No es tan solo un nombre, recibido y transmitido por generaciones que lo acatan, vinculado al mando en el mar, esa noble e inalcanzable entelequia. Es, sobre todo, la reducción a una palabra del desorden provocado por la obediencia a una orden y la manifiesta rebeldía de una naturaleza que juega con su amo y acepta sus reglas, pero en todo momento es capaz de enseñar sus dientes.
Blanca Andreu termina su poesía publicada con este poema. Me ha decepcionado bastante. Su primer libro me pareció una maravilla poética, pero este, escaso, sin apenas aliento, diría que se queda afónico y no alcanza las cotas que la autora tuvo. Continúa siendo buena poesía, pero no en los estadios que tuvo la autora.