Germán.- (Se encara con ella.) ¡La verdad siempre, Amparo! Es la mejor medicina.
Coral.- Hay que tener cuidado.
Germán.- ¡Qué burguesitos irremediables sois!Las cosas hay que afrontarlas de cara.
Coral.- ¿Tú qué harías, Amparo?
Amparo.- Hay que pensarlo.
Germán.- (Deja su vaso de golpe sobre la mesa.) Pues mientras vosotros lo pensáis, yo actuaré. [...]
Mariano.- [Todo eso es verdad. Pero] la librería El Laberinto es lo más progre de toda la ciudad.
Germán.- No estoy diciendo que tu tío sea un desalmado. Digo que el sistema…
Coral.- (Se levanta.) ¡Ya está bien con el sistema! Vamos a la librería, Amparo.
Mariano.- ¡Si vamos ahora te llevas el puesto! pg.40
Amparo.- ¿Has empezado a trabajar con Piñer?
Germán.- La semana que viene.
Amparo.- Tal vez tengas que resignarte, desde ahora, a exigencias incompatibles con tus ideas…
Germán.- (Ríe.) ¡Naturalmente! Pero sin resignarme. Seré un caballo de Troya. (Breve pausa.) Como tú.
Amparo.- Yo no he sido ningún caballo de Troya. Me echaron de la oficina porque no tragaba ciertas cosas.
Germán.- Por supuesto, hay que mantener una conducta digna y coherente, pero no es incompatible con introducirnos en el campo enemigo y minarlo.
Amparo.- ¿”Cándidos como palomas y astutos como serpientes”?
Germán.- Sí, ese precepto evangélico también es nuestro. Como que lo inventó un gran revolucionario.
Amparo.- Supongo que entrarás también, un día de éstos, en el Centro de Juristas Liberales.
Germán.- (Con una mirada inquisitiva.) Te digo lo mismo. Hay que penetrar en todos lados.
Amparo.- Antes no te gustaba.
Germán.- Y no me gusta. Pero Piñer me lo ha sugerido y me parece lo más eficaz darme de alta. Una vez dentro, ya verás cómo le doy la vuelta a esa asociación a poco que pueda. pg.78
Germán.- Así que seguiremos esperando. ¡Los esperadores! ¡Qué plaga! pg.83
Mariano.- ¡Era amigo de muchos años!
Amparo.- [No de amistad.] Años de satisfacerse pensando que era superior a ti. Para eso le servía tu “amistad”. Y supongo que para algún que otro sablazo. Pero no le mires así. [Ahora todo está en regla.] Germán es un hombre normal.
Mariano.- (Escupe la palabra.) ¿Normal?
Amparo.- Como a casi todos, también a él le atrapa el miedo de quedarse atrás o a no encontrar trabajo. El miedo, en suma, por su preciosa vida. Ese miedo engendra el egoísmo y la agresividad, que vuelven a engendrar el miedo… Y en ese infierno estamos. (Lázaro la mira, herido.)
Germán.- ¡Por favor, [¡bachillera!] todo eso lo acabas de leer en Los rostros del temor, de Janvier. pg.108
([...] A poco suenan sus voces: aflautadas y rasposas como la de ciertos enanos.)
Máscara 1ª.- ¿Te golpeamos aquel día?
Más carra 2ª.- ¿No te golpeamos?
Máscara 1ª.- ¿Vas a estar así toda la noche?
Máscara 2ª.- ¿Quieres que te peguemos ahora?