Los mejores comienzos de los libros exigen una interrupción. Uno va leyendo, y cuando termina el primer párrafo, levanta la cabeza y piensa: ¿cómo puede ser esto tan perfecto? No importa cuántas novelas o cuentos se hayan leído, el asombro ante la perfección de un gran comienzo se renueva con el hallazgo de un pequeño milagro en cinco, seis o siete renglones. Los finales en cambio deparan otros placeres. Es el momento donde una historia se cierra o un misterio se devela. Y demasiadas veces es, además, una mezcla defelicidad y zozobra. Porque lo que sigue es una página en blanco, y el libro que queríamos terminar y no queríamos que terminara, ha terminado. Pero sobre todo es el instante donde un mundo de imaginación se completa, y donde sellamos un pacto con una historia y una escritura que sabemos nos acompañará para siempre. En este libro, Pablo Bernasconi ha tomado los finales de 59 textos memorables y ha pasado a la imagen esa sensación de compañía eterna que generan las obras maestras. El asombro pauta estas páginas, ya no el de las palabras, sino el del trazo, el color, la forma. Se dirá que Bernasconi ilustra los finales. Pues si y no. Hace eso, inevitablemente, y también hace un homenaje al texto entero, a los autores y a ese placer tan íntimo y tan universal que es la lectura.
Diseñador gráfico. Ha colaborado es gran cantidad de revistas de gran renombre, entre sus clientes habituales se encuentran Clarín, Caras y Caretas, Rolling Stone, The New York Times, Playboy, entre otros. Bernasconi ha sabido crear un estilo propio en sus ilustraciones, que lo hacen altamente reconocible.
Decir que uno ha leído este libro es decir que se han leído muchos libros, antes, después o durante ésta lectura, ya que gracias a las ilustraciones que el libro tiene yo me sentí muy motivada a leer más libros para saber su final y luego volver a Finales y reír con el collage que Bernasconi hizo del libro o del cuento. Me encantó.