Lo primero que me maravilló de este libro fue el movimiento que pervive por sus hojas. Leerlo se parecía más a ver una película: a veces, era cine mudo; otras, animación; unas más, me parecía ver fragmentos de un documental. Opisanie świata fluye sin parar, algo que quizá resulte natural y hasta obvio, pues el protagonista de la narración es un viaje.
Hay más de una forma de dividir este viaje en tres. Una puede ser: el tramo recorrido en tren de Polonia a Alemania, donde Opalka y Bopp se conocen; los días en barco hasta Brasil, donde intimamos con las manías, pensamientos y disparates de otros pasajeros (y una perra); y, al fin, la llegada de Opalka a la Amazonia, tan distinta de la que vivió antes y donde se encuentra no sólo con su hijo, sino con su propia transformación. Otra forma de navegar por este viaje la marca el color de sus hojas: unas son rojas y contienen recomendaciones que Opalka lee en una guía turística para quienes visitan Latinoamérica; otras, las cafés, son cartas y reflexiones; y la blancas, por las que desfilan personajes casi surreales, casi rayando en el realismo mágico. Estas "secciones" o lecturas, conversan entre sí, se complementan y hacen más rica la travesía porque le dan ritmo.
Una lectura más viene de las tres fases de la relación de Opalka con Bopp: su primer encuentro, antes de abordar el tren, cuando Bopp le regala la guía turística; luego, las aventuras de su amistad, cuando lo observa liderar la búsqueda de María Antonieta en el tren (aunque lo único que sabía de ella era que "mordía y que cabía en un frasco de vidrio de unos 25 cm de altura por 10 de diámetro"), o dirigir la entonación de una cancioncilla en el barco, o pelearse con las Clodiás por cargar las maletas, ya en tierra; y al final, cuando encuentra en él, la inspiración para el inicio de una novela que pudo llamarse Opisanie świata o Descripción del Mundo.
—Tome— dijo Bopp tendiéndole una libretita negra—. Es un regalo. Sirve ara hacer anotaciones. Para que escriba lo que pasó. Ayuda a superar. Y a no olvidar. Uno escribe para no olvidar. O para fingir que no ha olvidado.
Bopp guardó silencio y, después de algún tiempo, añadió: —O para inventar lo que ha olvidado. Tal vez sólo escribimos sobre lo que no ha existido nunca.
Ah, Opisanie świata termina sin punto final.