Hubo una vez una ciudad ingeniosa y a la vez ingenua. Una ciudad donde los poetas trabajaban en las flamantes agencias de publicidad y donde se hacía teatro y cine experimental y los pintores ya no querían pintar murales y las mujeres ya no querían ser obedientes, sino, entre otras cosas, disfrutar de la libertad del mambo y la danza moderna y oír jazz por las noches. Era una ciudad a la que también le gustaba ir a los cabarets del Centro y que se inventó una Zona Rosa para poner los nuevos cafés. Son los años sesenta en la Ciudad de México, la época de la Ruptura, de las reseñas de cine y de la Casa del Lago, y los ímpetus creativos son tales que incluso un pariente del Señor Presidente aspira a crear una obra maestra del Séptimo Arte, aunque no sin la ayuda de El Yaqui, venerado director de perlas del cine nacionalista nacional. En su entusiasmo por desplegar su moderna sensibilidad y tal vez deslumbrar a Cannes, el pariente no para mientes en los métodos, por lo que –remontado en el Ajusco- reúne, amenaza y hasta secuestra a sus colaboradores. Con toda razón, considera que ser quien es no debe obstar para dejar huella en el palmarés del cine universal. Ni que decir tiene que el lector se ve obligado a tomar aire con cierta frecuencia, entre una y otra tanda de carcajadas, y que la esposa buena y fiel es debidamente recompensada por sus nuevas y muy modernas amistades, mientras que el esposo secuestrado y la estrellita que lo vuelve loco reciben su justo castigo. La bomba de San José de Ana García Bergua es una novela con gran sentido del humor, evocadora de una época en que los refugiados españoles todavía creían que iba a caer Franco y la gente también iba a alfabetizar guajiros en Cuba y aprendía a hacer yoga y a andar en minifalda.
Ana García Bergua está incluida en la colección llamada Los Mejores Cuentos Mexicanos compilado por Joaquín Motriz. Es considerada “una de las escritoras jóvenes más interesantes de la literatura mexicana” (Gil). Contribuye a revistas y suplementos culturales. Estudia escenografía teatral, lo cual influencia sus novelas también.
En una entrevista con Eve Gil, Ana García Bergua dijo, “Si no sé dónde están los personajes…no me puedo ‘trasladar’ a él y saber qué sucede, pues yo escribo un poco espiando, siguiendo a los personajes” (Gil). Según algunos críticos, su literatura incluye ideologías feministas, pero Ana García Bergua no ve su literatura como feminista. Escribe sobre los conflictos en las vidas de las mujeres.
Ana García Bergua estudió Letras Francesas y teatro en la Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM). En 1992, recibió una beca del Consejo Nacional para la Cultura y las Artes. Ana García Bergua viene de una familia con experiencia en la literatura. Su padre, Emilio García Riera, era un crítico de cine. Su hermano, Jordi García Bergua, era un escritor halagüeño. Alicia García Bergua, su hermana, es una poeta con varios títulos publicados.
En 1994, ganó “la mención honorifica en el certamen internacional de primera novela ‘Ciudad de Santiago’ celebrado en Chile” (Otamendi). Desde 2001, García Bergua ha sido parte del Sistema Nacional de Creadores de Arte del Fondo Nacional para la Cultura y las Artes. En 2004, Ana García Bergua escribió su novela, Rosas Negras, después de la muerte de su padre.
Me pareció increíble, lo disfruté mucho. Es muy mexicano y folklórico. Sé que hay gente a la que no le gusta que haya malas palabras en los libros que lee, en este caso, me parece que las malas palabras lo hacen más realista y, junto con los juegos de palabras y apodos, dejan en evidencia un poco de la forma en la que nos expresamos los mexicanos (yo sé que no todos pero tú me entiendes). La historia es divertida, me tenía al pendiente de cómo se iban a zafar de esa situación. A pesar que Hugo y la Rana son nefastillos, no pude odiarlos, me divertían mucho. En general todos los personajes son muy humanos y divertidos. Amé especialmente que Maite hace una vida que goza fuera de las opiniones de la sociedad machista (qué vaya que está bien retratada en el libro).
Una novela entretenida, botana, y muy telenovera. Detesto a Hugo, uno de los personajes (aparte del Darcy the Pride and Prejudice) que no aguanto. Maite resalta cómo una protagonista que trata de destacar su vida después que su esposo la engaña y la abandona en búsqueda de Selma. Me agrada observar cómo se encuentra y crea su propio camino. Esta muy entretenida la novela y la recomiendo para light reading.
Para los mexicanos es como leer una película de Viruta y Capulina, Manolin y Chilinsky o de Mauricio Garcés. Intenta ser comedia pero no provoca risas, intenta ser irónica pero cae en lo absurdo. Es un libro de situaciones todas muy mexicanas y hay quienes ya estamos aburridos de este tipo de contenido.
Hubo una vez una ciudad ingeniosa y a la vez ingenua. Una ciudad donde los poetas trabajaban en las flamantes agencias de publicidad y donde se hacía teatro y cine experimental y los pintores ya no querían pintar murales y las mujeres ya no querían ser obedientes, sino, entre otras cosas, disfrutar de la libertad del mambo y la danza moderna y oír jazz por las noches. Era una ciudad a la que también le gustaba ir a los cabarets del Centro y que se inventó una Zona Rosa para poner los nuevos cafés. Son los años sesenta en la Ciudad de México, la época de la Ruptura, de las reseñas de cine y de la Casa del Lago, y los ímpetus creativos son tales que incluso un pariente del Señor Presidente aspira a crear una obra maestra del Séptimo Arte, aunque no sin la ayuda de El Yaqui, venerado director de perlas del cine nacionalista nacional. En su entusiasmo por desplegar su moderna sensibilidad y tal vez deslumbrar a Cannes, el pariente no para mientes en los métodos, por lo que –remontado en el Ajusco- reúne, amenaza y hasta secuestra a sus colaboradores. Con toda razón, considera que ser quien es no debe obstar para dejar huella en el palmarés del cine universal. Ni que decir tiene que el lector se ve obligado a tomar aire con cierta frecuencia, entre una y otra tanda de carcajadas, y que la esposa buena y fiel es debidamente recompensada por sus nuevas y muy modernas amistades, mientras que el esposo secuestrado y la estrellita que lo vuelve loco reciben su justo castigo. La bomba de San José de Ana García Bergua es una novela con gran sentido del humor, evocadora de una época en que los refugiados españoles todavía creían que iba a caer Franco y la gente también iba a alfabetizar guajiros en Cuba y aprendía a hacer yoga y a andar en minifalda.