Súper bueno el libro, aunque debe ser imposible de entender para alguien que no sea chileno. Tiene un montón de modismos y términos que a mí me hicieron sentir en casa, pero que para algún extranjero debe ser chino mandarín. O sea, ni siquiera sólo para extranjeros de otros países, sino que también extranjeros en el tiempo, del mismo Chile diez años antes, o diez años después, porque es un slang muy específico.
Pero a mí me gustó mucho. Por un lado me hizo reír, porque es divertido y está escrito con mucha gracia, y siempre hay una cosa placentera en escuchar a alguien hablar con tales sinceridad y destajo... pero por otro lado, me dio pena. Porque el trasfondo de lo que cuenta es cierto: a veces la religión le da la espalda a la gente de una manera terrible. En su caso, sus papás ni siquiera pudieron realmente quererla, solo porque era distinta a lo que se esperaba de ella (bisexual, entre otras cosas), y jamás hay autocrítica al respecto. De la que sepamos. Entonces uno piensa que al final no es que no podían quererla, sino que no QUERÍAN hacerlo.
Con tal que el libro, más que nada, me hizo sentir una profunda compasión. Por ella, por su familia, y también por todos nosotros. Porque es horrible lo que le hace a la gente la religión (cualquier religión), cuando le importan más las normas y los qué dirán de algún Dios regludo (e improbable), que la gente misma. Yo creo que si en verdad hay tal Dios, TIENE que ser mejor que eso. Aunque al final sea la gente la que en verdad hace esas cosas, no sus celestiales mandamases, y sea a ella a quien haya que responsabilizar al respecto.
Así que recomendado, SÍ Y MUCHO... pero solo para los que no se escandalicen ni con el tema, ni con el lenguaje. Que igual puede ser fuerte.
Pero definitivamente vale la pena leerlo. Porque más encima es una historia real. Y no en absoluto la única del tipo.
Citas que destaqué:
1.
Tengo 9, 10, 11 años, y no hay nada que me haga más feliz en este mundo que Sailor Moon.
Piernas largas, trajecitos hermosos y ojos inmensos.
Padre me da luca a la semana. Doy el diezmo y el resto lo ahorro para comprarme sailor cosas en el Portal Lyon. Mi vecina, en cambio, tiene su pieza llena de pósters, películas y libritos. Caigo en éxtasis y envidia cuando voy a su casa. Padres suyos le compran todo lo de Sailor Moon que quiere.
Hay un póster favorito en su pared, al lado de la cama. Sailor Moon está al medio y las otras nueve sailors la rodean. Voy a su casa solo para verlo y escoger a las más bonitas. Júpiter siempre gana, porque entre todas las piernas largas, ella tiene las másmás. Vuelvo a mi casa pensando en que si mi vecina muere, iré a saquear su casa (perdón, vecina). O mejor que me deje un testamento. Por mientras, junto plata, junto plata, para poder tener ese mismo póster.
Tengo una sailor carpeta en la que guardo recortes, laminitas, y las cosas que compro en el Portal Lyon. No sé por qué Padres la miran con sospecha pero sé que la miran. No sé por qué no les gusta Sailor Moon, pero sé que:
- Esos japoneses raros - dicen a veces.
- Son raros los japoneses - dicen otras veces.
- Tienen esas ondas raras medias sexuales - dice Madre.
- Tienen esas ondas medias esotéricas - dice Padre.
Sucios y satánicos. En eso se resume el problema. Como suele pasar, Madre le achunta. No me interesan ni sus espíritus, ni el poder del prisma lunar, ni los gatos con poderes. Lo que amo es su belleza. Estar enamorada de un mono animao mujer y no darme cuenta.
- Escriban en sus papeles cuáles son sus ídolos - dice Tío de escuelita dominical.
Escribo: Sailor moon.
- Ahora vengan.
Vamos con nuestros papelitos, y Tío escuelita nos muestra una pala metálica, pero no pala de cavar sino para de pala y escoba.
- Póngalos acá.
Sospecho, pero obedezco. Todos lo hacemos. Cerrito de papeles en la pala. Tío escuelita las prende fuego.
- Dios está primero - dice, mientras se queman.
- ¿Qué vieron hoy en la escuelita? - pregunta Padre mientras maneja.
- Nada.
- ¿Cómo nada?
- Lo de siempre.
Padre/Madre se dan vuelta para mirarme. Tal vez ya saben de lo que hablábamos y preguntan solo para probarme.
- Hablamos de los ídolos.
Entonces, mucho padecimiento en el alma, cuento todo.
- ¿Qué vas a hacer entonces? - me dice Padre.
- No voy a ver más Sailor Moon - respondo lo más rápido que puedo para que la frase no duela.
Para padres eso no es suficiente. También debo botar mi carpetita. La vacío en el basurero de la cocina. Las cosas pueden ser culiás hasta la perfeccción. Suena el timbre y es vecina. Me dice que le regalaron un póster igual al de su pieza, y quiere saber si lo quiero. Le digo que no, gracias.
- Ya no me gusta Sailor Moon - o alguna inverosimilitud respondo.
Padre me dice que hice bien al superar la prueba que me mandó el Enemigo, pero no puede sospechar que ese corte temprano de mi promisoria y emergente carrera lesbos, hará que once años después conozca y me enamore de mujer igualita a Sailor Saturno. La única con la que he tenido amor del verdadero.
2.
De todas las cosas malas de estar hospitalizada hay dos de verdad peores.
No tener posibilidad de huir es una.
Hace más de dos años que no vivo con Padres. Eso nos permite lograr una cordialidad basada en verse solo los domingos, hora de almuerzo. Con Madre hablamos de lo hermoso que está Gregorio (gato), y con Padre, de donuts y papas fritas. Tengo suficiente espacio para ectrañarlos y, supongo, ellos a mí. Cuando empiezan con los discursos antifornicación, antigueidad, antipastilladeldíadespués/antiaborto, anticualquier otra religión (nuevo blanco favorito: musulmanes), pro Israel, pro gringosrepublicanos, pro Tía Paulina, me voy de mi casa y tengo una semana entera para olvidarlos (más o menos).
Pero, hospitalizada - algo raro tengo en los riñones - no hay huida ni tiempo de olvido, y estoy obligada a escuchar los lamentos de Madre cuando Hermana, vía skype, le dice que lleva tres semanas pololeando con Ben Joplin, y que se va a casar con terno.
Hermano chico chilla:
- Y YO VOY A IR CON VESTIDO.
Madre tiene toda la mala cueva que una madre evangelion puede tener. Yo, hija fornicaria. Hermana, hija fornicaria que quiere casarse con terno. Hermano, todavía no fornicario, pero deseando ponerse vestido.
En la noche no puedo dormir porque todo todo todo me duele. Madre no deja de pensar en el terno.
- ¿Por qué crees que se quiere casar con terno?
- Porque encuentra que se ve más flaca.
- ¿Pero por qué no se manda a hacer un vestido con el que se vea flaca?
- Es que no quiere que se le vean los tatuajes.
- ¿Por qué hace esto? ¿Por qué se casa con terno?
Intento calmar a Madre, diciéndole que a veces hay gente que se casa muy vestidito blanco, ceremonia enorme y se separa a los dos segundos, que la felicidad no está en eso y bla bla bla.
- Es cierto - dice Madre con gesto exacto de que todo lo que digo entra por una oreja/sale por otra.
El segundo problema hospitalario es que que hay demasiado tiempo para pensar.