La memoria y la imaginación se entrelazan en los relatos y reflexiones que configuran los textos escritos por el protagonista de Viejo, quien mientras espera la muerte sobrelleva la vida. La escritura se torna una manera de acompañar su soledad, de poblarla de afectos, de distraer su miedo ante al deterioro físico y mental, de sumergirse aún en el río de la vida. Junto a los signos de la edad, de los que da cuenta, el personaje va hilvanando recuerdos en los que confluye el desdibujado ámbito rural de la infancia con la imagen de la dinámica urbana de la juventud y la madurez.
En esta obra nos vamos a conseguir con una narración cargada de muchas descripciones y donde el narrador es el mismo protagonista. Las acciones se van a presentan de forma alterna, es decir, nos vamos a trasladar del presente al futuro (prospección y retrospección) y conoceremos diferentes historias contadas por diferentes voces, ya que el viejo (protagonista) nos va a contar sus experiencias vividas y a su vez lo triste y sólo que se puede llegar a vivir el ser un “viejo”.
Adriano González León was a Venezuelan writer better known for the novel País Portátil, winner of the Biblioteca Breve Prize (1968) of Seix Barral. In 1980 was honored with the National Prize for Literature.
Le tenía muchas ganas a este libro, pero me resultó particularmente fastidioso. Fastidiosísimo. Es una obra de gran madurez emocional, no lo niego, pero ¡caramba! todo gira en torno a lo mismo y no me parece que haya sucedido algo increíble. Una que otra historia interesante, como para excusar a los recuerdos que van llegando cuando se está próximo a la muerte.
Creo que, sin embargo, es uno de los mejores inicios de novelas. Con esas palabras "Me siento viejo", me atrapó, pero después fui soltándolo. A medida que avanzaba fue redundante. Que si estoy viejo, enfermo, achacoso, ya nada es lo mismo, nadie viene, me voy a morir solo. De todas formas, el escribir las impresiones de su vida y de la sociedad en la que vive es la manera que tiene el protagonista-narrador de esperar sin desesperar a la muerte. En esto le concedo algo de brillantez, son poderosas las imágenes sobre la muerte y la espera.
Por último, son increíbles las cavilaciones y las historias que mete entre una y otra reflexión, como si no tuviesen conexión, cada una sin un final. Escribe y piensa porque eso deben hacer los viejos inútiles, ya no puede hacer más nada. Y así va, hasta que se acaba: recordando mujeres, familia, paisajes y épocas mejores.
"Quien recuerda hace trampas. Quiere acumular lo ya hecho para llenar el hueco de lo que no se podrá hacer. Y tener conciencia de ello resulta más doliente". (p.118)
Una novela que deja mucho que desear, pues lo repetitivo de los argumentos la hace una lectura aburrida, que buscas que se acabe lo mas rápido posible. No me gustó.