Algo me sucedió con el autor de esta novela y El bolígrafo de gel verde, y es que a mí no me gusta mucho la narrativa simple, ésta que nos cuenta cosas de la época actual, ésta que se centra en la trama de jóvenes adolescentes. Sí me gusta la narrativa que nos cuenta historias de otra época, pero de la actual... digamos que ya tengo suficiente con vivirla.
Sin embargo Eloy Moreno no escribe como el resto de los autores, no escribe una historia. Nos la cuenta. Y lo hace de forma que, poco a poco, con disimulo, se introduce dentro de nuestra mente y mueve algunas cuerdas. Cuerdas que tiran de sentimientos que ocultamos, cuerdas que nos obligan a mirar cosas por las que normalmente giramos la cara.
Como bien podéis ver en la sinopsis, no tenía ni idea de qué hechos me iba a mostrar Eloy, pues a este autor le gusta sorprendernos. Y lo consigue, lo ha conseguido. Y yo no voy a revelaros ni un ápice de ella, pues creo, como él, que debemos dejar el miedo atrás y adentrarnos de lleno y sin saber qué nos vamos a encontrar. Ahí, a palo seco.
¿Cómo deciros cuánto me ha gustado el libro sin contaros nada sobre él?
Eloy nos hace de guía por una ciudad rebosante de historias por contar, nos muestra los secretos más íntimos de las personas que viven entre las paredes de sus calles. Ventana por ventana, en una puerta marcada de rojo, en un banco que ha vivido las historias de amor más hermosas, en una plaza en la que han rodado cabezas...
Nos muestra el dolor de la injusticia, las consecuencias de la justicia, la felicidad del nuevo amor, el temor del nuevo amor, el terror que una navaja en manos de una niña produce a otra niña, el coraje de unos ojos que ya están cansados de ver sufrimiento, la búsqueda interminable a una respuesta cuya pregunta llevas formulándote toda una vida...
Narrado en tercera persona pero desde una perspectiva tan cercana como íntima, los sentimientos llegaron a mí como las olas en la orilla del mar, subiendo por mis tobillos, llegando a mis rodillas y sumergiéndome por completo en las vidas de personas que nunca conoceré, pero a las que conozco mejor que ellos se conocen a sí mismos.
El final, con un toque de triunfo y derrota, me ha devuelto a la realidad con la sensación de que, tras tanto caos y armonía, soy parte de una vida en la que, aunque el contexto nos deforma, soy yo la que toma las decisiones y soy yo la que elijo el camino por el cual quiero triunfar o caer.
Maravilloso y totalmente recomendado.