De vez en cuando es bueno salir de la ficción y, por recomendación de un amigo, me decidí por leer ésta obra. Escrita por José Aristeo Sarukhán Kermez hijo de Harutiun Sarukhanian y Ángela Kermez quienes llegaron a México en los años 20s de Turquía y Armenia, estudió la carrera de Biología en la Facultad de Ciencias de la Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM) y realizó la Maestría en Botánica Agrícola en el Colegio de Posgraduados de Chapingo en 1968. Su trabajo científico se enfocó a la ecología de poblaciones de plantas, el estudio y conservación de la biodiversidad y la restauración ecológica. En 1990 recibió el Premio Nacional de Ciencias y Artes en el área de Ciencias Físico-matemáticas y Naturales. Fue presidente de la Sociedad Botánica de México en 1972 y de la Academia de la Investigación Científica y miembro de muchas asociaciones nacionales y extranjeras, entre ellas, la U.S. National Academy of Sciences (1993) y la Royal Society of London (2003). Por si no fuera poco en su currículo figura estar a cargo de la rectoría de la máxima casa de estudios, la UNAM, por dos periodos, abarcando desde 1989 hasta 1996.
Con todo lo anterior uno podría esperar un libro pesado de leer y que tuviera un lenguaje complicado y técnico, nada más lejos de la realidad. Antes que nada es un libro de divulgación y lo que busca es llegar a quienes no estamos acostumbrados a textos científicos pero sentimos curiosidad por saber más de éste lugar que nos tocó habitar y de nosotros como cosas biológicas.
Lo que hace muy bien el autor, a mi parecer, es dar una necesaria introducción a la ciencia, a su conocimiento y como la percibimos, en su opinión “… el proceso de cómo se llega a una idea revolucionaria e innovadora en la ciencia con frecuencia ilustra en forma más interesante la naturaleza de la investigación científica que la nueva idea misma” que es una muy buena forma de resumir la existencia de las Musas. Para hablar de ciencia primero debemos saber qué es y de dónde viene, Sarukhán hace un excelente trabajo con sus antecedentes sobre el pensamiento científico presentando los detalles y nombres que por ahora siguen siendo (espero) de cultura general, Aristóteles, Anaximandro, Kant, Goethe.
Pero lo interesante de todo esto, fuera de nombres rimbombantes, teorías e ideas es el increíble don que tiene el autor para lograr que todos los temas sean interesantes. Uno de los primeros trabajos a los que nos acerca es el de Charles Lyell famoso y respetado geólogo, me sorprendió que un tema que parece tan aburrido, el estudio de la composición del planeta, lo que conocemos vulgarmente como estudiar rocas, logré ser tan interesante. Más adelante nos habla de Thomas Maltus y nos presenta un tema tan emocionante como la demografía… pero lo es, el autor vuelve a usar sus dotes de divulgador para lograr que un tema que uno nunca pensó fuera interesante lo sea. Y así se nos van presentado personajes claves que funcionan de antecedentes y precursores de todo sobre lo que serían los campos de estudios Darwin y en ningún momento pierde el ritmo, es como estar en una clase con un maestro al que realmente le importan sus alumnos.
El libro más que una biografía sobre Charles Darwin busca acercarnos a todo lo que implico antes y después de la publicación de sus hallazgos, su vida, su contexto y lo más importante, hacer de la ciencia algo emocionante. Buena parte del libro es para prepararnos sobre las distintas materias en las que se enfocó Darwin, siendo lo que a mi parecer es la estrella de todo, su viaje a bordo del HMS Beagle. Casi 5 años estuvo Charles Darwin viajando por todo el mundo y el autor nos acerca no sólo a lo que padece alguien de vivir en un bergantín sino que nos hace participes de la emoción de un joven naturalista que no deja de asombrarse con cada nuevo hallazgo, con ver rocas, flores, plantas, animales. Podemos imaginar al joven Darwin saltando por la selva, corriendo a ver las tortugas de los Galápagos, guardando toda clase de flora y fauna en frascos y cajas, además de la camaradería que un viaje así logra. No sólo eso, consigue que nos imaginemos el trabajo titánico de ordenar todos los especímenes. La ardua labor de pensar, teorizar, escribir y publicar los hallazgos año con año (durante casi 20) de cada idea o nuevo descubrimiento, algunas veces con pruebas y otras con la fe de no equivocarse o la esperanza de que nuevas generaciones puedan resolver ciertos enigmas.
Si hay algo que reclamarme al autor es que no es necesario “novelizar” los eventos, me explico: en ciertos pasajes del libro Sarukhán intenta ponernos en las rutinas de los protagonistas, algo como “el olor a madera y cuero que saturaba el aire de los cavernosos pasillos le trajo recuerdos gratos del Beagle. Al terminar su recorrido en medio de una multitud de personajes uniformados, y una vez fuera de las miradas circunspectas de los oficiales, Charles empezó a bajar de dos en dos los pulidos escalones de mármol de la amplia escalinata del Almirantazgo británico.” Es decir que inventa pasajes de introducción que, a pesar de su buena intención, a mi parecer, no funcionan del todo, ya que quedan muy simples, burdos y en alguna ocasión incluso son incorrectos, como aquel donde mencionan que Darwin y su esposa Emma tenían que recoger los libros que el hermano de Charles, Ras, les había mandado, ambos de las hermanas Brönte, el problema es que para es momento nadie las conocía y los libros fueron publicado bajo sus seudónimos masculinos. Pese a lo anterior, los pasajes de ese tipo son breves y no interrumpen el objetivo de la obra. Y al final nos da la síntesis de lo que fueron los hallazgos de Darwin y a donde se va perfilando nuestro mundo, que, como menciona el autor, aquí seguirá aunque nosotros como especie ya no.
Un libro que puedo recomendar ampliamente ya que no sólo no aburre, emociona y nos presenta a estos padres de la ciencia como personajes que dudan, prueban, se emocionan y a veces se equivocan, ya sea por que no acaban de aterrizar sus ideas o no había elementos en el momento que les tocó vivir para respaldar sus hipótesis. Sin duda una obra que nos demuestra el asombroso mundo en el que nos tocó vivir y que no vamos a encontrar en el último baile de TikTok. Como bien apunta el autor: En nuestras manos está convertirnos en un accidente curioso en la larga historia de la evolución orgánica del planeta Tierra (que, por cierto, en esas circunstancias no quedaría alguien a quien le interesara) o en tener otro tipo de trascendencia.