Un libro hermoso y apacible, sobre un adolescente observando el universo y sintiéndolo tan amplio e inconquistable en relación con su propio mundo rural y campesino.
La historia sucede en 1959, en Magina, una zona rural Española desde donde este niño observa fascinado el cielo, la luna, la tierra y sus milagros
"Quién puede conformarse con la seca y pobre textura de la realidad inmediata, de las obligaciones y sus mezquinas recompensas, con la explicación teológica, sombría y punitiva del mundo que ofrecen los curas en el colegio o con la expectativa del trabajo en la tierra al que mis mayores han sacrificado sus vidas y en el que esperan que yo también me deje sepultar"
Es un libro sobre ciencia, sobre astronomía, sobre el tejido fantástico de que esta hecha la realidad, sobre la materia castigadora de los dogmas -la religión, la política-. También es un libro sobre el crecimiento, el difícil descubrir la responsabilidad, el deber ser, el juicio y demás cosas que trae la mirada ajena con los pelos en las piernas, los nuevos deseos y la incertidumbre.
"Yo no había probado el sabor agrio del trabajo obligatorio ni sabía que en la penumbra sabrosa de la soledad pudiera agazaparse como un animal dañino la vergüenza"
En suma, no es el libro atropellado y estrambótico, no tiene suspensos ni suceden grandes cosas, solo los amaneceres, las cosechas, las tardes, la luna sobre el agua fresca del pozo... y unos hombres caminando en la piedra caliza de la luna, mientras un (casi) niño empieza a construir su universo.