"Pero… ¿hubo alguna vez once mil virgenes?" es un guiño divertido de Enrique Jardiel Poncela a las abundantes novelas y ensayos que por la epoca se encargaban de estudiar el tema del donjuanismo, adentrandose en las poco exploradas tierras de la sexualidad humana. Es una novela de aventuras disparatada, totalmente jardielana, que gira en torno a la figura de un don Juan llamado Pedro, un hombre guapo y rico que hace de la seduccion un arte al servicio de una venganza.
Comienza la acción cuando Pedro conoce a Vivola Adamant, la unica mujer que se le resiste en su larga carrera de conquistador, para dar inmediatamente un salto atras que permita al lector conocer los inicios como donjuan del protagonista, y la razon por la que se ve obligado a rendir mujeres una tras otra, para despues volver al presente donde el aprendizaje de un discipulo sirve de excusa para presentar el metodo infalible del donjuán, y acabar desembocando en un final tragicomico donde desde luego no hay redencion.
Enrique Jardiel Poncela (Madrid, 15 de octubre de 1901-ibídem, 18 de febrero de 1952) fue un escritor y dramaturgo español. Su obra, relacionada con el teatro del absurdo, se alejó del humor tradicional acercándose a otro más intelectual, inverosímil e ilógico, rompiendo así con el naturalismo tradicional imperante en el teatro español de la época. Esto le supuso ser atacado por una gran parte de la crítica de su tiempo, ya que su ironía hería los sentimientos más sensibles y abría un abanico de posibilidades cómicas que no siempre eran bien entendidas. A esto hay que sumar sus posteriores problemas económicos y fracasos de público durante la dictadura franquista. Sin embargo, el paso de los años no ha hecho sino acrecentar su figura y sus obras siguen representándose en la actualidad, y se han rodado además numerosas películas basadas en ellas. Murió de cáncer, arruinado y en gran medida olvidado, a los cincuenta años.
Conocí sobre Enrique Jardiel Poncela por mi profesor del taller de Literatura en el Iteso. Siendo uno de los mejores maestros que jamás tuve, corrí a la enorme biblioteca para constar lo que me había dicho: sus libros eran casi imposibles de encontrar, y ahí solo pude hallar Amor se escribe sin H. Me dedicaría desde entonces a buscar por todos lados sus otras 3 novelas. Espérame en Siberia Vida Mía la encontré pronto enterrada en una librería del centro, y después pude comprarme Amor se escribe sin Hache, pero los otros 2 eran imposibles... Ocurrió tiempo después que una amiga estaba saliendo con un estudiante de intercambio español de letras, que se regresaba a Madrid esa misma semana. Hicimos buenas migas, nos la pasamos hablando de literatura y también adoraba a Jardiel Poncela. Le presté el borrador de una novela que estaba escribiendo por entonces y supuse que ya no sabría más. Poco después me llegó de Madrid una edición nueva de ese libro imposible de encontrar en México. El caso es que Jardiel Poncela es quizá el escritor más ingenioso que ha existido. En su humorismo, aprovecha para lanzarse con soberbia ironía contra todo y contra todos, incluyéndose él mismo. Sus obras están llenas de frases de antología que son garantía una carcajada cada dos o tres páginas, y su estilo es absolutamente novedoso y fresco para ser parte de esa generación del 28. Esta es su tercer novela, que trata sobre Pedro Valdivia un don Juan conquistador a quien las mujeres no se le resisten, y que necesita cuatro secretarias para llevar las fichas de sus conquistas y las cartas de fans que le llegan a diario. Tiene un estilo de vida acaudalado y uno pensaría que no le falta nada... Hasta que se enamora perdidamente de su contraparte femenina, una Femme Fatal que lo ignora monumentalmente. La novela se convierte en una serie de divertidos enredos en medio de viajes, flashbacks y notas de autor. La edición forma parte integral del humorismo y la novela misma, siendo quizá la primera vez que se hace esto en la literatura, y sentando precedentes no sólo a la transgresión de Cortázar, sino incluso al rompimiento de la "cuarta pared" en los comics, muchas décadas después. La novela sería considerada misógina y anticatólica, y censurada poco después por el franquismo. Lo cierto, es que la misoginia de los personajes principales de sus 3 primeras novelas, es solo un medio para burlarse de la sociedad machista, cínica y doble cara, y que no deja de tener resonancia a casi 100 años de su publicación. Su cuarta novela, La Tournée de Dios, toma un tema totalmente distinto, pero igualmente divertido. Ese libro lo busqué más de 10 años en cada FIL, para terminar encontrándolo en un puesto de libros usados por 15 pesos... El caso es que, cualquiera de las 4 novelas son totalmente recomendables, pero creo que en ésta logró perfeccionar el tema del donjuanismo como crítica y combinarlo con el ingenio y el humor que son su sello. Un libro imperdible... si lo encuentran!
Jardiel analiza y desmonta pieza a pieza el mito de Don Juan. Lo hace usando con maestría sus habituales resortes del humor absurdo, pero esta obra me enganchó menos que otras del autor. Pedro de Valdivia, conquistador sin par, encuentra a Vivola Adamant, quien por primera vez encarna a alguien capaz de resistirse a los encantos del donjuán. A lo largo de las páginas de la novela asistimos a múltiples intentos de seducción, a múltiples muestras de desprecio y a múltiples parodias del mito. Jardiel es un maestro, no hay duda.
Don Pedro de Valdivia es considerado el Don Juan moderno, un referente español para el mundo en cuanto a seducción. Pero, ¿qué pasará cuando Vivola Adamant, una seductora del mismo calibre se junte en su camino?
Con esta acabo de leer las cuatro novelas de Jardiel. He de decir que junto a "La tourneé de Dios", me ha parecido una de las más flojas, donde el autor no ha sabido directamente encontrar una trama que fuese amena de llevar a lo largo de más de 500 páginas. Y eso que me encanta el humor absurdo que aquí se promueve, pero el argumento era flácido, yéndose en muchos momentos por ramas gratuitas y redundacias innecesarias. Sólo al final se logra implicar realmente al lector retomando la trama con la que se empezaba el libro.
El propio Jardiel hizo una adaptación teatral de la misma, más breve, titulada "Usted tiene ojos de mujer fatal", que para mí es uno de los mejores ejemplos de condensación de una obra, quedándose pulida y harto de graciosa. Léanla en vez de probar con esta.
Divide Aristóteles¹ el teatro dependiendo desde dónde el autor contempla a sus personajes. Así, la comedia es un tipo de trama donde el autor, el público, está aquí arriba y los personajes allá abajo. Poncela no solo ve a sus personajes por encima del hombro, los ve por encima del propio hombre, de la humanidad entera. Sus personajes no son más que marionetas a su antojo, que entran y salen de su juego a voluntad. Porque Poncela entiende la novela, el espacio de la novela, como un lugar donde todo es absolutamente posible. No tiene miedo a la hoja en blanco, la hoja en blanco le debería tener miedo a él. En cada párrafo de Poncela hay un nuevo hallazgo de lenguaje: uniones de conceptos imposibles, juegos de palabras de muy baja estofa, desprecios revelados. Esto último quizá sea lo fundamental. Tanto aquí como en Espérame en Siberia vida mía y Amor se escribe sin hache, podría parecernos unas tramas de una misoginia imperdonable. Bueno, es que lo son. Pero la misoginia de Poncela es, por una parte, tan solo una escala más en la jerarquía de sus fobias y odios, y, por otra, un espejo de varios aumentos de la misoginia rampante de (su) época. Poncela no soporta a ninguno de sus personajes, ni de sus tramas, y no siente la menor simpatía, pena o patetismo por ellos. Tan solo desprecio. Pero, como señala aquella viñeta sobre el capitalismo, es consciente de vivir en una sociedad de la cual no tiene escapatoria. Así que se revuelve contra ella y les planta en las narices toda su hipocresía, toda su falsedad y todas esas filias y fobias que él mismo posee por osmosis y fotosíntesis. Pero, ¡oh!, cómo me río. ¡Reírse con un libro!, ¿lo habéis probado? Poncela desarrolla una trama de screwball y una erudición (que también desprecia) a su servicio para colarnos en un un, dos, tres, una trama que podría parecer esperanzadora y reflexiva, pero que mal rayo le parta si acaba así. Porque podría. Por unos breves instantes tenemos fogonazos del autor que sería Poncela si fuera menos cínico, menos ácido, menos, bueno, menos señor y más amable, más reposado, más empático. Lo siento, colega, pero tu prosa llega a ser muy bella, tu tempo es magistral y tu desarrollo de personajes, con sus diálogos ágiles, es comedida, pese al absurdismo rampante. A Poncela no lo debería leer nadie en 2020 porque no nos va a descubrir nada que no sepamos ni va a enseñarnos nada, pero ya me sacrifico yo por vosotros para deciros de qué va el tema.²
¹Ugh, va a ser una de esas reseñas, bueno, veamos cómo continua. ²Bueno, al final no estaba tan mal, ¿no? Tampoco entiendo qué ha querido decir, pero, oye, si quieres información leete un periódico.
Libro provocador en algunos de sus aspectos que proviene de un autor censurado por Primo de Rivera, por la república y por el franquismo y después olvidado. Uno de los mayores problemas del libro es su ritmo, parece más una colección de escenas cómicas puestas para contar el gag de turno que una historia. Los – él en realidad ya que es el único – personajes no tienen ninguna evolución salvo cuando el libro se adentra en su tercio final para acabar llegando a algún sitio.
Se trata de un libro de humor absurdo hasta límites insospechables y el autor nos lo hace saber con notas al pie que contienen otras notas que a su vez pueden tener otras notas puestas solo para satisfacer el gusto del autor porque siempre quiso tener notas al pie. Hay juegos con el formato de libro, la ordenación de las palabras, juegos gramaticales, comentarios que son auténticas burradas puestas en boca del protagonista. Resulta sorprendente que semejante libro fuera publicado en 1931.
Hay una línea del escritor que dice algo así como que un autor solo debe emplear el absurdo cuando es imprescindible, y eso es siempre. Creo que es el mejor resumen del libro.
Se lleva tristemente unas tres estrellas por la falta de ritmo y que no he entrado en la historia pero creo que se merece una oportunidad el descubrir a alguien tan irónico, cáustico, disparatado, irracional e hilarante. Y tengo que leer más de él pero creo detectar una amargura que deja filtrar de forma muy subrepticia. Alguien que en el epitafio de su lápida pone “Si queréis los mayores elogios, moríos” tiene que tener algo interesante que contar.
Jardiel Poncela es mi debilidad, me encantan sus obras de teatro, sus novelas, sus novelas cortas... Todo lo salió de su pluma me parece digno de lectura... Y no podía ser menos con "Pero...¿hubo alguna vez once mil vírgenes?" en la que asistimos a la destrucción total del mito del don Juan, de la mujer beatífica, al humor que consigue sacarte más de una carcajada (algo muy habitual en él). De esta novela se hizo una versión teatral: "Usted tiene ojos de mujer fatal", absolutamente fantástica. Es posible que no sea objetiva con la novela y que haya otras, dentro de su producción que sean mejores que esta, pero para mí Jardiel Poncela siempre está de diez.
"Que en la Humanidad son humildes los que no pueden ser soberbios y son soberbios los que carecen de talento en absoluto, lo que motiva el que unos y otros deban ser despreciados por igual. Que la bondad hace nacer la ingratitud; de suerte, que la verdadera bondad consiste en ser malo para evitar que los demás caigan en el horrible vicio de ser ingratos. Que los tontos sólo aman a lo que los adulan, y los listos ni a ésos".
La primera es que cada vez que he decidido leer un libro de Jardiel Poncela ha acabado falleciendo un familiar, por lo que ya me da miedo volver a leer a Don Enrique no porque no me guste su literatura, si no por el aprecio que le tengo a mi familia que, como es normal, quiero que siga viva.
La segunda es que, si bien me gustaron más otras obras suyas, esta además de ser menos excelente me ha resultado más machista de lo usual, digno de la época pero que aquí se hace más evidente y lo explica Jardiel en un ensayo que hay después de la obra: “No rabia contra la mujer, sino de la mujer: de que mis mujeres no hayan sido la mujer insensatamente, forjada y locamente buscada”.
En fin todo un personaje, pero prefiero Amor se escribe sin hache, Esperame en Siberia vida mía, Eloísa está debajo de un almendro, Carlo Monte en Montecarlo, Es peligroso asomarse al exterior o Usted tiene ojos de mujer fatal, antes que este libro, que no es cortito encima.
Jardiel Poncela se vuelve a superar en una de sus novelas más celebradas, que gira en torno al amor, la conquista y la pasión, desde una hilarante y cínica perspectiva que nos mantiene pegados a sus páginas y absorbiendo la sabiduría de sus consejos. Don Pedro de Valdivia y Vivola Adamant encarnan el hastío por el amor, puesto que de tanto triunfar, han dejado de sentirlo y darle valor, si bien otros, más acomodaticios, viven felices de las migas que estos personajes sueltan. El humor español de loa años 20 y 30 del siglo pasado, fueron maravillosos para el humor español, con firmas tales como la de Mihura, Neville, Palacio Valdés y el propio Jardiel Poncela. De hecho, fue tal su popularidad y reconocimiento, que algunos llegaron a trabajar como guionistas de exito en el Hollywood de la Edad de Oro. Puede sorprender a generaciones modernas la existencia de una cosmopolita sociedad española en el periodo previo a la guerra civil, de la que Poncela es uno de sus máximos exponentes.
Probablemente la peor novela de Poncela. Análisis y desvaríos de Pedro de Valdivia, un don Juan adaptado al siglo de las vanguardias y cuyos métodos de conquista que son, ante todo, positivistas. Es una crítica y sátira muy muy bien hecha; es, en fin, un absurdo donjuanesco llevado hasta sus últimas consecuencias, sobre todo por el final.
Con todo, la novela se pierde muchísimo, y le sobran muchas muchas páginas. Lo peor, sin lugar a dudas, es la misoginia, que en esta novela es increíblemente alta, pese a que el autor castigue a Pedro por su actitud.
Solo recomiendo la obra a aquellos que verdaderamente disfruten de Poncela. A mí me ha gustado porque sabe siempre hacer buenas metáforas y es trágico hasta el absurdo, y esto último es lo más importante que tiene el autor, pero, desde luego, no es como sus otras piezas.
Una novela típica de Jardiel: brillante por momentos, divertida, heterodoxa y vanguardista, pero, a su vez, anacrónica -en 2021, no le pidamos peras al olmo- y terrible y constantemente misógina. Todo ello, unido a un poso triste y desencantado, nos deja ver de manera paradigmática el verdadero tono y carácter de la literatura del mejor cómico que ha dado España.
No es la mejor obra de Poncela, pero es tan original que merece su lectura. Es una obra cómica, pero escrita de forma no tradicional, sino que a veces roza lo inverosímil o surrealista. Es, por tanto, un claro ejemplo de lo que se conoce como humor del absurdo. El final me decepcionó un poco, pero tiene sentido si se tiene en cuenta que el protagonista no es un héroe, sino un antihéroe.
No le doy las 5 estrellas solamente porque la historia se quedó chica a la narración. Me sacó buenas carcajadas aunque jamás sabré si la narración era ironía o misoginia... Quiero pensar la primera y así seguir riéndome cada vez que lea este libro.
Fue increíblemente divertido leer a este don juan, me reí muchísimo (Para disfrutar el libro recomiendo leerlo teniendo en mente que es un libro del siglo anterior jajajaja).
Lei este libro cuando tenía 11 años y me encantó por su irreverencia. Ahora, 13 años después, creo que hay mucho humor negro allá afuera que se lleva a este libro por delante y le da tres vueltas. Ni siquiera los pasajes movidos por la profunda misoginia del autor lograron sorprenderme y créanme, quería ser sorprendida. Quería ofenderme, reirme, sentir parte de lo que recuerdo haber sentido de niña, escondida en el baño sin asimilar completamente que estaba leyendo una obra con tantos temas adultos. No hay un solo personaje que me haya gustado, y a pesar de las pocas risas, dejaré de pensar en este libro como una obra inolvidable.
Al igual que el otro libro que tengo del mismo autor está sin firmar porque en esa epoca no firmaba los libros que leía. También este está publicado en México, se supone que en la epoca que lo compré por motivos de censura. El libro es una cachondada. Inferior al de la tournée de Dios, para mi gusto, pero entretenido y escrito con una gracia absoluta.
He disfrutado muchísimo, tanto como con sus obras de teatro. Es un maestro del humor y explota todas las técnicas narrativas y visuales usando con destreza el absurdo.