"¡Yo, el peregrino de las estrellas, el Caín errabundo de los siglos, el aventurero rojo, el sacerdote militante de los más remotos tiempos, el poeta cantor de los sueños de luna en olvidadas edades que ni siquiera guarda recuerdo la historia de los hombres!"
Jack London, cuyo verdadero nombre era John Griffith Chaney, es un escritor muy apreciado por mí. Yo siempre lo consideré como a un hermano de Robert Louis Stevenson.
Puede que sus estilos difieran un poco, pero creo que en ambos casos, nos encontramos con escritores que además de haber sufrido distintas enfermedades y problemas de salud supieron refugiarse en la literatura, los viajes y vivir en la naturaleza para crear sendas carreras en las letras e historias maravillosas que en los días que corren jamás perdieron vigencia. Escribieron libros inolvidables. Clásicos, como uno suele llamarlos que justifican ese adjetivo al que no todos logran llegar.
En el caso de London, más allá de que serán por siempre perdurables sus novelas emblemáticas e inolvidables como "La llamada de la selva" o "La peste escarlata", escribió cuarenta y tres novelas así como una gran cantidad de cuentos maravillosos.
"El peregrino de las estrellas" era una de sus novelas completamente desconocidas para mí que encontré en una librería de libros viejos de canje y a la que ya atesoro como a un gran descubrimiento, dado que los mensajes que el autor puso en ellas son verdaderamente actuales.
La novela consta de tres temáticas bien definidas. Por un lado la experiencia narrada por Darrell Standing, un recluso de la cárcel de San Quintín y condenado a la horca en la prisión de Folsom. En segundo término, acerca de uno de los más brutales métodos de tortura y castigo de los que yo haya leído o conocido (sea ficción o no) denominado el jacket del que me explayaré más adelante y en tercer lugar el tema más complejo del libro que trata acerca de la teoría (el triunfo) del espíritu trascendiendo la materia y del dominio del cuerpo centralizado en el misticismo, la reencarnación y el viaje a vidas pasadas.
Realizada la introducción, Standing nos mete de lleno en la historia, de por qué se encuentra condenado a prisión perpetua y posterior pena de muerte, de como otro presidiario, Winwood, crea una conspiración falsa acerca de cuarenta reos en la que él también es injustamente incluidos que supuestamente tienen escondidos una gran cantidad de dinamita (una locura imposible de llevara cabo tratándose de presos en una cárcel de máxima seguridad como San Quintín) para hacer volar las instalaciones.
Todos serán acusados de conspiración y de esta manera comenzará su calvario y para ello, recurrirán al famoso jacket, que es el segundo tema que London introduce en la novela.
El alcalde de la prisión, el médico y sus brutales asistentes se encargarán de colocarle este suplicio, primero durante unas horas y luego por días.
El jacket es un elemento de tortura que me remite en cierta manera a ese artefacto monstruoso pertrechado por Franz Kafka en el cuento "La colonia penitenciaria" y por otro lado lo asocié directamente a una película protagonizada por el actor Adrien Brody, que casualmente se llama "The jacket" y de la que posteriormente descubrí que increíblemente está inspirada en este libro.
El concepto del jacket como castigo es realmente escalofriante y dudo en creer que no es real ni que haya existido en alguna cárcel del mundo ya que London lo narra con una dureza y crueldad elevada. Es como un largo chaleco de fuerza que los guardias con suma crueldad, ajustaban a través de correas y ganchos de bronce de una forma tan brutal y exagerada contra todo el torso del, brazos y piernas del preso que no les dejaba resquicio de aire para respirar, seguido por entumecimiento generalizado y desesperante de todo el cuerpo. Cito algunas definiciones acerca de este terrible castigo:
"Es como si el aire que respiraba no bastase a las exigencias de la sangre. Era espantosa aquella sensación de sofoco, a cada golpe del corazón, parecía que fueran a reventar los pulmones. Morir es cosa fácil; pero morir con aquella agonía lenta y horrible era una verdadera locura. Comencé a sentir por todo el cuerpo una sensación de acorchamiento, salpicada por una lluvia de pinchazos, como si me estuviesen taladrando la carne."
Con la descripción del método del jacket, seguido de los azotes y golpes sin piedad hacia el reo, el autor hace una crítica al despiadado mundo de las cárceles y la brutalidad de los malos trato0s, que éstos reciben, más allá del crimen que hayan cometido, algo también es denunciado sin miramientos por Lev Tolstoi en la novela "Resurrección", pero en la vieja Rusia zarista.
Además de la denuncia contra este doloroso y despiadado método, London, sobre uno de los capítulos finales hace un sentido e importante alegato contra la horca como sistema de ajusticiamiento, ya en los albores del siglo XX.
Al principio, la tortura del jacketse tornará en un verdadero calvario para Standing, pero con el correr de los días y gracias a los consejos de otros dos presos confinados de la misma manera que él, Jake Oppenheimer y Ed Morrell, comenzará a aplicar una técnica para evadirse, a través de algo que él llama "Auto hipnosis mecánica" de su cuerpo y nos lo explica así: "Si por la hipnosis consiguiese aletargar la parte consciente y despertar la sub-conciencia de mi yo, entonces se derrumbarían las puertas y muros del cerebro, se abrirían de par en par los recintos del alma, y emergerían a la luz del sol los misteriosos prisioneros."
De esta forma comenzará a exponer el tercer tema que es la teoría del triunfo del espíritu sobre la materia, de que, como Standing afirma "El espíritu es la realidad que perdura. Yo soy espíritu, y permanecerá siempre. Yo, Darrell Standing, el inquilino de mil viviendas carnales, escribiré unas cuantas más de estas memorias y pasaré. La materia no tiene memoria, porque sus formas son evanescentes, y lo que en ellas sea grabado, perecerá con ellas."
De esta forma, él logra abstraerse de su cuerpo, al que controla según su voluntad para retroceder a otras épocas y vivir otras vidas, algo así como una especie de reencarnación en vida y transmutación en vidas pasadas, las que maneja a su antojo y, de esta manera, le sirve a London para comenzar a contar distintas historias al estilo de "El Decamerón" o "Los cuentos de Canterbury" en donde narra las experiencias de sus otros yoes y es gracias a estas historias dentro de la novela que uno descubre el enorme conocimiento y sabiduría que encerraba la mente de Jack London, ya que expone temas tan inherentes al ser humano, a la religión, la filosofía y la metafísica que queda uno maravillado.
A partir de sus desplazamientos astrales y viajes a las vidas pasadas leeremos acerca de las vidas y peripecias de sus otros yoes, de los que enumero algunos de ellos. Viajando su mente fuera de la materia de su propio cuerpo, Standing narra las distintas historias que lo marcaron a partir de la lectura de los autores que más le agradaban, como el caso del conde francés y espadachín Guillaume de Saint-Maure, casi un homenaje a Alejandro Dumas y sus novelas de capa y espada; también es Jesse Francher, un niño emigrando en caravana a Utah, masacrado por los mormones en 1857 (algo que también cita Arthur Conan Doyle en "Estudio en escarlata");
Es también Adam Strang, un náufrago inglés en Corea que encierra la historia de una venganza; o nos cuenta acerca de Ragnar Lodbrog, un vikingo sueco quien por el azar termina en Jerusalén presenciando el desenlace entre Poncio Pilatos y Jesucristo; nos mete de lleno en la aventura de Daniel Foss, un náufrago que coqueteó con el canibalismo, abandonado en la isla Amistad, de paradero desconocido en 1809 y que es un sentido homenaje a "Robinson Crusoe", la inmortal novela de Daniel Defoe y sobre el final nos lleva a conocer a Ushu, un cazador en las épocas del tigre dientes de sable.
Es tan amplio el conocimiento de Jack London que sin copiar a esos autores despliega todo su conocimiento de manera contundente y se nota claramente que esta es una de sus últimas novelas (fue publicada un año antes de su muerte), puesto que la experiencia y el aplomo adquiridos a lo largo de su corta vida adquiere brillo y relieve para culminar su carrera con novelas como esta, que oficia a modo de un corolario, un testamento o el fiel y justo legado de su obra perenne e inmortal.
Tal vez, pocos recuerden a Jack London, el escritor, el aventurero, el nómade, el contador de historias que supo encontrar el justo balance entre sus experiencias personales y la ficción para regalarnos novelas inolvidables.
Que Dios bendiga a Jack London.