A todos nos ha ocurrido que, estando de visita en una ciudad nueva, paseando por las calles llenas de souvenires, postales y bisuterías baratas, uno se pregunta: ¿cuál es el mejor recuerdo que me puedo llevar de este viaje?
Encontrar la respuesta a esta pregunta es parte del desarrollo del viajero. Todo viajero desarrolla con el tiempo ciertas manías, ciertas neuras, que se vuelven intrínsecas a sus viajes. La mía es (desde hace no mucho) recorrerme librerías de segunda mano, a ser posible puestos callejeros, y tratar de buscar algún libro extraño, algo que seguramente no compraría en otro lugar o contexto. Da igual que se trate de un autor local o no, lo único importante es que genere una atracción culpable, una sensación de estar robado algo de la ciudad que, cuando el tiempo haya borrado la mayor parte de recuerdos del viaje, despierte en mí la sensación de poseer una parte de aquel país, de aquella ciudad.
Si no me hubiera dejado embaucar por un vendedor local, si no fuera lo suficientemente rata como para sólo permitirme comprar ediciones baratas y de escasa tirada, no habría encontrado esta pequeña joya. Cuando hablo con mis amigos, me gusta definir el estilo de este libro como "realismo mágico ibérico": una búsqueda en la cotidianeidad más actual, en forma de brevísimos relatos, y siempre con un toque psicótico, onírico o satírico. Como dice la introducción, es un libro que, a pesar de ser breve, se alarga en relecturas, en pensamientos, en reflexiones. Una prosa excelente (incluso en la versión en castellano, que es la única que puedo leer), un ritmo acelerado, electrizante, y una originalidad en las ideas, historias y personajes que es difícil encontrar hoy día.
Este es el primer libro de Pamies que cae en mis manos, y espero que no sea el último.