La mercantilización de la vida íntima reúne ensayos escritos desde finales de los setenta hasta los 2000 y poquito, sobre temas que conciernen de forma muy directa al feminismo. Y ¿sabéis qué? Que ni siquiera los más antiguos han perdido demasiada vigencia. Vamos, que al margen de ciertos avances evidentes, las mujeres seguimos estando bien jodidas. Eso convierte este libro en una lectura algo amarga, sin dulzura que palie lo agrio como no sea el estilo de Arlie Russell, que está en las antípodas del tremendismo y que quizás precisamente por ello llega al meollo de ciertas cuestiones importantísimas sobre las que toda feminista ha de reflexionar: cómo el capitalismo ha aprovechado a su favor ciertas teorías de la igualdad, de qué modo lo social conforma nuestros sentimientos o las estrategias emocionales que tenemos que emplear las mujeres para vivir en un mundo donde los hombres han avanzado ideológicamente más en la teoría que en la práctica.
¡Vida de pareja! ¡Conciliación! ¡Tareas domésticas! ¡Autoengaño! ¡Y desde una perspectiva sociológica!
Impagable, además, el retrato final que hace la autora del ambiente académico ya no solo como socióloga, sino desde lo más personal.