Esta novela como su nombre lo dice, es un viaje constante al pasado, una constante nostalgia de rememorar y extrañar la juventud y un país de origen. La historia está narrada por Marcela, nuestra protagonista, y se mueve en dos tiempos, desde el presente en París y hacia el pasado en Cuba.
La leí a principios del mes de Junio y sigo sin poder formarme una opinión acerca de lo que pienso de ella, creo que no me gustó en general, aunque no podía dejar de leerla. Me pareció que era una novela autobiográfica pues leí un poco de la vida de la autora y hay algunas coincidencias entre ella y su protagonista, de ahí mi dificultad para pensar algunas cosas, como por ejemplo y primordial que no puedo dejar pasar cuando se trata de Cuba, la cuestión política. Me parecía que tanto Marcela como todo su grupo de amigos exiliados que se fueron de Cuba, estaban tan despolitizados que no se daban cuenta en su ingenuidad de querer quedarse en la neutralidad o el escapismo, estaban inmersos de igual modo en la ideología neoliberal. Entiendo que no es una novela política ni mucho menos un ensayo, pero en cuanto se tocaban estos puntos dentro de la novela, me parecía que todos los personajes tenían la misma perspectiva un poco ingenua sobre la vida en Cuba y en cualquier otro lugar del mundo.
El personaje de Marcela tampoco me terminó de gustar, aunque tuve muchas sensaciones ambivalentes hacia ella, pues es un personaje pretencioso, condescendiente y con aires de superioridad intelectual, por otro lado disfrutaba en ciertos momentos que era una mujer que decía lo que pensaba y no le daba miedo moverse sola por el mundo, ni la soledad. A veces me parecía que este tipo de personaje ya lo había leído antes en las novelas de algunos de la generación Beat, y en otro momento me pareció que se parecía un poco a algunas de las protagonistas de la novela de Amelie Nothomb.
La prosa me gustó, y me hizo seguir leyendo, tiene un ritmo que te atrapa y te mueve solo, fácil. Algunas otras cosas de las que me gustaron fueron la descripción de momentos y lugares. Los atardeceres en Cuba, las calles, las fiestas de alcohol, vestidos y calor. Los pisitos mugrientos de París y la insalubridad, los parques, el café.
Creo que la razón por la que a pesar de no gustarme del todo la novela, me encontré atrapada en ella muy fácilmente es porque pude reconocer al instante que hubiera disfrutado mucho de esta historia durante mi adolescencia, pues es justo el tipo de narración que buscaba desesperadamente en aquellos años, algo que pudiera llenar mi nostalgia inacabable, mi pretenciosidad. No así ahora.