“El habitual diploma de la escuela no podría servir para la señorita Hargrave: los diplomas estaban redactados en latín y todos los términos eran masculinos. El nuevo título del graduado era Domine, que significaba “señor”. ¿No habría, le preguntó el otro profesor, una versión femenina? ¿No un término que significara “ama”, porque no era eso exactamente, sino algo que equivaliera a “señora”? Se reunió todo el claustro de profesores y, al final, se optó por una sustitución aceptable. La llamarían Domina”.
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No hace falta olvidar, que todos los derechos y privilegios con los que contamos las mujeres no fueron dados, fueron arrebatados. Hace mucho tiempo leí esta frase en las redes sociales y nunca le había tomado tanto peso hasta que leí esta historia. Y es que veo a mis amigas y conocidas siendo ya doctoras como tal que las admiro mucho más después de leer todo lo que se tuvo que hacer para llegar a ese punto.
Para hablarles de estos avances en cuanto a los derechos de la mujeres es necesario ir dos siglos atrás, justamente en el año de 1881 donde Barbara nos presenta a Samantha Hargrave, una estudiante de medicina que se está preparando para la ceremonia de graduación. Una ceremonia bastante inusual y polémica en su época, porque se trata de una sola mujer graduándose en la carrera de medicina.
¿Pero cómo llegó allí? ¿Cuáles cosas tuvo que enfrentarse para entrar a la carrera y defender su lugar? ¿Qué le deparara el destino después de la escuela?
Para entender las primeras preguntas tenemos que regresar al año de su nacimiento: en 1860 en Inglaterra en el seno de una familia un tanto caótica y fervorosamente religiosa. Su madre muere al momento del parto, su padre no le prestaba la debida atención y ni que decir de sus hermanos. Por lo mismo la pequeña Samantha hizo amistades leales en la calle. Barbara nos muestra todo lo que vivió en su infancia, parte de la adolescencia y la manera en la que luchó para entrar en esa escuela de medicina, los comentarios que vivió, el rechazo por parte de las mujeres de la sociedad. Pero no solo nos vamos a quedar hasta su graduación, ya que vamos a saber mucho más de ella conforme pasan los años, sus planes, su lucha contra ese sistema machista y puritano que no la va dejar tan fácil. Es todo un combo.
Cuando estaba acabando la preparatoria la carrera de medicina nunca, nunca, nunca fue mi primera opción, ni siquiera sus derivados, ya que a mí lo que más me interesaba era la Historia (por eso soy amante de la ficción histórica). Imaginen mi sorpresa al avanzar con velocidad en este libro sobre todo cuando hablamos de los avances médicos. Y es que a veces tenemos la veda de la modernidad que no concebimos otra vida sin todo esto. Y madre mía, yo flipaba con cada escena, con este contexto histórico en cuanto a la medicina que no podía parar, se los digo en serio.
Pero si hablamos de las mujeres dentro de este ámbito vemos que era nulo. De hecho, acá se empezaba a nombrar a Florence Nightingale y la evolución de la nueva enfermería (cosa que se menciona también en Bajo la luna de Hawái), y aunque claro que fue un avance, aquí se hace mención a que no lo hacía con términos feministas, ya que de esa manera si había mujeres que quisieran ser doctoras, era más factible la enfermería y desistían de entrar a la carrera de medicina. Otra cosa, Florence siempre enseñaba a sus estudiantes que tendrían que estar al servicio y a las órdenes de los doctores. Por lo mismo Barbara se toma un poco la licencia artística y agrega aunque sea en unos capítulos a las doctoras Elizabeth y Emily Blackwell, quienes son consideras unas de las primeras doctoras en la historia de la medicina. La historia aborda ambas carreras.
Y es que podemos decir que esta historia (hasta ahora) es la pionera hablando de las mujeres en la medicina en este universo creado por la autora. Samantha es la que antecedió a Grace Treverton (Bajo el sol de Kenia) y junto a ella es que abrieron paso a más mujeres años después como lo fueron Sondra, Ruth y Mickey (Constantes Vitales). Y tengo pruebas y cero dudas de que estas tres historias dan guiños a otra novela de la autora: El amuleto que ya son señales divinas para que lo vuelva a releer, pero me desvío. Encantada con mis chicas, lo digo en serio. Y es que les puedo asegurar que había escenas que yo era rabia y llanto al mismo tiempo, porque aunque el personaje de Samantha era ficticio, dolía pensar que esas escenas lo pasaron muchas mujeres para que hoy la mujer puede estudiar esa carrera sin ser juzgada.
Ahora vamos a tocar un tema que va a ser polémico, y es que estamos hablando de avances científicos en cuanto a la medicina, avances en cuanto a los derechos de las mujeres, pero a la vez vemos que estamos en un retroceso constante. Porque algo con lo que siempre se va a tener que lidiar es con la ignorancia de la gente y como ciertas empresas lucran con ello (es un tema recurrente en la novela). Llámalo: Cura del cáncer del doctor Rupert Wells, Jarabe tranquilizante Milikin, el jarabe de la señora Fenwick, Omnilife, Herbalife o el más sonado últimamente: Sisay. La diferencia de los productos modernos milagrosos a los jarabes de esos años, es que en esa época estaban cargados con opio y grandes cantidades de alcohol. Los actuales no, más no dejan de ser agua pintada o polvos vendidos a una cantidad absurda de dinero prometiendo todo tipo de cosas, que aparentemente no perjudican, pero lo hacen.
Si mal no tengo entendido, Jorge Vergara, el fundador de Omnilife murió ocultando su enfermedad ya que él prometía y aseguraba que sus productos curaban todo tipo de enfermedades, y como se iba a ver estando tan enfermo y vender sus productos. Si, ya sabemos que no somos inmortales y que mucho menos somos Dios, pero el garantizaba que eso era más efectivo que los medicamentos tradicionales. Si bien Herbalife fue dedicado exclusivamente con el peso y solo era engañar a tu cerebro tomando líquidos para que no te diera hambre (teóricamente era el ayuno intermitente), sí que causaba daños: el no comer. Una amiga mía iba mucho en las mañanas y en las noches a un club Herbalife. Imaginen su sorpresa cuando al ir con el dentista (ya que sentía que los dientes estaban flojos) este le dijo que estaba descalcificada. Y Sisay… no me hagan hablar. Porque tengo relación con gente que está asociada con esta empresa y te dicen que curan ABSOLUTAMENTE TODO, pues bien, una de estas personas resultó con alergias a cualquier tipo de mariscos. ¿Pero por qué no toma alguno de sus productos para tratarse? Porque no es pendeja y sabe que solo está lucrando con la gente. El café que no es café: Gakoffe hecho con el hongo Ganoderma, el cual cura cincuenta enfermedades, y no son capaz de nombrar mínimo quince. Mi hermana estudió la licenciatura de nutrición, así que todo lo que pienso consumir lo consulto con ella. Le hable de este hongo y ella investigó en páginas científicas donde en la universidad les pedían que hicieran sus investigaciones, en estas páginas decían que no servía para nada, y que lo que era peor es que era contraproducente tomarlo si te estabas tratando el diabetes y otras cosas. Y es un producto que se vende para que lo tomen los diabéticos principalmente.
Si, en ese sentido seguimos estancados…
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La narración: la novela está narrada en tercera persona, dividida en cinco partes que abarcan desde el año 1860 hasta casi el fin de siglo. Dando inicio con el prólogo donde estamos en la ceremonia de graduación, para empezar la primera parte de la novela donde va abarcar la infancia y adolescencia de nuestra protagonista. Los capítulos son término medio, algunos son largos, otros mucho más cortos, y eso hace que se avance sin problemas.
La ambientación de este libro me ha encantado por completo, realmente te apartas de tu realidad para ir a esos años en los que acompañamos a nuestra protagonista. Casi podemos decir que sentimos el olor de los hospitales, y presenciamos las escenas. Y es que se los juro, hay escenas que en serio te erizan la piel, te hacen llorar en lo que parece ser algo simple. No puedo decir mucho de eso, ya que no quiero hacerles spoiler de esas escenas.
En cuanto a la redacción no tuve ningún problema, los cambios de escenas estuvieron muy bien manejados y no tuve problema con los saltos temporales.
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Los personajes: el personaje de la doctora Samantha Hargrave es ficticio, pero para crearlo la autora se inspiró en esas mujeres reales que se atrevieron a desafiar las reglas de esa época para estudiar algo a lo que solo los hombres tenían derecho. Y es que sí que les puedo decir que desde que empiezas hasta que acabas el libro sientes el personaje real, como si lo tuvieras al lado tuyo. Con sus errores y aciertos, con esa perseverancia que la caracteriza para luchar por lo justo, pero también con un carácter fuerte sin perder los estribos. Amo, amo a esta chica, se ha vuelto de mis personajes favoritos del año.
Pero no solo ella, sino todos los personajes que vamos a ir viendo a lo largo de esta historia, pues les puedo asegurar que ningún personaje sale sobrando, todos se sienten reales, y todos aportan algo a la trama. Estos personajes son a lo que me tiene acostumbrada Barbara.