Supongo que mi nota poco importa, porque el pueblo ha hablado: este libro gusta. Gusta mucho.
Pero, como todo, que algo guste no implica que sea bueno. “El buen padre” no tiene grandes aspiraciones literarias: es un thriller más de los muchos que están tan de moda en los últimos años, con una inspectora peculiar de carácter y de nombre, que dirige a un equipo de personajes estrictamente estereotípicos y que se enfrentan a casos enrevesados con giro final. Vamos, típico libro para leer en la playa o cuando quieres no invertir demasiadas neuronas en ello (ese era mi caso).
Ante este tipo de literatura intento ser coherente. No le puedo pedir lo que no ofrece y procuro pasar por alto según qué problemas (y en este libro abundan, y me refiero a la trama). Pero a veces no soy capaz de comprender cómo hay tanta gente que le exige tan poco a un libro. No sé, quizás peque de elitista, pero sigue habiendo algo en el papel, en la letra escrita, que me hace sentir un libro como algo más que un mero entretenimiento. Pero, claro está, no es el caso del público objetivo de este tipo de novelas.
Sin embargo, debo señalar que esta es de las más flojas que he leído en su género. Una escritura correcta pero simplona. Una trama que intenta ser enrevesada y atrapante pero que en realidad es una concatenación de ocurrencias unidas (a veces precariamente). Una despreocupación grande por el realismo y la credibilidad, en especial en lo referente a los aspectos legales y judiciales. Unos personajes planos, todos ellos tipos definidos y cuadriculados, que se podrían resumir con una palabra (la rara, el friki, el machito, la guarra, etc.), tanto los protagonistas como los secundarios. Con un antagonista muy mal construido, por cierto. Y, aunque esto ya es más subjetivo, una forma de escribir… demasiado masculina. Seguro que muchos entienden a qué me refiero. Huele a macho cuando aparecen mujeres en escena.
En definitiva, una novela muy ligera, hasta cierto punto entretenida si no eres mínimamente exigente con ella (absténganse de pensar dos veces sobre si lo que leen tiene o no sentido) y que tiene su público, qué duda cabe. No está al nivel de un Juan Gómez-Jurado, por ejemplo, pero se deja leer.
Pero si no eres lector asiduo de este tipo de libros, como yo, y te gusta una literatura algo más potente, me temo que lo único bueno que vas a sacar es que es rápido de terminar.
En mi caso, debería aprender que las recomendaciones de “Libros de arena” (Radio 5) no son de fiar. Venden muy bien el producto (así conocí este libro y se me quedó en la trastienda de mi cerebro como una lectura atractiva), pero mucho me temo que no es un programa de crítica literaria, sino de mera mercadotecnia editorial. Soy consciente de que esos programas también son necesarios, pero hombre, debería estar escarmentado a título personal al menos.