`Entretanto, yo escribo sobre mí mismo y bebo demasiado. Pero eso ya lo sabéis.´
` — Bueno, quizá seas el mejor escritor de California.
— ¡Qué dices! ¡Aún sigues insultándome! 7
— En fin, queremos que hagas una columna.
— Soy un poeta.
— ¿Qué diferencia hay entre poesía y prosa?
— La poesía dice demasiado en demasiado poco tiempo; la prosa dice demasiado poco y se toma demasiado tiempo. ´
Es curioso cómo la casualidad de una etapa de mi vida me lleva a terminar con Bukowski, o más bien empezar, según se mire. Empecé a leer esta antología antes de que me echaran del trabajo y la he terminado sin trabajo. Da la casualidad de que siempre, en una situación de realidad tan sucia como puede ser la desesperanza, sea la propia desesperanza de los corazones rotos la que dé consuelo a ese sentimiento. Bukowski, como he dicho ya a lo largo de varias reseñas o se detesta hasta la saciedad o se termina teniendo una conexión extraña con muchos de sus relatos, no en todos, es obvio. Más que un misógino, considero a Bukowski un misántropo que sabía cómo manejar el humor y la puntuación, justo en nada voy a empezar a conocer su faceta poética, por la que es más conocido en Estados Unidos, curiosamente en Europa nos gustan más sus novelas y relatos.
La realidad suele estar compuesta en sus novelas por un humor cruel, cruel, como el destino de quien no tienen destino. Encontrando su justificación en la desdicha urbana, el alcohol y el desempleo, junto con una serie de desavenencias provocadas por personajes que no quieren cambiar lo que son. Diría que esa es la esencia de los personajes que crea Bukowski, ahora bien. Para mí, sí que es un escritor que vale la pena darle una oportunidad, obviando lo obvio sobre lo que escribe y se sabe de él, se puede descubrir un mundo urbano en decadencia, la decadencia del sueño americano por antonomasia. Voy a decir que no es ni mucho menos su mejor antología, tiene de mucho mejores, sin duda. Aun así, para adentrarse por primera vez en el mundo que rodea la ambientación general de sus libros no está mal. Un consuelo que me ha venido absurdamente bien, para un momento de absurdo cambio, adentrándome en una ciudad inmunda, más bien parecida a Babilonia. Tan directo y sucio como siempre, maldito Chinaski.