Una mezcla de sentimientos prohibidos que buscan escandalizar con razón. Boris plasma situaciones muy creíbles y desarrolla muy bien la acción de los personajes, pero se desdibuja entre todas las referencias de los trajes y diseñadores de moda así como en situaciones que a mi parecer son demasiado forzadas.
Bueno. Es uno de mis libros favoritos. Novela negra, homoerotismo, cultura, historia de Venezuela, Boris es uno de los escritores gays más influyentes del panorama actual y ésta, su segunda novela, es, para mi gusto, su obra cumbre, una historia de iniciación protagonizada por el turbulento Julio, el Dios del amor y del terror a partes iguales, la búsqueda del amor traerá sangre a las vidas de los que se acerquen a él. Me encanta este libro.
Con un principio un tanto perturbador, el resto de la novela conmueve, inquieta, entretiene y espanta a partes iguales. Necesidad de reconocimiento, búsqueda de la propia identidad, miedo al amor, historia política, sexo, moda, mundo rosa y crímenes son los ingredientes principales. La forma de narrar engancha y no permite despistes.
Me gusta mucho cómo está escrito y es literalmente una telenovela venezolana en versión libro. A veces es un poco demasiado, y algunas escenas sexuales son un poco desagradables, pero bueno eso es la vida. (En realidad no sé si darle 3 o 4 estrellas pero lo voy a dejar en 3)
Aunque me entretuvo por la audacia en como Boris nos da detalles y curiosidades, me terminó gustando más la parte de la crónica social que de la novela en sí.
Como venezolana y caraqueña siempre me interesará toda reflexión y comentario desde la literatura incluso sobre acontecimientos políticos recientes desde el Caracazo a finales de los 80, el golpe de estado de Hugo Chávez en 1992 y la segunda intentona ese mismo año, así como la figura del dictador Marcos Pérez Jiménez en la década del 50, un fantasma que siempre nos ha sobrevolado de manera incluso ambigua, puesto que fue dictador 10 años "pero" (el bendito pero) legó obras de infraestructura cruciales para el país. Azul Petróleo parece una telenovela, cosa que no la desmerece por cierto; está centrada en dramas personales, íntimos, del protagonista homosexual asesino y su entorno, pero está impregnada de la óptica del autor sobre Caracas, sobre la sociedad venezolana y la movida caraqueña de los 80, las frustraciones, resabios, estéticas, etc. de una época que fue la de mi juventud y que, precisamente por ser muy joven, lejos estaba yo de detectar que ya anunciaba las tragedias del presente. Se capta un paralelismo entre un ambiente que Boris señala más bien decadente, dulceamargo, en implosión, autocarcomiéndose, y una trama centrada en el abandono y el asesinato. El aderezo político del libro es el trasfondo convulsionado que enmarca a personajes, solitarios, excéntricos, de un relato muy crudo, de violentas escenas y crímenes pasionales, conducidos narrativamente por los laberintos mentales de Julio, asesino en serie. Creo que no se puede recomendar a todo el mundo, no será tampoco mi novela favorita aunque tengo otra de Boris Izaguirre en espera, "Villa Diamante", de la cual he escuchado muy buenos comentarios y toca el tema de mi ciudad Caracas.