[4.5⭐] 𝙃𝙞𝙨𝙩𝙤𝙧𝙞𝙖 𝙙𝙚 𝙖𝙢𝙤𝙧 𝙘𝙤𝙣 𝙝𝙤𝙢𝙗𝙧𝙚 𝙗𝙖𝙞𝙡𝙖𝙣𝙙𝙤 es una novela breve escrita por Hernán Rivera Letelier y publicada en 2013. En ella se nos presenta a Fernando Noble, apodado "el Feo", un personaje inolvidable que deslumbra a todos en las pistas de baile del norte chileno. Junto a su esposa, Ana Santa Fe, llega a la oficina salitrera de Coya en busca de trabajo, sin saber que su vida tomaría un giro tan inesperado como trágico.
Una de las cosas que más me sorprendió es que esta ha sido, sin exagerar, una de las novelas más rápidas que he leído en toda mi vida. Me la devoré, literal. La compré porque el autor vino a una firma de libros (sí, me firmó el libro que llevé y hasta conversé un poco con él) y, sinceramente, no pensé que el libro me gustaría tanto. Esta es mi segunda aproximación al autor y, de momento, tengo que decir que me gusta mucho. Me encanta que en sus libros siempre hable de la Pampa, que estén tan sumergidos en Chile y en una chilenidad auténtica, de esas que se sienten en el habla, en los objetos y en las costumbres. Todo chileno debería leer, aunque sea, un libro de Rivera Letelier, es casi un deber patriótico.
No hay otro autor chileno que escriba con esta pluma tan melódica, tan particular y tan viva. Cada frase se siente como un paso de baile; con pausas perfectamente colocadas, con giros inesperados y con una energía que empuja al lector hacia adelante. Hay momentos en que pasé de la risa a las lágrimas en una sola página porque sí, hay humor (ese humor seco, casi resignado, que caracteriza a muchos personajes de pueblo), pero también hay tragedia.
El Feo no solo baila, el Feo vive para bailar. Es su forma de ser, su forma de expresarse, su forma de escapar: “Cuando le pregunté al Feo en qué clase de espécimen creía que entraba él en este zoológico jaranero, dijo que él era un ejemplar en extinción, alguien que bailaba porque sí, porque bailar era su estado natural, porque no podía vivir sin hacerlo.
—El baile me embellece —dijo sin un tris de ironía."
Esa frase me marcó porque hay algo profundamente poético en ese personaje que, aunque feo para los demás, encuentra su belleza en el movimiento. En esa pista de baile, el Feo es libre, es hermoso y es pleno. La danza lo transforma, lo eleva, lo salva, hasta que la vida lo tira al suelo otra vez.
En esta historia, también hay espacio para la miseria, la enfermedad, la muerte y la pérdida. La novela tiene un tono melancólico, una tristeza subyacente que se siente en cada rincón de la oficina salitrera. La pobreza, la prostitución y el alcoholismo, todo está presente como un telón de fondo, pero también como una realidad concreta que golpea fuerte. Me encanta que el autor no le tema a estos temas duros. Al contrario, los aborda con naturalidad, con respeto y con humanidad.
Otra cosa que disfruto muchísimo es que el autor utilice modismos chilenos, que rescate los dichos típicos de pueblo, que nos devuelva esas palabras que quizás hemos olvidado o que solo oímos en boca de nuestros abuelos. En este libro, por ejemplo, uno puede encontrarse con una peineta con forma de pez, con una ampolleta envuelta en celofán rojo, con Glostora en el pelo y, de pronto, uno está ahí, en los años sesenta, en medio del desierto, sintiendo el viento de la pampa en la cara. Leer a Rivera Letelier es viajar al pasado, es conocer la realidad de otra época, de otro Chile, uno que a veces quisiéramos olvidar, pero que merece ser contado.
La historia está narrada en capítulos muy cortos, casi como escenas de una obra de teatro, con ritmo ágil pero también con momentos de profunda reflexión. El personaje de Ana Santa Fe, por ejemplo, me pareció desgarrador. Su enfermedad, su presencia fantasmal y su relación con el Feo, todo en ella es frágil y, al mismo tiempo, contundente. Luego, cuando el Feo intenta reencontrar el amor, cuando intenta escapar a través del ballet, uno se da cuenta de que esta no es solo una historia sobre el baile, sino sobre la imposibilidad de huir del dolor.
Uno de los momentos que más me marcó fue cuando el narrador dice sobre el Feo: “Ahora el baile era su vicio, su vida, su muerte.” Sin duda, esa frase resume todo porque, para él, el baile no es solo una actividad recreativa: es un modo de existir, es una necesidad vital, es su forma de resistir al mundo.
La novela está llena de frases memorables, pero hay una que ya se ha vuelto icónica y que siento que encapsula todo el espíritu del libro:
“La gente se divide en dos clases:
—Los que entran a bailar y los que se quedan mirando por la ventana.”
Qué verdad más grande y qué hermosa forma de hablar sobre la actitud frente a la vida. Hay quienes se lanzan, que bailan, que se permiten sentir, moverse y equivocarse. De igual manera, hay quienes se quedan al margen, observando, juzgando y temiendo. El Feo pertenece, sin dudas, al primer grupo.
Aunque el libro se lee en un par de horas, su eco dura mucho más. Es uno de esos relatos breves, pero con alma larga. Me quedé pensando en los personajes, en su destino, en lo injusta que puede ser la vida, pero también en la belleza que puede encontrarse incluso en los entornos más áridos y pobres. Mención especial al primer y último capítulo, que están escritos con una maestría conmovedora. El inicio atrapa con fuerza y el cierre deja una sensación agridulce, casi como si uno terminara de bailar una canción que le gusta mucho, pero sabe que ya no se repetirá.
Finalmente, puedo decir que 𝙃𝙞𝙨𝙩𝙤𝙧𝙞𝙖 𝙙𝙚 𝙖𝙢𝙤𝙧 𝙘𝙤𝙣 𝙝𝙤𝙢𝙗𝙧𝙚 𝙗𝙖𝙞𝙡𝙖𝙣𝙙𝙤 me encantó. Es un libro pequeño en extensión, pero gigante en emociones. La pluma de Rivera Letelier sigue fascinándome. Me hizo reír, me hizo llorar y, sobre todo, me hizo sentir.