Una serie de brutales asesinatos alrrededor de un escritor, continuos flashbacks que nos llevan al pasado tormentoso del protagonista, son los ingredientes principales de este policial negro, a cargo del maestro catalán: Pasqual Ferry en guión y arte.
Pascual Ferrándiz Arroyo es el nombre de cuna del historietista español Pasqual Ferry (a veces, Pascual Ferry, a veces Pascal), de gran trayectoría en los mercados europeo y estadounidense.
Con una historia entre lo onírico y lo cruentamente real, nos adentramos en el mundo de Pasqual Ferry. Lo interesante, desde luego, es la historia, sí, pero también su segunda y tercera lectura, donde las citas que finalizan cada capítulo nos adentran en un subtexto más allá. La historia nos presenta a Miller, un hombre que parece perder el control influenciado por imágenes que un desconocido, Woods, le manda. De este modo, nos adentramos en la posibilidad de inconsciente, de los sueños y de nuestra capacidad de influir en los demás. Todo ello con una trama policiaca que nos hace sospechar de todos y dar mil resoluciones. No es que al final sea la que queramos, sino que podremos decidir hasta dónde queremos averiguar. En cuanto el dibujo, nos encontramos ante una línea gruesa y bien definida que ofrece claridad y dureza al cuadro. Además, en las escenas con más impacto, encontramos un buen foco que dirige la mirada al punto exacto. Para mí todo un descubrimiento de un clásico y una lectura que me ha hecho disfrutar del cómic de nuevo y cuya historia me ha hecho pensar un poco a cómo somos. Espero que os animéis con ella, porque no os arrepentiréis.
Probablemente uno de los mejores comics que he leído en mi vida (y he tenido ocasión de leer unos cuantos).
La historia, una serie de episodios vitales del protagonista en momentos de su vida distantes unos de otros en el tiempo, se hace completamente verosímil a pesar de integrar elementos fantásticos, como ocurre tan frecuentemente en la novela gráfica. Al final el retrato del personaje es completo y da la sensación de haberle conocido como a un amigo al que se acompaña durante toda una vida.
Es raro encontrar casos en los que la historia y el diseño gráfico se demuestran tan complementarios y enriquecedores el uno para el otro.