Los ocho años que Azaña pasó interno en los agustinos de San Lorenzo de El Escorial llenan esta magistral novela autobiográfica. Allí se fraguaron sus dotes de orador, su carácter liberal y, también, se pensamiento laicista en reacción a una rígida educación religiosa. EL JARDÍN DE LOS FRAILES le revela, además, como un gran escritor.
Considered as one of the most important speakers in XX spanish politics, although he had his degree as a lawyer, he later decided being a journalist. During World War I he covered operations on the Western Front for various newspapers. His career moved him to be a writer, and then a politician.
He was the first Prime Minister of the Second Spanish Republic (1931–1933), and later served again as Prime Minister (1936), and then as the second and last President of the Republic (1936–1939). The Spanish Civil War broke out while he was President. With the defeat of the Republic in 1939, he fled to France, resigned his office, and died in exile shortly afterwards.
Me hice con este libro por mero interés hacia la figura de Azaña como político, lo cual despertó en mí cierta curiosidad sobre que tipo de producción literaria fue capaz de generar sabiendo que su impacto en la sociedad por esa vía era francamente una batalla perdida. Si bien es cierto que ha realizado obras sobre el contexto de su España coetánea y cuestiones sociales y políticas que entrarían mas en la idea que se espera de el, este relato (publicado por partes en un periódico por "verguenza" de su autor a darlo a conocer como obra completa) es una introspección al despertar de la conciencia del alcalaíno, y como se forjó su relación para con el mundo y la religión, a lo largo de sus años de interno en El Escorial.
Siendo honesto me ha resultado un soberano coñazo, una obra infumable que rebosa pedantería y redundancias a borbotones. Intenta dotar a su texto de un sentido metafórico-prosaico que no hace sino enrocar la historia y evadir el díalogo, embarrando la historia hasta el punto de estar leyendo frases inconexas o con nulo sentido. Si bien cuando acelera el ritmo en la parte final las cosas parecen tener un sentido, es una libro que no recomiendo leer, ya que es un texto carente de fondo y con ínfulas de barroquismo paupérrimamente sustentadas. Un suplicio llegar al final.
El jardín de los frailes me dejó una impresión profunda, especialmente por mi contexto personal durante su lectura, cuando estudiaba en el Monasterio del Escorial. La obra retrata de manera muy acertada la vida monacal y las tensiones internas de los frailes que viven entre el retiro espiritual y las constantes luchas de sus propias almas. A través de los personajes, Sempere explora los dilemas sobre la fe, el arrepentimiento y las tentaciones humanas, todo ello dentro de un espacio cerrado que, por momentos, parece más una prisión mental que un refugio espiritual.
Cada página refleja las profundas dudas existenciales de los monjes, atrapados entre el aislamiento de su vida religiosa y la realidad exterior. Como alguien que pasó tiempo en un entorno tan cargado de historia y solemnidad, sentí que las emociones de los personajes eran muy cercanas, casi como un reflejo de las inquietudes que pueden surgir en una vida dedicada a la contemplación.
La novela no es solo una crítica a la vida monástica, sino también una reflexión sobre el sacrificio y la contradicción entre los deseos personales y el llamado al deber divino. El jardín de los frailes me hizo pensar en la paradoja de vivir para otros mientras te pierdes a ti mismo en el proceso. Sin duda, es una obra que invita a cuestionar los límites entre lo espiritual y lo mundano, y a replantearse lo que significa realmente "sacrificio".
Menos mal que no llega a las 200 hojas... Libro bastante repipi de un Azaña que recuerda sus años de estudiante y se cree una mezcla alquímica entre Quevedo y Góngora pero sin nada de los dos en el fondo. Se rescataría la aproximación a la vida de un estudiante en un colegio monástico en la España de finales del XIX, pero para ello hay que bucear en una prosa demasiado recargada y que en la mayoría de los casos no nos está contando nada claro, solo dando vueltas en torno a sí misma... El relato de la pare final, sobre la ilusión con la que se vivió el inicio de la Guerra de Cuba es de lo más salvable del libro. Muy poco recomendable, salvo para los fanáticos más acérrimos de Azaña.
El que fuese jefe del Estado en la Segunda República Española nos brinda un relato literaria donde la voz narradora realiza un viaje hacia su infancia, plagada de una educación cristiana, católica y nacional en una escuela donde formaban a los jóvenes para ser futuros frailes. En un tono de autobiografía, la narración en primera persona divaga y realiza reflexiones acerca tanto de las personas que lo envolvían, como de las lecciones que allí se aprendían. Una construcción desde cero de la infancia a la adultez, con un intimismo y un realismo digno de leer.
El jardín de los frailes prometía ser una reflexión interesante sobre la educación y la religión, pero se queda en un sermón laico que aburre más que ilumina. Azaña tiene sus momentos de lucidez, sí, pero los entierra bajo una prosa densa y un tono que parece gritar ‘¡mirad qué profundo soy!’ desde un púlpito. Los recuerdos de su infancia clerical podrían haber sido evocadores, pero acaban siendo un ejercicio de autocomplacencia. Dos estrellas, porque al menos no es un panfleto descarado, aunque tampoco se salva de ser un tostón pretencioso.