No todo lo que brilla es oro, dicen. Y Oro de Ileana Elordi (escritora chilena, nacida en 1990) brilla de tantas maneras. Brilla como una gota de agua a la que le llega el sol, pero también como un cuchillo dejado en medio de la cocina. Brilla con alegría efervescente, con reflexiones llenas de vida, pero también con chispazos de la rabia más pura.
Se trata de 48 emails que la narradora le escribe a su ex novio pero que se envía a sí misma. Los «asuntos» son simples, lo que le cuenta también. No simple en un mal sentido, sino en la honestidad brutal de atreverse a decir las cosas por su nombre. Aunque a veces no tengan sentido. Aunque a veces sean cursi. Aunque a veces no estén tan bien escritas. La misma narradora comenta, en su viaje de regreso a Chile, que relee cada uno de los emails y planea enviárselos al novio como una compilación, sin editarle una coma. Sin tratar de quedar bien con nadie. Ni siquiera con ella misma. Y esa honestidad brutal y virtual se agradecen y le dan al texto una vitalidad y una enormidad que sorprenden. A la narradora le rompieron el corazón de un mazazo y a ratos le duele todo. Y ese dolor no tiene porqué ser lindo. No tiene porqué ser escrito en oraciones perfectas para subrayarlas y enmarcarlas.
Después de la decepción con Tokarczuk debiese haber seguido con una prosa brillante. Este no es ese libro. En la contraportada hablan de "escritura diáfana y sin pretensiones" que es es sólo un eufemismo para escritura banal. El proceso del desamor es tratado sin ningún insight mayor, y honestamente parece lo que cualquier hijo de vecino podría escribir después de un quiebre amoroso. De un escritor espero que pueda articular lo que yo no puedo articular.
Palidece increiblemente frente a autoficciones que he leído recientemente como Autobiografía con objetos, y sus pensamientos sobre los límites de la escritura son muy cortos de miras; para ello me quedo con los primeros libros de Malú Urriola o los poemarios de Leonor Olmos.
Hay algunas metáforas que no me gustan de ORO, porque me suenan rebuscadas. Parto con eso, porque es lo único que no me gusta, pero ni siquiera es lo más importante. A Ileana le creo todo lo que escribe, le creo que se está enviando los correos a si misma. Y por una metáfora que no me gusta un poco hay un montón de párrafos que encuentro bellísimos. Sin orden alguno paso a pegarlos acá:
«Tengo un moretón gigante en mi pie, justo al lado de esa cicatriz que me hice estando contigo. Todavía recuerdo: me corté con un pedazo de fierro, me tuviste que llevar a la clínica para que me hicieran puntos. El doctor al limpiarme sacó de la herida un pedazo de carne diminuto, y tú, asqueroso, le pediste que te lo pasara para tocarlo. Lo hiciste durante mucho rato y luego te lo metiste a la boca, diciéndome que tenía un sabor exquisito.»
«No puedo llegar a saber cuál es la posición del tiempo, pero creo que cada cuerpo tiene una oportunidad en el espacio y es estúpido no ocuparlo con interés.»
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De las mejores lecturas que hice este año, perfecta para adentrarse en el género epistolar ficcional. A Elordi le creo toda la trama, que se reenvíe correos, que copie frases de la novela de su padre, que le haya enviado un solo correo a su expareja y me deja a la expectativa de qué habrá pasado con todas las cartas que imprimió, ¿tuvo respuesta? Finalmente, es una muestra perfecta de que, aunque se escriba prosa, no se debe abandonar el lenguaje poético:
"Los sonidos salen desde adentro y afuera se transforman en palabras con letras y tiempo, para deshacerse en el aire tras un instante y expandirse hasta deshacerse. Son como flechas arrancadas del vacío que vienen a poblar la tierra, a circular por el aire, para decirte lo mucho que me gustaría tomar desayuno contigo y hacer un brindis con nuestras leches solas, frías y sin azúcar". 🌹
Comerse la piel muerta de alguien más: ¿una forma de canibalismo?
Bonito libro, me gusta su compromiso con la multiplicidad del pensamiento y de la experiencia, su estilo de contemplación de las formas y los sonidos de las cosas, no extraña que su autora sea del mundo de las artes visuales y que incorpore también ese mundo en la obra.
Aprecié también su reconocimiento del lugar común y su importancia, su noción de lo colectivo, y otras cosas más que no recuerdo.
Es un texto que pone en juego lo enunciativo, lo declarativo (alguien podría encontrar que a veces se excede con eso) pero también lo sensorial, lo artístico, y el resultado, en general, es un lindo balance.
Intimo, reale, e franco nei sentimenti che Elordi espone in questo libricino. Quanti di noi rinunceremmo a una parte della nostra vita che amiamo ma che al contempo ci rende infelice?
Cortito pero con muuucho contenido dentro, me la pasé queriendo marcar páginas que tenían algo que me gustó, pero marcaría casi todas, así que no me quedará de otra más que volverlo a leer. Estaré al pendiente de más trabajos de Ileana.