreparable: nací a la creación de mis propias historias y personajes, con mi propio estilo. Un re-nacimiento que se convirtió en necesidad. Mis protagonistas, tanto mujeres como hombres, tienen un carácter apasionado, tenaz, indomable, tierno y emotivo. Y unos valores inestimables y férreos, propios de auténticas damas y verdaderos caballeros, propios de un mundo que ya no existe y que tal vez no existió nunca más que en el alma de unos cuantos soñadores. Con ese equipaje les hago vivir aventuras, les envuelvo en relaciones personales con un intenso toque romántico, les obligo a afrontar dificultades y disgustos o les envío a lugares que vivifican el espíritu. Y trato de hacerlo siempre con un lenguaje limpio, sencillo y elegante. Así que ojo conmigo, que soy un embaucador. Ante una página en blanco me vuelvo un tipo de cuidado, un mentiroso capaz de fingir las cosas más inverosímiles con tal de que sean hermosas y os las creáis. No digáis que no os lo he advertido.