"¡Oh amigos! ¡Sed hombres, mostrad que tenéis un corazón esforzado y avergonzaos de parecer cobardes en el duro combate! De los que sienten este temor, son más los que se salvan que los que mueren; los que huyen ni alcanzan gloria, ni entre sí se ayudan."
La Ilíada, este inmortal poema épico griego que la historia de la literatura le atribuye a Homero (comentaré esto más adelante), es un libro sobre la guerra, pero que también habla de una época, en la que Troya o Ilión es el campo de batalla donde se pone de manifiesto la perfecta conjunción de dioses, héroes y hombres, quienes luchan a la par y en distintos planos, como el terrenal y el del Olimpo.
Este es un libro que habla sobre la cólera de Aquiles y la bravura de Héctor y nos involucra rápidamente como testigos de traiciones y alianzas tanto entre los dioses del Olimpo como en los pueblos guerreros que combaten entre sí, puesto que los dioses apoyan tanto a teucros como a aqueos y sobre ellos inclinan la balanza alterándoles sus destinos, insuflándoles valor o aconsejándolos al punto ante una maniobra o proceder inadecuado. Los héroes, conscientes de sus destinos afrontan con honor y hombría lo que los dioses les imponen sin discusión.
Estas acciones están claramente narradas en un capítulo previo al recrudecimiento de la guerra, casi en su etapa final cuando Homero nos dice: "Así habló el Cronida y promovió una gran batalla. Los dioses fueron al combate divididos en dos bandos: encamináronse a las naves Hera, Palas Atenea, Poseidón, que ciñe la tierra, el benéfico Hermes de prudente espíritu, y con ellos Hefesto, que, orgulloso de su fuerza, cojeaba arrastrando sus gráciles piernas; y enderezaron sus pasos a los troyanos Ares, el de tremolante casco, el intenso Febo Apolo, Artemisa, que se complace en tirar flechas, Leto, el Janto y la risueña Afrodita."
Más allá de que el rapto de Helena de Troya por Paris, hermano de Héctor desencadene la guerra, aunque esta ya estaba esta ya dispuesta por los mismos dioses (algo que anticipaba ya Hesíodo en su Teogonía). Es que es un conflicto ineludible porque así está escrito y efectivamente desencadenará en un enfrentamiento que durará diez años.
La tan famosa cólera de Aquiles, que se desdobla en dos partes: la de su enemistad con Agamenón por apropiarse este de Briseida, una doncella tomada como botín de guerra y por otro lado la muerte de su queridísimo amigo y escudero Patroclo a manos de un capitán licio, con remate de Héctor y ayuda del dios Ares.
Es llamativa y sugerente esta "cólera" de Aquiles ante la muerte de Patroclo. A mí, personalmente, me hizo pensar que Patroclo oficia prácticamente como amante de Aquiles, puesto que es llamativo que haya varios capítulos que hablan del llanto, la pena y el duelo que Aquiles realiza sobre Patroclo, además de los interminables funerales y exequias que a este le dedica.
Pensemos esto: si el primer hexámetro del poema comienza diciendo: "Canta, oh diosa, la cólera del Pelida Aquiles; cólera funesta que causó infinitos males a los aqueos y precipitó al Hades muchas almas valerosas de héroes, a quienes hizo presa de perros y pasto de aves -cumplíase la voluntad de Zeus- desde que se separaron disputando el Atrida, rey de hombres, y el divino Aquiles.", esto evidencia claramente que la hecatombe que viviremos a través de las casi 500 páginas del libro responden a una simple "vendetta" de Aquiles por la muerte de su amadísimo amigo, arrastrando consigo a cuanto guerrero, rey, dios o mujer se encuentre en su camino. Son muchas las muertes que desencadena esta cólera. Es incluso llamativo que los dioses del Olimpo acepten todo este lío.
Además, si uno presta atención al desarrollo de la historia, Aquiles aparece al principio del mismo y luego, enfurruñados por sus demonios internos, desaparece para retornar casi al final del libro, cuando vuelve a la batalla para vengar a Patroclo sobre Héctor. Espero que los fieles lectores de Homero no se sientan ofendidos por este comentario ¡(y que la furia de los dioses griegos no caiga sobre mí!).
Los personajes de la Ilíada son numerosos. Son tantos que cuando el aedo (así le llamaban a los bardos helénicos en su época) narra las hazañas personales de Héctor, Aquiles, Idomeneo, Diomedes o Ajax Telamonio lo hace enumerando decenas de nombres. Son tantos que perdí la cuenta y me pregunto por qué no los anoté. Me atrevería a decir que supera los 559 nombres que Tolstói creó en "La Guerra y la Paz".
Otro detalle interesante son los atributos que Homero le da tanto a dioses como a héroes (Aquiles, "el de los pies ligeros", Apolo "el que hiere de lejos", Zeus "el que nubes reúne", Hera "la de brazos nevados", etc.), esto hace que al atribuirle al personaje características divinas o heroicas lo eleve por sobre los otros de menor linaje o jerarquía. Es un detalle que me agradó sobremanera.
La descripción de las batallas, el realismo, la sangre y la violencia, no lograron convencerme mucho. Se tornan un tanto repetitivas sus descripciones y hipérboles. Recuerdo la forma tan vívida en la que Virgilio relata las de la Eneida y siento que son más reales aún, pero esto es una cuestión más relacionada a la traducción realizada que a los gustos personales.
Los personajes en el libro son variados, como también los son así sus influencias, actitudes y predominancia para la historia. A mí me agradó mucho encontrarme por el lado de los teucros, lisios y dárdanos a Héctor, el del casco brillante, Eneas (personaje principal de la Eneida de Virgilio, uno de mis libros preferidos, que continúa la caída de Troya), Paris, Sarpedón, Polidamante y Agenor. Por el otro lado descubro a aqueos, dánaos y mirmidones y entre ellos a Aquiles, el de las grebas hermosas, a Ulises (quien continuará esta historia en la Odisea), al bravo Menelao, hermano de Agamenón, al intrépido Diomedes, a Ajax Telamonio (valiente guerrero al que ningún dios ayuda) y al polémico Agamenón, parte clave de la historia y que junto a la Odisea, lo narra Esquilo en otro regreso después de la guerra, junto con la Orestíada.
Muy interesante fue leer este poema épico en el otro plano, el de los dioses, puesto que se desarrolla casi a la par el mismo conflicto, ya que, como cito anteriormente, cada dios apoya a quien más quiere. Es fundamental la intervención de Hera, Palas Atenea, Febo Apolo, Ares, Poseidón y Afrodita en la contienda, puesto que hasta entre ellos mismos batallan, causándose graves heridas. Los veo como dioses falibles, demasiado humanos y más notoriamente en Zeus, ya que por momentos, el viejo Crónida es perverso, muy parcial y protector de Héctor, y en otros manipulador e incluso terco y obstinado. De hecho es necesario que por momentos su esposa Hera lo engañe o le haga entrar en razón ante acontecimientos demasiado desfavorables e injustos para con los aqueos.
Por último, me hago una pregunta. ¿Fue realmente Homero quien relató los poemas en forma oral? Me apoyo en la teoría de algunos especialistas que aseguran que fueron varios los aedos que contaban al pueblo la epopeya griega de la Ilíada y la Odisea a partir de distintas historias. Me resulta difícil creer que un hombre complemente ciego pueda narrar con tanto lujo de detalle los ornamentos de los guerreros, la descripción de los dioses, la violencia de las batallas, los ríos, el Olimpo, todo lo que sucede en los mares que surca Ulises en la Odisea, etc. Es más, estoy de acuerdo con que pueda haber dictado los poemas a los que después lo habrían relatado en público, aumentando la cantidad de detalles. Porque no estamos hablando de un Jorge Luis Borges o John Milton quienes quedaron ciegos ya entrados en años sino de un hombre que fue privado de su visión toda su vida.
Pero, por otro lado digo: ¡quién soy yo para cuestionar a semejante poeta! No soy nada más que un simple lector, un gotita de agua en ese vasto océano que es la literatura, que se apasiona con los heroicos versos que narran las hazañas de Aquiles, Héctor, Ulises y tantos héroes y dioses, gracias a la eterna gloria de Homero, uno de los padres de las letras más ilustres.