No es un libro, es un western demente en el parking de un McDonald's, con más cortes por minuto que la nariz de un rockstar en el '77.
El honor, la venganza, el absurdo... todo se bate en una coctelera con metralla y mucho humor negro licuado. Wilson no solo describe masacres, las coreografía. Te lanza capítulos fragmentados como esquirlas de una granada, cada uno resonando a cámara lenta y a toda velocidad a la vez, justo como el maestro Peckinpah disecaba la balística. Es un libro-película que huele a pólvora, a celuloide quemado y a sudor frío. Un homenaje a la violencia como arte, sí, pero también una burla existencial a nuestra obsesión por verla.
E autor te invita a Dreamfield, Indiana, un pueblo tan aburrido que su máxima emoción es el ciclo de vida del estiércol de cerdo. Pero la calma, ya sabemos, es para los débiles. El caos irrumpe al estilo de un motorcycle club en día de cobro: Thataway y los Fuming Garcias, una pandilla que hace que los Hell's Angels parezcan boy scouts. Y sí, traen consigo una ultraviolencia tan estética que podrías confundirla con performance art. ¿El detonante? La muerte de la esposa de Felix Massomeno. Pura tragedia griega trailer trash.
La prosa es cruda, elegante y totalmente alucinada. Un diálogo entre Kafka y un guionista de serie B. ¿Es una carta de amor a un director de cine muerto o un manifiesto nihilista disfrazado de pulp? No importa.
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Si esperaban al típico literato de biblioteca polvorienta, han acertado. Pero este bibliotecario viene con motosierra y un doctorado en mala conducta.
D. Harlan Wilson, el tipo que probablemente le robaría la camisa a Kafka, la pintaría de neón y la llamaría "arte conceptual", no es solo un novelista, crítico y dramaturgo estadounidense. Es el agitador profesional del "bizarro fiction" que, además, ostenta un doctorado y enseña inglés en una universidad. Sí, leyeron bien: el mismo cerebro que parió novelas descritas como una "masacre kafkiana", es el que pone las notas a los ensayos de sus alumnos.
Nacido para ser un virus en el sistema de la literatura de género, Wilson es el cruce genético entre un teórico académico ultra-serio y un payaso existencial con acceso a una imprenta. Su obra es donde la ciencia ficción se encuentra con la teoría fílmica y luego ambas se dan de puñetazos en un callejón oscuro lleno de referencias pop y humor negro como el alquitrán.
Su estilo es tan "un género en sí mismo" que, si tratas de clasificarlo, probablemente te explote la cabeza. Wilson usa la ultraviolencia cómica, la ficción pulp y la crítica cultural como si fueran ingredientes de un smoothie radiactivo. ¿Resultado? Libros donde la realidad se derrite más rápido que un vinilo al sol.
Sus libros no son solo historias; son experimentos mentales sádicos. Es el único autor que te puede hacer reír y vomitar al mismo tiempo. D. Harlan Wilson no es solo un autor, es un acto de subversión. Un recordatorio cáustico de que, a veces, la única manera de entender la locura de este mundo es con un toque de genio y mucha, mucha mierda de cerdo (metafórica, esperemos). Un genio o un lunático, como lo han llamado. Y lo más probable es que sea un híbrido desquiciado de ambos.